Lejos de mi casa, el cielo es atravesado por líneas urgentes; son el celaje de la muerte. Los edificios tiemblan, los hombres también. Lejos de sus casas, quienes fueron a matar nunca volverán; pues la guerra te mata el alma y, si escapas vivo, nunca más será el mismo.

Vi una mujer soldado que lloraba por lo cerca que había pasado la bala que mató a su pelotón. Los aviones surcan el cielo escupiendo fuego antes de huir; como agujas rojas hilvanan el cielo oscuro buscando la posición del otro que hay que eliminar; el otro que quiere adivinar la tuya para escapar. El sonido crispa el cuerpo; las sirenas llaman a los refugios repletos de miedo. La familia, en la huida, se separa y los nombres se escuchan sin respuesta. Es la hora de la tribulación: una herida en el costado del mundo. Las alarmas ahogan los gritos y los ojos desorbitados buscan hacia dónde correr. Los que deciden la guerra están en lugares seguros y tienen comida y agua para mucho tiempo después.

Es tarde en la noche; la empatía no me deja dormir. Desangrándose en el suelo, un soldado mira el cielo y recuerda su pueblo al que no regresará. En cada casa que tiene un hijo que fue a la guerra, de rodillas piden a Dios que este pueda regresar. Las casas y los edificios parecen de papel al impacto de las explosiones; armas modernas, equipos pesados y mejorados para que el otro sea un recuerdo. Nadie vendrá por ti, la guerra no debió empezar. Asustados, todos disparan y en las calles con tanta gente nadie puede fallar.

Dios no responde, ni Alá tampoco responderá. Para que la guerra no nos asalte, deben ser políticos todos y activistas por el bien común; no hay forma de evitar que hombres sin pudor amenacen con fuego al prójimo y cierren el camino a toda la humanidad. En aviones de carga, banderas envuelven cajas de noticias y bajas que nadie quiere comunicar. Los hijos, tus hijos, mis hijos; la guerra nadie la puede ganar. No se supo, antes del pecado aquí en la tierra, qué significaba disparar. Aviones y barcos son del infierno, agentes de la herida letal.

Cada hombre y cada mujer debe tener el deber de defender la vida, de esos políticos malos que nos metieron en esto. La guerra es el fracaso de nuestros representantes y sus ambiciones secretas; ningún gobierno es necesario si no puede evitar la guerra. Son el dolor de la tierra y de ese rugido de fiera que deja a tantos en la orfandad. Todo el esfuerzo levantado sin amor ha sido truncado y nada volverá a ser igual. La ciudad creció y se hizo privada, y las luces llamaron animales de todos los lugares. Quizás sea el fin de la era, como si cada cierto tiempo el poder entre poderes no se puede soportar y se matan uno al otro, y muchos de aquellos que nunca dijeron nada.

Imagino una tierra sin armas de fuego; que los barcos y los aviones solo sean para traficar el bien y solo ir a pasear. Que el mundo sea de todos y todos sean del mundo mientras estemos sobre él. Es tan difícil imaginar que Dios es el prójimo y está en todo lugar; que nunca habrá paraíso si alguien sufre por maldad. Vuelve y mira tus manos; rememos hacia ese lugar. Antes de quedar dormido, el alma debe curar de miedo y de egoísmo, y la tierra renacerá.

Ricardo Toribio

Artista visual y poeta

Ricardo Arsenio Toribio, Santiago de los Caballeros (1965). Creador dominicano. Pintor, músico, artesano y aprendiz de poeta. Tiene 42 años de experiencia creativa. En el (1991) tuvo su primera individual “Carnaval”en el Dominico Americano". En (1996) obtuvo el primer premio de pintura en la bienal Eduardo León Jimenez. En (1998) exhibe la individual “Paisaje de los dioses secretos” en el Museo de Arte Moderno, Santo Domingo. Ese mismo año se muda a San José de las Matas para trabajar en un proyecto artesanal de sillas y mecedoras. En el 1999 crea el grupo cultural “La Parcelita” junto con sus hijos y los hijos de los artesanos. Desde entonces vive en La Sierra trabajando con la comunidad, escribiendo textos que se cantan en la escuela y pintando la realidad que lo rodea. Sus pinturas son un auténtico referente del realismo mágico latinoamericano

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