La Liga Nacional de Fútbol (NFL, por sus siglas en inglés) es hoy la franquicia deportiva más poderosa del planeta. Su influencia trasciende las fronteras de Estados Unidos y se expande con firmeza hacia escenarios internacionales como España, Brasil, Dublín o Berlín, confirmando que la fiebre del fútbol americano es una realidad global en crecimiento.

Esa consolidación se expresa con especial fuerza en su evento más emblemático: el Super Bowl. Más que una final deportiva, se ha convertido en el espectáculo de entretenimiento más influyente del mundo y en una plataforma de legitimación cultural para quienes participan en él. Por eso, ninguna decisión dentro de ese escenario es casual.

La elección de Bad Bunny como figura central del espectáculo de medio tiempo no responde al azar ni a caprichos circunstanciales. La National Football League no opera en función de impulsos emocionales; se mueve por estrategias, cifras y proyecciones. Es, en esencia, una institución que refleja la lógica del sistema capitalista: sigue la dirección del consumo y protege el flujo del dinero.

En ese contexto, la comunidad hispana representa aproximadamente el 20% de la población estadounidense —más de 65 millones de personas— y constituye uno de los motores económicos más dinámicos del país, con un poder adquisitivo que ronda los 2.7 billones de dólares anuales. Ignorar esa realidad sería, simplemente, un mal negocio.

La NFL ha sido objeto de críticas políticas en los últimos años, particularmente por tensiones públicas con el presidente Donald Trump y por decisiones corporativas que no han complacido a determinados sectores. Sin embargo, más allá del ruido político, la liga entiende con claridad dónde están sus consumidores y quiénes sostienen el mercado.

En ese marco, presentar un espectáculo mayoritariamente en español, liderado por el artista urbano más influyente del momento, no fue un gesto improvisado ni una reacción emocional ante las políticas migratorias o discursos polarizantes. Fue una jugada estratégica. Una lectura precisa del momento demográfico, cultural y económico del país.

La NFL llevó al escenario más visto del planeta un mensaje que reconoce la contribución laboral, cultural y comercial de la comunidad hispana. Más que una confrontación directa con la agenda ultraconservadora, fue una afirmación silenciosa pero contundente del poder del mercado. Un recordatorio de que, en la dinámica estadounidense, el trabajo, la producción y el consumo terminan definiendo las prioridades.

El llamado “sueño americano” no se sostiene solo en discursos políticos, sino en la fuerza productiva de quienes lo construyen día a día. Y en ese terreno, la comunidad hispana ha dejado una huella profunda. Huella que bajo las circustancias actuales, no solo La NFL le saco partido por una presentacion commercial del evento, sino que tambien, acerco a una comunidad  “Blue -Collar” de gente trabajadora y con gran capacidad aquisitiva. Al deporte.

Gente que solo anhela el respeto de un pais al que ellos ahora forman parte. Y que las desafortunadas acciones politicas actuales en material migratoria, sustentan el odio y la intolerancia de sectores que la repudian. La NFL con el Super Bowl, nos brindo un momento esperansador para quienes aun creemos en los sueño.

En definitiva, el espectáculo de medio tiempo no fue únicamente entretenimiento. Fue una declaración estratégica: en el sistema donde el dinero marca el intercambio de bienes y servicios, la cultura también es capital. Y la NFL lo sabe.

Miosotis Ledesma de Jesús

Abogada y comunicadora

Miosotis Ledesma es abogada, comunicadora y trabaja en relaciones publicas,

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