La historiografía no nace únicamente en los archivos oficiales ni comienza necesariamente cuando aparecen libros académicos cuidadosamente documentados.

Muchas veces se forma primero en el territorio incierto del periodismo investigativo, en las preguntas formuladas cuando todavía faltan documentos concluyentes, en la confrontación entre testimonios, versiones contradictorias y hechos políticos aún demasiado cercanos para ser contemplados con serenidad histórica.

El caso dominicano relativo al debate sobre la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el complot que culminó con el ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo el 30 de mayo de 1961 pertenece precisamente a esa categoría.

Con frecuencia se presenta ese debate como si hubiese surgido únicamente a partir de publicaciones posteriores basadas en archivos norteamericanos desclasificados o investigaciones internacionales ya consolidadas.

Sin embargo, la cronología real obliga a matizar esa percepción. Antes de que la documentación oficial estadounidense fuera accesible de manera más amplia, y antes incluso de algunas obras internacionales que luego alcanzaron notoriedad, el tema ya comenzaba a discutirse en la prensa dominicana dentro del contexto más amplio de la crisis de confianza que sacudía a los Estados Unidos en los años setenta.

El año 1975 marcó un punto de inflexión. El escándalo Watergate había demolido parte de la autoridad moral de la presidencia norteamericana.

La guerra de Vietnam había dejado una profunda fractura política y psicológica.

En ese ambiente, el Senado de los Estados Unidos creó la comisión presidida por el senador Frank Church para investigar las actividades clandestinas de los organismos de inteligencia.

Aquellas pesquisas abrieron una ventana sin precedentes sobre operaciones encubiertas, vigilancia ilegal y conspiraciones internacionales, incluyendo acciones dirigidas contra líderes extranjeros considerados problemáticos para la política exterior norteamericana.

Pero antes incluso de que el llamado Church Committee concluyera formalmente sus hallazgos, el tema comenzaba a ser discutido públicamente.

El periodista estadounidense William Greider publicó el 16 de marzo de 1975 en The Washington Post un reportaje en el que examinaba distintas versiones sobre la muerte de Trujillo, incluyendo referencias a contactos, armas y actores dominicanos cuya participación no había sido esclarecida plenamente.

En ese mismo clima político e informativo, el 4 de junio de 1975, publiqué en el diario dominicano La Noticia el artículo “Los Complotadores Ignorados”, donde abordé precisamente esas interrogantes. El texto no pretendía dictar sentencias definitivas, porque la documentación disponible entonces no lo permitía. Lo que hacía era formular preguntas legítimas desde el oficio periodístico: si existieron contactos que algunos conspiradores desconocieran; si hubo grupos paralelos operando dentro o fuera del núcleo conocido del complot; si ciertos sectores militares dominicanos participaron sin haber sido plenamente identificados; o si parte de la historia pública permanecía deliberadamente incompleta.

Ese dato no tiene relevancia por razones personales, sino por lo que representa para la cronología del debate historiográfico dominicano.

Significa que el tema no apareció súbitamente cuando la historiografía internacional o los archivos oficiales comenzaron a ordenar retrospectivamente los hechos. Ya existía un debate temprano, basado en observación política, reportajes contemporáneos y análisis crítico de la coyuntura.

Frank Church

Posteriormente, el proceso documental internacional enriqueció considerablemente esa discusión. Los informes del Church Committee, las desclasificaciones parciales de agencias estadounidenses y más tarde los volúmenes de Foreign Relations of the United States (FRUS) permitieron reconstruir con mayor precisión las deliberaciones internas del gobierno norteamericano respecto al régimen de Trujillo y su progresivo deterioro político. Lo que emergió fue una historia compleja, lejos de las explicaciones simplistas: tensiones dentro del propio aparato norteamericano, vacilaciones estratégicas, contactos indirectos, intentos fallidos y profundas preocupaciones por la estabilidad del Caribe en plena Guerra Fría.

Dentro de ese proceso también ocuparon un lugar relevante investigaciones internacionales posteriores, entre ellas las del periodista neozelandés Bernard Diederich, cuyo trabajo aportó elementos importantes sobre el universo político dominicano vinculado al trujillismo y sus desenlaces. Pero cronológicamente conviene recordar que el debate público dominicano sobre estos asuntos ya se encontraba activo antes de varias de esas publicaciones.

Mis Libros y Lantigua

En 1985, esa línea de reflexión adquirió una dimensión editorial más estructurada con la publicación de Los Estados Unidos en el Derrocamiento de Trujillo y El Diario Secreto de la Intervención Norteamericana de 1965, obras que abordaban dos de los episodios más sensibles de la historia contemporánea nacional: el final del régimen trujillista y la intervención militar norteamericana de abril de 1965.

Ese mismo año, el vespertino Última Hora, en un balance bibliográfico firmado por José Rafael Lantigua, incluyó ambas obras entre los libros dominicanos más vendidos del año. Más allá de cualquier valoración comercial, ese hecho reflejaba una realidad intelectual importante: existía en la sociedad dominicana una demanda creciente por comprender con mayor rigor su historia reciente, especialmente en aquellos puntos donde la política interna y los intereses internacionales se entrecruzaban de manera dramática.

La historiografía dominicana madura precisamente cuando acepta esa complejidad. Ni el nacionalismo simplificador ni la reducción conspirativa explican por sí solos el drama histórico del país. El ajusticiamiento de Trujillo fue un acontecimiento dominicano inscrito en un contexto hemisférico, donde convergieron factores internos decisivos y circunstancias internacionales propias de la Guerra Fría.

Por eso, escribir historia exige más que documentos: exige cronología, contexto y honestidad intelectual.

Porque solo así una nación puede comprender, sin simplificaciones ni mitologías, los episodios que marcaron su destino.

Víctor Grimaldi

Víctor Manuel Grimaldi Céspedes (Santo Domingo, 22 de diciembre de 1949) periodista, historiador, político y diplomático dominicano.

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