A finales del siglo XX, en el contexto de expansión de la ideología neoliberal, el sociólogo norteamericano Richard Sennet publicó el libro La corrosión del carácter, en el cual analiza cómo la estructura del «nuevo capitalismo» desregulado, organizado en torno a proyectos de reingeniería, automatización constante y trabajo en red, erosiona el carácter, la personalidad o la identidad de los trabajadores.

El argumento central es que la búsqueda acelerada de rentabilidad del capital mediante la innovación y automatización tecnológica desplaza rápidamente a los trabajadores de su puesto de trabajo y deteriora la identidad y el sentido de un oficio para toda la vida.

La competencia y los cambios estructurales acelerados en el capitalismo informacional ponen fecha de caducidad a los oficios tradicionales e incrementan la incertidumbre, la inseguridad y los riesgos en los puestos de trabajo.

Siete años después (2006), el mismo autor publicó el libro La cultura del nuevo capitalismo, que de alguna forma extiende y sistematiza los argumentos que presentó en La corrosión del carácter, pero ahora en el plano cultural. Sennet reitera sus ideas de que, en el contexto del capitalismo actual, se ha producido una aceleración de la cultura del individualismo, el utilitarismo («el tiempo es oro») y la reconstrucción del sentido y la identidad de los individuos en el consumismo.

La conclusión es que el discurso del capitalismo informacional, que promete incrementar la productividad, la liberación de las rigideces burocráticas y mayor libertad a los individuos, en realidad lo que ha estado produciendo es mayor ansiedad, aceleración de las formas de vida, pérdidas de los puestos de trabajo, fragilidad en los vínculos sociales, mayor consumismo y fragmentación de las sociedades.

De manera que la hipótesis que sostenemos es que, con el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), los cambios estructurales y culturales de la sociedad global y de la dominicana en particular amenazan con acelerarse y profundizarse, con consecuencias imprevistas hasta este momento.

En ese sentido, lo que nos interesa destacar en este artículo es que, primero, el debate sobre la IA, entre los tecnófilos y los tecnofóbicos, es decir, entre los apocalípticos y los integrados, no se puede reducir exclusivamente a los problemas de la economía, del mercado, del capital y la eficiencia administrativa, sino que amenaza también con profundizar los problemas sociales, políticos y culturales que hemos heredado.

Los especialistas en IA están de acuerdo en señalar que no estamos frente a una nueva tecnología que solo incrementa la productividad y los procesos de industrialización, como en la era industrial, sino frente a un discurso tecnológico que amenaza con transformar nuestras formas de pensar, comunicarnos y actuar (Andrés Merejo).

En la sociedad dominicana, frente al incremento de la inseguridad, incertidumbre y precariedad laboral descrita por varios autores dominicanos, la inteligencia artificial amenaza ahora con «la virtualización y automatización del trabajo», introduciendo nuevos desafíos a la vieja cuestión de la desigualdad social y la caducidad de las profesiones y los oficios, particularmente en la población joven.

La IA amenaza con acelerar los procesos de individualización, singularización y la ética del utilitarismo: «hágalo usted mismo», «viva su vida propia», erosionando el capital social, el compromiso a largo plazo, los valores de la solidaridad, la cohesión y la integración social en la sociedad dominicana.

El individualismo amenaza particularmente a las instituciones sociales dominicanas, como la familia, donde, debido a la aceleración y mercantilización de las formas de vida, los jóvenes deciden vivir solos y postergar el compromiso a largo plazo con su pareja. Según los datos de la Oficina Nacional de Estadística, los divorcios y las separaciones se han incrementado y el tipo de hogar que registra el mayor crecimiento en la República Dominicana es el hogar unipersonal (personas que viven solas).

En el sistema educativo dominicano todavía predomina el discurso de la tecnosolución a los problemas de cobertura, actualización de los contenidos y calidad de la educación dominicana. En marzo de 2026, el MINERD presentó la Estrategia Nacional de Educación Digital, donde propone la integración de la educación digital en los contenidos, las competencias tecnológicas de los docentes y el fortalecimiento de la gobernanza digital.

Mientras que, por otro lado, la presión por un trabajo remunerado y las crecientes expectativas de consumo modeladas por los algoritmos de la inteligencia artificial («la ruleta de Temu») reducen los compromisos educativos a largo plazo de la juventud dominicana. Según los datos de la ONE y el MESCYT, la matrícula universitaria en República Dominicana ha estado disminuyendo en términos netos. Pasamos de 598,549 en 2009 a 520,000 en 2024. Sin mencionar que la integración de la IA en el sistema educativo amenaza con deteriorar el aprendizaje de las ciencias básicas y la capacidad de lectura, escritura e imaginación de los estudiantes.

La violencia y la inseguridad ciudadana también vienen siendo abordadas a partir de las promesas del discurso de la IA. En este año, el Gobierno ha anunciado la expansión de su red de videovigilancia nacional. Además, se ha creado el Centro de Análisis de Datos de la Seguridad Ciudadana, adscrito al Ministerio de Interior y Policía. Sin embargo, la violencia sigue aumentando.

Las plataformas digitales en el país premian a los influencers que promueven los discursos de confrontación, de difamación y de odio, en detrimento del diálogo racional deliberativo. Por tanto, la integración de la IA amenaza con acelerar la fragmentación y polarización del espacio público y erosionar el terreno común de la deliberación democrática.

La IA amenaza con acelerar y profundizar los conflictos políticos y culturales en el país, entre los liberales y conservadores, los libertarios individualistas y los progresistas comunitaristas, entre los nacionalistas y los globalistas.

La IA generativa está acelerando la producción cultural (música, imagen, cine, texto), fortaleciendo la simulación de la creación cultural y erosionando los espacios de imaginación que requieren tiempo de maduración (lectura lenta, contemplación, diálogo y creatividad de los artistas).

En ese sentido, como bien ha señalado la encíclica Magnifica Humanitas del santo padre León XIV, lo que está en juego con el desarrollo de la IA no es solo un tema económico, sino la vida activa, creativa y participativa de los ciudadanos dominicanos.

Está en nosotros decidir qué sociedad dominicana queremos construir: la del autoritarismo tecnocrático de la torre de Babel o la democrática de Jerusalén, que se apoya en la participación crítica y reflexiva de los ciudadanos.

Wilson Castillo

Sociólogo, profesor.

Wilson Castillo es un sociólogo dominicano, investigador y docente universitario, reconocido por sus aportes al estudio de la sociedad dominicana, particularmente en las áreas de teoría social, sociología política, cultural y, su impacto en la juventud dominicana. Es egresado de la Escuela de Sociología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), institución en la que también ha desarrollado una destacada trayectoria como profesor e investigador.

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