Cada año, abril celebra la salud y la seguridad en el trabajo (SST). A lo largo del mundo, empresas, organizaciones sociales e instituciones públicas invierten un tiempo importante a promover acciones dirigidas a la prevención de accidentes y la protección de los empleados en los entornos laborales. Por lo regular, el tema se aborda desde la mirada de la rentabilidad para las empresas o las normativas acordadas entre los gobiernos, grupos empresariales y sectores sindicales.

Sin embargo, la dimensión del valor compartido en las organizaciones tiene un rol central. Una empresa altamente riesgosa para sus empleados, además de resultar poco atractiva para los talentos, contribuye a una cultura organizacional basada en el peligro. Y aquí no hablamos únicamente de posibles accidentes, también hay cuestiones vinculadas a enfermedades por estrés, ambiente poco salubre o condiciones conducentes a desgaste físico. Y en países como el nuestro, en el que los riesgos climáticos suman presión a la cotidianidad de las personas, son mayores las amenazas a la seguridad y la salud en contextos laborales.

Cuando se piensa en seguridad y salud en el trabajo, muchas veces el debate queda restringido al cumplimiento legal o a la minimización de sanciones. Sin embargo, su alcance supera las obligaciones formales. Garantizar espacios laborales seguros, con prácticas que cuiden la salud de quienes participan en la organización, tiene impactos directos sobre la productividad, la sostenibilidad económica y la permanencia del talento en las empresas. Las investigaciones recientes muestran que las empresas que fortalecen sus sistemas de gestión de seguridad y salud en el trabajo logran reducir significativamente el ausentismo, los accidentes y las enfermedades laborales, además de fortalecer las relaciones laborales.

El informe Análisis del impacto de la Seguridad y Salud en el Trabajo en Pequeñas y Medianas Empresas (PyMES) del sector productivo en Colombia, elaborado por Crudy Alfaro y Díaz Severiche, evidencia que muchas micro, pequeñas y medianas empresas enfrentan retos asociados a recursos limitados y a falta de cultura preventiva. A pesar de estas limitaciones, las organizaciones que implementan sistemas sólidos de gestión de seguridad y salud consiguen beneficios que superan las expectativas. Reducen pérdidas económicas por accidentes y enfermedades profesionales, y mejoran las condiciones de trabajo, lo que se traduce en una mayor permanencia y sentido de pertenencia de los colaboradores.

En ese sentido, la carga de estrés se ha convertido en una de las principales amenazas cotidianas para los trabajadores. Por eso, en los lugares donde se han impulsado iniciativas como la Jornada Laboral Reducida se han obtenido mejoras importantes en la salud del personal y en el desempeño del mismo.

De hecho, el año pasado, el Ministerio de Trabajo de la República Dominicana publicó los datos del piloto de Jornada Laboral Reducida que puso en marcha durante seis meses, con la participación de múltiples empresas. De acuerdo con el reporte, el 95.3 % de los trabajadores alcanzó una mejora en su calidad de vida, mientras que el 93.8 % aprovechó el tiempo adicional para otras actividades.

El análisis de las tendencias recientes muestra que las empresas que trabajan de manera estratégica la seguridad y salud en el trabajo fortalecen su reputación, tanto en los mercados como dentro de sus equipos. Esta reputación no se limita a cifras de accidentes reducidos, sino que se expresa en la confianza interna de los colaboradores y en la estabilidad de la organización. Cuando las personas perciben que la empresa se preocupa por su salud y su vida, el clima laboral mejora. Esta mejora impacta directamente en la forma en que los equipos enfrentan las tareas, adaptan los cambios y gestionan situaciones críticas.

Con este escenario, las organizaciones tienen un margen de acción amplio para implementar medidas como la activación de dinámicas de teletrabajo en zonas con alto riesgo meteorológico. Esto es esencial en países que, como la República Dominicana, todos los años se exponen al choque de fuertes lluvias, tormentas y huracanes.

Estos fenómenos le cuestan al país montos que superan el dos por ciento del Producto Interno Bruto, sin contar lo que supone en términos de vidas y exposición a heridas y lesiones. Sin embargo, los protocolos de emergencia pueden garantizar que, en los casos que sea necesario, los trabajadores con alguna vulnerabilidad, adultos mayores, embarazadas o de comunidades distantes, cumplan con sus objetivos diarios sin exponerse a múltiples peligros.

Y esto implica invertir en garantizar que los colaboradores cuenten con conexiones robustas en sus hogares. Se trata de una inversión única que puede redituar en materia de bienestar y en términos de desempeño.

Pero, además de las grandes iniciativas, las organizaciones tienen en sus manos acciones mucho más pequeñas, pero con un gran impacto:

  • Competencias interdepartamentales para promover el bienestar de los equipos. Las áreas con mayor puntaje reciben incentivos por haber logrado objetivos colectivos, de modo que la salud y la seguridad se conviertan en parte de la dinámica diaria del personal.
  • Los desafíos creativos para que los distintos equipos evalúen sus entornos laborales y sugieran mejoras en las condiciones de seguridad. Jornadas de redefinición de señalética y espacios de trabajo, de forma que sean mucho más accesibles. Y por supuesto, la formación continua en los protocolos y estándares de seguridad que siga la empresa.

Lo importante es asumir que, en la medida que se invierte en seguridad y salud de los colaboradores se obtienen mejores resultados a nivel productivo y social. De un lado, la empresa mejora en su desempeño, del otro, las familias acceden a mejores condiciones de vida, reduciendo preocupaciones y evitando desviar los ingresos de sus proyectos de vida en la cobertura de consecuencias que pudieron haberse evitado.

Si se quiere, acciones como los programas de bienestar y otras medidas de inversión en calidad de vida, también pueden verse como mecanismos de responsabilidad social. Aunque claro, aquí lo importante es el ejercicio de fortalecimiento de nuestros colaboradores para humanizar la empresa y convertirla en un espacio de valor compartido.

Doina Hernández

Profesional de la comunicación con +20 años de experiencia en gestión de reputación corporativa, comunicación estratégica, transformación cultural, gestión de issues y manejo de crisis para empresas pertenecientes a sectores altamente regulados, como bebidas alcohólicas, hidrocarburos, banca, alimentos y bebidas, construcción, entre otros. Graduada de Administración de empresas en la Universidad APEC, cuenta con un Postgrado en Relaciones Públicas de la Universidad Católica de Santo Domingo y un Postgrado en Negocios Internacionales en la Escuela Diplomática y Consular de la República Dominicana. En la actualidad se desempeña como Gerente Senior de Transformación Cultural y Comunicación en Newlink Dominicana, donde cuenta con una exitosa trayectoria en la gestión de estrategias para consolidar la reputación de importantes marcas nacionales e internacionales y empresas líderes en República Dominicana y el Caribe. Como consultora, sirve a los clientes de trust advisor para la gestión de una reputación sostenible, y el relacionamiento con stakeholders a través de la identificación de un propósito compartido que permita crear conexiones de valor a largo plazo. Es responsable de velar por la construcción de relaciones sólidas, mutuamente beneficiosas, y de largo plazo con los clientes asignados, a través del entendimiento de su negocio y la identificación anticipada de riesgos y necesidades, asegurando estar preparada para abordarlas rápidamente y gestionar de manera eficiente y efectiva.

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