El espectáculo comenzó con un estallido de improperios. Santiago Matías, erigido en el "zar" de una nueva e implacable corte digital, lanzó sobre el comunicador Alfredo de la Cruz un torrente de descalificaciones que no buscaban el debate, sino la aniquilación moral. No fue una discusión de ideas; fue un acto de expulsión orgánica, una tesis de soberbia vomitada sobre el otro para marcar territorio. En ese choque, vimos el síntoma definitivo de nuestro tiempo: la palabra utilizada no para iluminar, sino para enterrar la dignidad bajo el peso de la influencia sin ética.
I. El Paciente: El "Bandido Favorito" y el Cerco de la Pobreza
El paciente es nuestra propia estructura social, hoy postrada y febril. Durante décadas, las leyes y las instituciones mantuvieron a las masas en un cerco de pobreza e incapacidad. En ese encierro, es natural que el pueblo elija a su "bandido favorito": aquel que, mediante la transgresión de las buenas costumbres y valores, logra burlar el cerco y establecerse arriba, más allá de los capataces tradicionales.
Su éxito se siente como una victoria propia para el desposeído. Por eso, cuando el personaje arremete desde su plataforma, lo hace con la crudeza con que dos mujeres se disputan un marido en un callejón cualquiera de nuestros barrios empobrecidos. Es el triunfo de la forma sobre el fondo; el "onanismo del like" sustituyendo la satisfacción sólida del estudio y el trabajo.
II. La Incapacidad Médica: Un Estado Cómplice
Frente a este paciente, el médico —el Estado— muestra una incapacidad que roza la negligencia. Los gobiernos, temerosos de perder el favor de un número de votantes al que no saben cómo llegar porque la educación no ha hecho su trabajo, han optado por la indiferencia calculada. El Estado se ha convertido en un relevo del mismo populismo que necesita la distracción para enriquecerse mientras empobrece el alma del pueblo. Se permite la invasión de nuestro espacio sagrado —nuestra atención— permitiendo que el individuo se disfrace de lo que debió ser, disfrutando de un papel estéril que solo baja la densidad moral de la nación.
III. La Salida de la Sombra: El Encuentro con la Luz
La cura de este modelo no vendrá de un milagro, sino de un ideal de rescate atendido por toda la sociedad. La salida de la sombra exige que las instituciones —desde el maestro hasta los padres de familia— recuperen el sentido del deber. Debemos transitar de la "sociedad del voyerista" a la sociedad del participante, donde el éxito no dependa de denigrar al otro, sino de fortalecer la tensión hacia lo que produce el verdadero cambio: el conocimiento y la construcción colectiva de la República.
IV. Una Propuesta de Redención
Pero como todo tiene solución, y esta no siempre viene desde afuera, también en el camino el sujeto, si interpreta sus errores con intención de hacerlo mejor, puede ser promovido de curso y esa fuerza ciega tener un verdadero sentido.
Ahora, a Santiago Matías, como si fuera mi hijo dada mi edad, yo le recomendaría una consulta con el psicólogo M. Minaya, a quien considero con suficiente luz para orientar; puede bien atender los consejos de Luisín Mejía y, en su defecto, puede solicitar una consulta con el Maestro Toribio.
Todo lo dicho aquí es a favor de mi nación y una de las tantas formas de ser un ciudadano responsable con su patria. Que la palabra vuelva a ser puente y no muro, y que nuestra inteligencia sea, por fin, la herramienta de nuestra verdadera liberación.
En todo lo que escribo no siempre creo tener toda la razón; también puedo estar equivocado, la única razón que tengo es mi intención de que estos escritos nos sean útiles y herramientas para un buen diálogo.
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