El veintinueve de junio empezó la segunda retrogradación de Mercurio del año, esta vez en el signo de Cáncer, donde permanecerá hasta el veintitrés de julio. Este movimiento, aparentemente hacia atrás, aunque en realidad solo cambia el ángulo en que observamos al planeta desde la Tierra, propone una revisión de la relación que tenemos con el pasado y con las creencias que heredamos, y sugiere que aprendamos a distinguir la intuición del miedo, para decidir con más claridad qué hacer con una oportunidad que se abrió en junio.
En un año marcado por el fuego y el aire —Saturno y Neptuno en Aries, Júpiter recién entrado en Leo, Plutón en Acuario y Urano en Géminis—, no es casualidad que las tres retrogradaciones de Mercurio se den en signos de agua —Piscis, Cáncer y Escorpio—. Esto nos indica que, frente a un periodo que demanda acción, premia la iniciativa, trae nuevas ideas y presiona para decidir, necesitamos detenernos a atender lo que sentimos, porque las emociones se adaptan a un cambio más despacio de lo que tarda la mente en entenderlo.
Cáncer, regido por la Luna, es el territorio de la memoria, del hogar, de la familia y de las raíces, y por eso, cuando el planeta que rige la mente, la palabra y las decisiones cotidianas retrograda aquí, se activan recuerdos de la infancia, conversaciones pendientes con quienes nos criaron, secretos de familia que se suponían enterrados y formas de pensar heredadas que no hemos examinado. El pasado puede orientarnos sin determinar lo que hacemos hoy, y poder hacer esa distinción es la invitación de estas semanas, pues lo que recordamos puede informarnos sobre quiénes somos sin condicionar todas nuestras decisiones presentes.
El apego es lo que hay que mirar y trabajar, entendido como la dificultad de soltar una forma de pensar, una lealtad a una persona, un rol o una idea, o una imagen de uno mismo que ya no encaja con la vida que se tiene hoy. El cambio va a llegar de todos modos; lo que está en nuestras manos hacerlo con conciencia.
Tres recorridos sobre los mismos grados
Durante esta retrogradación Mercurio recorre tres veces los mismos diez grados de Cáncer, y por eso un mismo tema parece repetirse, aunque cada pasada cumpla una función distinta. Entre el doce y el veintinueve de junio, mientras el planeta está en sombra y todavía avanza hacia el grado de la retrogradación, el trabajo es observar qué se mueve en el área de la vida que el tránsito toca, sin prisa y sin intentar controlarlo. Del veintinueve de junio hasta el veintitrés de julio, con Mercurio ya retrogradando, llega el momento de revisar lo que surgió en los días de antesala y enmendarlo, de modo que una conversación difícil de junio puede repetirse con mejor disposición en julio. Y a partir del veintitrés de julio, cuando el planeta retome su curso, corresponde aplicar lo trabajado y tomar decisiones. Saber en cuál de las tres fases estamos cambia por completo la forma de actuar.
La emoción y la decisión
Algo que caracteriza este periodo de retrogradación es que Mercurio casi no hace aspectos a otros planetas, con la excepción de tres cuadraturas al asteroide Palas en Aries, alrededor del diez de junio (antes), el trece de julio (durante) y el cuatro de agosto (después). Palas representa nuestra capacidad de ser estrategas y de hacer juicios objetivos, sin que la memoria ni la emoción interfieran, y esas cuadraturas activan un asunto al que estamos muy apegados y que nos impide pensar con claridad cómo avanzar. La primera cuadratura cerca del diez de junio fue la más difícil, porque Mercurio hizo al mismo tiempo cuadratura a Saturno y a Palas, dos cuerpos que priorizan el deber y la estructura por encima de lo que sentimos. Antes o después de esas fechas, muchas personas se habrán enfrentado a dilemas conocidos —como que crecer implique irse de la casa familiar, que aceptar una oportunidad laboral implique cambiar de ciudad, o que cuidar la salud emocional exija poner límites en una relación. Es esa sensación de estar divididos entre la lealtad a lo conocido y la fidelidad a uno mismo.
Gracias a eso, y a que ocurre en un signo de agua, surge la posibilidad de mejorar la intuición y aprender a distinguirla del miedo, dos señales internas que bajo la influencia de Cáncer se confunden fácilmente porque ambas se expresan a través de la emoción. Prestar atención a lo que sentimos en el cuerpo, y no solo a lo que nos dice la mente, nos ayuda a reconocer cuál de las dos está actuando; el cuerpo registra lo que pasa de manera inmediata, aunque necesite tiempo para traducirlo en palabras, mientras que la mente suele reaccionar primero y luego justificar esa reacción como si fuera análisis, cuando muchas veces no es más que una costumbre vieja.
Cuando algo no se siente bien y todavía no sabemos explicarlo, muchas veces el cuerpo ya captó un dato que la mente aún no acepta, y ahora esa escucha es más fácil, porque preguntarnos en qué parte del cuerpo se siente algo y qué señala interrumpe la rumiación y permite reconocer la intuición, que se manifiesta de manera más sutil que el miedo y suele ser más acertada.
Lo que viene de la familia
Mercurio rige a Géminis y a Virgo, de modo que dirige tanto a Urano en Géminis como al Nodo Sur que termina su recorrido por Virgo, y, retrogradando en Cáncer, nos habla de un asunto de karma familiar más que personal. Se hacen evidentes mentalidades de escasez que vienen de la cultura, del país o de la familia, ideas que asumimos como nuestras, aunque se vengan repitiendo durante generaciones, y surge la posibilidad de examinar una idealización del pasado que ya no se ajusta a la realidad. Urano en Géminis, en cuadratura a los nodos del karma durante junio y julio, ha estado empujando ese cambio de perspectiva, y Mercurio, al regirlo, lo concentra en el ámbito de la familia.
