(Dedicamos este artículo con profundo respeto a los residentes de psiquiatría del Hospital Francisco Moscoso Puello).
Si bien el suicidio desestructura el orden social y evidencia el fracaso de una sociedad cuando esta no cumple con las funciones para las que se organiza –trabajar en los procesos que generan y sostienen la vida-, este se puede prevenir.
Los comportamientos suicidas son complejos. Ninguna causa lo explica y múltiples factores de riesgo potencian la vulnerabilidad (como las enfermedades mentales, un intento previo y el aislamiento social, entre otros); no obstante existen barreras de contención. Trabajaremos sobre tres potentes factores de protección: VÍNCULO, PROPÓSITO y SENTIDO analizándolos a la luz de la vida y obra de Hermann Hesse.
Hesse nació en Calw, Alemania, en julio de 1877 y falleció en agosto de 1962, en Montagnola, Suiza, país del cual se naturalizó en 1924. Fue escritor, poeta, novelista y pintor, considerándose como una de las figuras más influyentes de la literatura universal del siglo XX. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1946.
Creció en un ambiente de rígida disciplina. Sus padres eran misioneros cristianos y aspiraban a que su hijo fuera teólogo. En marzo de 1892, a los 14 años Hesse fue ingresado al seminario evangélico, de donde escapó un año después debido al estricto dogmatismo escolar. Esto desató continuos y violentos enfrentamientos con sus progenitores. En una carta fechada en dicho período, insinuó sus primeras ideas suicidas: “Quisiera partir como el sol en el ocaso”. Buscando “encarrilarlo”, su familia lo llevó a diferentes instituciones.
Estando en Bad Boll bajo la tutela de un teólogo amigo de la familia, y según relatan sus biógrafos, se hundió en una profunda depresión e intentó quitarse la vida. Era mayo de 1892 y tenía 15 años. Antes del acto, dejó notas insinuando sus ideas autolíticas. Luego de ser sometido a sesiones de exorcismo, fue confinado en un hospital psiquiátrico. Los psiquiatras lo diagnosticaron de “melancolía” y “desprecio moral”, y señalaron en los reportes clínicos que era un adolescente “poseído por la maldad y el satanismo” debido a su rebeldía.
Hesse escribió extensamente sobre ese evento, tanto en forma directa -por medio de numerosas cartas enviadas a su familia y amigos desde el hospital psiquiátrico- como a través de la ficción en sus novelas. Estas correspondencias fueron publicadas décadas después. El joven criticó de manera muy ácida la hipocresía cristiana de su familia al internarlo en lugar de ofrecerle afecto.
Sus novelas más emblemáticas reflejan su evolución personal:
–Bajo las Ruedas (1906), esta obra es un reflejo autobiográfico de su intento de suicidio y su tiempo en el manicomio. Retrata la alienación, la presión del padre y el academicismo severo. El protagonista muere ahogado, presuntamente por un suicidio consumado.
–El Lobo Estepario (1927): Hesse sufrió crisis suicidas a lo largo de su adultez. En esta obra vuelca su condición mental en el personaje de Harry Haller. Escribió: “Los suicidas se nos aparecen como seres aquejados por una sensación de culpa causada por la individuación…ven su salvación en la muerte y no en la vida. Sin embargo, la peculiaridad del suicida es que mira la muerte no como un acto cobarde, sino como una salida de emergencia que, paradójicamente, le da fuerza para seguir viviendo un día más, sabiendo que la puerta siempre está abierta.” Hesse admitió en sus diarios que la literatura funcionó como su terapia definitiva.
–Siddhartha (1922): Hesse descubre que para nacer de nuevo, primero debe “morir” espiritualmente, no físicamente. Señaló más tarde, que escribir esta obra le salvó la vida.
–El juego de los Abalorios (1943), es su última obra maestra y representa la redención final. En ella señala que “Dios no nos envía la desesperación para matarnos; nos la envía para despertar en nosotros una vida nueva”. Aquí se condensa la paz que el propio autor encontró al final de su camino.
Para Hesse, el impulso de morir no era un deseo de dejar de existir, sino un anhelo desesperado de transformación para dar paso a un hombre nuevo. Aunque ese hombre nuevo siguió padeciendo crisis depresivas de manera periódica durante el resto de su existencia, la forma de afrontarlas desde su yo interior fue lo que alejó la idea suicida. ¿Cómo lo logró? Encontró un PROPÓSITO y se aferró a él. Luego diversificó ese fin en metas nuevas a las que se entregó con pasión. Deseaba ser poeta y se convirtió también en ensayista, novelista y pintor. Además abrazó el pacifismo y se opuso con firmeza al nacionalismo, lo que le valió el rechazo masivo en Alemania y un exilio definitivo.
Lo consiguió, asimismo, reconociendo que atravesaba una condición de salud mental. En Suiza, tras sufrir una severa crisis nerviosa en 1916, inició un proceso de psicoanálisis con el doctor J.B. Lang –discípulo de Carl Jung- y más tarde se trató con el propio Jung. Este enfoque lo marcó profundamente, dado que las teorías junguianas impactaron de forma directa en la transformación de su escritura. Se afirma que las obras de Hesse redactadas a partir de ese año relatan la batalla que libra una sola mente para integrase y sanar.
Durante la Segunda Guerra Mundial mantuvo su posición pacifista y su defensa de la libertad individual. Ese humanismo chocó con los ideales del régimen nazi, que llegó a prohibir y quemar sus obras. Sostuvo su resistencia intelectual durante todo el conflicto: ayudó a refugiados, intelectuales, perseguidos y prisioneros de guerra. Su alianza con Thomas Mann fue muy estrecha en este período, al punto de acogerlo en su casa antes de que este viajara a los Estados Unidos. Asimismo, prestó auxilio a otros reconocidos intelectuales como Bertolt Brecht y Stefan Zweig.
Hesse identificó de manera instintiva los factores protectores frente al suicidio y supo capitalizarlos. Se entregó a cuantos PROPÓSITOS le permitió su voluntad:
-Utilizó al máximo su alta capacidad de comunicación y por medio de sus escritos logró hacer catarsis literaria.
-Permaneció fiel a sus valores positivos.
-Buscó ayuda a su padecimiento mental al realizar psicoterapia psicoanalítica.
-Encontró en la espiritualidad oriental un complemento a sus terapias psicológicas permitiéndole transformar su dolor mental en un proceso de sanación y creación artística.
-Tuvo confianza en sí mismo al momento desarrollar sus anhelos.
-Se apoyó en la vida sencilla y en el contacto con la naturaleza.
-Logró establecer VÍNCULO con sus progenitores tras los desencuentros iniciales, es cierto que le costó tiempo y esfuerzo (y se consolidó internamente tras la muerte de estos), el proceso le sirvió para “nacer como un individuo auténtico”. Formó un hogar, tuvo hijos y se casó en tres ocasiones. Su último matrimonio consagrado tras su transformación personal, se mantuvo sólido hasta su pacífica muerte en agosto de 1962.
-Transformó sus crisis en el motor de un PROPÓSITO y fue mucho más lejos: construyó múltiples metas que fortalecieron su resiliencia y le otorgaron SENTIDO A SU VIDA.
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