Cuando somos pequeños vemos a nuestros padres como superhéroes, y en algún momento de la vida adulta nos toca aceptar que eran personas que se equivocaron, igual que nosotros, y para muchos el tránsito se traduce en eso, en dejar de sostener una versión amable del pasado que no coincide con lo que de verdad ocurrió.
Alguien que creció escuchando que el dinero es escaso y que lo seguro es no arriesgarlo puede descubrir que esa idea nunca fue suya, que la repetía un abuelo marcado por una época difícil y que la ha asumido sin examinarla. Reconocerla como una herencia y no como una verdad basta para empezar a cuestionarla, aunque dejarla atrás del todo lleve más tiempo del que dura el tránsito.
También se hacen viables conversaciones que parecían imposibles de tener con la madre o con alguna mujer de la familia, y con ellas, la reconciliación con nuestro origen. Ahora, podemos darle una segunda interpretación a un asunto que en otro momento se daba por terminado, y a veces eso basta para que algo estancado durante años empiece a cambiar.
Resignificar el pasado es cambiar la interpretación que le damos a un hecho, no el hecho en sí. Un mismo episodio, como que un padre le dijera de niño que no iba a llegar a nada, puede entenderse como prueba de que uno no sirve o como el momento en que uno aprendió a no medir su valor por lo que esperan los demás.
Pertenecer y afirmarse
La serie de cuadraturas entre Mercurio en Cáncer y Palas en Aries que acompaña este período insiste en un aprendizaje, el de actuar por iniciativa propia, aunque eso implique apartarse de lo conocido. Cáncer busca pertenecer, una necesidad humana, porque quedar excluido del grupo nunca ha sido seguro; Aries, en cambio, exige autoafirmarse aun cuando el entorno no nos acompañe ni apoye. El cielo de estas semanas pide mantener las dos cosas a la vez, la lealtad a la familia y el derecho a independizarse de ella cuando ya no haya espacio de crecimiento, y esa tensión explica por qué muchas decisiones familiares cuestan tanto en este momento.
La oportunidad de junio, otra vez
Hay una relación entre este tránsito y la conjunción entre Venus y Júpiter del nueve de junio, porque Mercurio empezó a retrogradar casi en el mismo grado donde esos dos planetas se unieron en Cáncer. Esa conjunción, uno de los aspectos más favorables del año y que contó con Júpiter exaltado, nos ofreció una oportunidad de crecimiento, a veces interno y otras externo, relacionada con el hogar, la familia o las raíces. Para algunos una mudanza de país, la compra de una vivienda o la formalización de una relación; para otros la forma de hacer el dinero o la sensación de merecimiento que esas metas exigen. Al regresar sobre esa zona, Mercurio permite ver qué apego o qué idea vieja nos impide aprovecharla, sobre todo para quien sintió que en junio se le presentó esa posibilidad y, junto con ella, una resistencia a recibirla difícil de identificar. Lo sensato es darse julio para examinarla con calma —definirla, organizarla, dejarla madurar— y decidir a fin de mes, cuando Mercurio retome su curso, sin prisa.
El doce de julio Mercurio se une al Sol en el grado veinte de Cáncer, un encuentro que algunos astrólogos llaman cazimi y que aporta claridad en medio del proceso, además de iniciar un nuevo ciclo de cuatro meses que se cierra en noviembre con la siguiente retrogradación, esta vez en Escorpio. Es un momento útil para quien viene preparando un proyecto de escritura, de estudio o de comunicación, porque entonces una idea que estaba dispersa por fin se aclara y puede ejecutarse.
Lo que se acumula en julio
Lo mejor es hacer este trabajo ahora, porque julio reúne una cantidad de movimientos planetarios que rara vez coinciden. Saturno y Neptuno en Aries, Urano empezando su paso por Géminis, Plutón en Acuario, Júpiter entrando en Leo, Quirón de visita en Tauro y los nodos del karma cambiando de signo se concentran en pocas semanas, y mientras Mercurio sigue retrógrado todavía se puede revisar y corregir lo que vaya surgiendo. Esa es la ventaja del momento, porque permite ajustar la relación con lo que dejamos atrás antes de que en julio sea necesario avanzar. A diferencia de lo que se suele creer, un mes con Mercurio retrógrado no transcurre lento; es esa acumulación de tránsitos la que obliga a decidir, aun con el planeta en marcha atrás.
Algunos astrólogos interpretan este mes como el comienzo de un cambio mayor en las estructuras sociales, un trasfondo que excede lo individual pero sobre el que cada quien toma sus propias decisiones. Lo que se inicia ahora pertenece a procesos largos que no se revierten en agosto, y por eso lo que se resuelva durante la retrogradación ayuda después, mientras que lo que se deje sin resolver complica las cosas más adelante.
Para aplicarlo, sería bueno preguntarse con honestidad qué nos impide tomar lo que la vida ofrece, qué idea heredamos sin examinarla y qué recuerdo seguimos dejando que determine nuestro presente, sin suavizar las respuestas para quedar bien con uno mismo. Julio nos va a mover de todos modos, y lo único que podemos elegir es si llegamos a ese momento habiendo mirado lo que cargábamos o sin haberlo hecho.
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