Tanto el Ministerio de Cultura como la nueva propuesta cultural RECUA, se manifiestan hoy, como si el país estuviera repitiendo la historia de ficción de Gibrán Jalil Gibrán, El rey sabio. Cuentan que una bruja hechicera vertió una pócima en el pozo de la ciudad y todos sus habitantes, o la mayoría, tomaron de ella y cayeron, en este caso, estupidizados, o pudiera ser, que nos volviéramos desmemoriados.

El encuentro consultivo del Sector Danza que promueve el Ministerio de Cultura, que se define como un «espacio de diálogo e intercambio de ideas orientado a fortalecer el desarrollo de la danza en República Dominicana», y RECUA, que quiere decir Revolución Cultural y Artística para elaborar una plataforma de inversión cultural… bla, bla, bla, son dos propuestas encaminadas a ridiculizar a quienes no hemos tomado la pócima de la bruja.

Pudiera también existir la posibilidad de engañar a las nuevas generaciones: menores de dieciséis años, más los dos que faltan para las elecciones, son potenciales creyentes y votantes. Con estos seudodiscursos y propuestas elaboradas muy cómodamente y convocadas desde sus respectivos palacetes de placer porque de trabajo tienen poco que mostrar, se invita a los mismos actores de la vida cultural y artística que durante décadas han estado sufriendo toda clase de vejámenes, como abandono, persecución, exclusión, desvalorización, cualquierización, atropellos, desempleo y muchos etcéteras. Y estos infelices se prestan a seguir sumisos para entrar en la ruleta y ver si la suerte del lambonismo, les depara una oportunidad para vivir del oficio.

Pues quienes aún seguimos cumpliendo años y no estamos embriagados de pócimas raras, y tenemos todavía memoria, además de que pasamos los años de juventud y madurez y ahora vamos rumbo a la maravillosa vejez sin Alzheimer, podemos recordar muy bien los últimos cuarenta años de luchas sin descanso para dignificar el quehacer cultural y artístico. Tampoco olvidamos a sus protagonistas, quienes pusieron de lado su labor creativa para luchar en asuntos administrativos ajenos, para que la acción cultural tuviera el asidero que debía tener.

Decididamente, pudimos al fin tener, el 28 de junio de 2000, la creación de la Ley 41-00, durante el gobierno de Leonel Fernández, la fuente y la institución madre para que todos los problemas e inconformidades, derechos, inversión, oportunidades, creación y formación tuvieran una plataforma de acogida oficial, con presupuestos directos del propio Estado.

Sin embargo, el sueño posible, probable y con referencias probadas y ejemplarizantes tuvo un breve momento de gloria. Faltaron años para fortalecerlo y para que echara raíces tan fuertes y grandes que ningún postulante sin criterio pudiera derribar lo que tanto nos costó.

El momento de gloria llegó, el único hasta la fecha, y fue la gestión genial de José Rafael Lantigua y su equipo. Solo ocho años bastaron para probar que sí es posible hacer la obra. Solo el trabajo capaz, serio, con pasión y amor a la patria hace posible que se logren los propósitos y retos propuestos.

La sistematización del desmantelamiento de todo lo que se logró en nuestro Ministerio de Cultura sí, nuestro Ministerio ha convertido hoy, catorce años después, la misma institución, en un misterio de cultura. Solo eso: un pobre cascarón nominal, sin contenido, sin plan, sin deseos, sin acción, sin responsabilidad gerencial; en definitiva, sin cabeza.

Seis ministros de diferentes partidos han descollado en ese barco a la deriva que se hunde todos los días un poco más. ¿Y quién hoy puede contradecir que esa institución no es una estafa? Solo hay que pasearse por la Plaza de la Cultura y detenerse un poco a observar. ¿Y todas las escuelas nacionales de la capital? ¿Y el Palacio de Bellas Artes? ¿El Teatro Manuel Rueda? ¿Y el Narciso González? ¿Y las escuelas de arte del interior del país?

Ni se diga de la falta de maestros, salarios justos, espacios, programas, coordinación y cuántas cosas esenciales de las que se adolece, sin un mínimo de interés por parte de las autoridades responsables de cada una de las áreas e incumbencias, con una absoluta desatención, sin siquiera, por lástima, poder auxiliar mínimamente.

El interior del país es una olla vacía permanentemente, con solo promesas que se esfuman como cualquier anafe encendido. Pueblos vacíos, sin alma, vagando alienados por el vicio y el tedio que les ofrece nuestro sistema fallido, y permitiéndonos, sin más, normalizar esa banalidad un día tras otro. Y lo que es peor: ofrecerles esto a nuestra niñez sin dolientes.

Nuestra realidad no es un cuento como el de El rey sabio, al que hice referencia al inicio del artículo. El país de Duarte, de Luperón, de María Trinidad Sánchez, de Pedro Henríquez Ureña, de Eduardo Brito, de Casandra Damirón, de Juan Bosch, de Domingo Moreno Jiménez, de Papá, Miguel Ángel Velázquez Mainardi, entre mucha gente honorable, tienen un legado impresionante. Vergüenza, mucha vergüenza, debe darnos nuestro presente.

Nuestro país está sumergido en la prostitución, la droga, el alcohol y mucho Dembow.

¿Quién me pudiera rebatir esta realidad y, sobre todo, fuera de los límites del Distrito Nacional?

Todos los héroes culturales y artísticos están ahí, cada vez más míseros, manteniendo nuestra exigua identidad, que aún mantienen con las uñas los lugareños, para no morir de hambre espiritual. Se extingue la tradición, la necesidad impera, los maestros de sabiduría envejecen sin relevo, sin poder transmitir la cultura.

Lastimoso es constatar que algunos destinos ya se han rendido. La despoblación es una demostración del gran abandono institucional: pueblos fantasmas, sin siquiera poder mostrar una banda de música, un grupo de baile, una muestra artesanal, un poeta, un pintor… Lástima, fallecieron ya.

Y ahora el Ministerio de Cultura habla de diálogo y RECUA quiere repetir su plan.

Les recuerdo que hemos sido estafados y aún los recordamos.

Ninoska Velasquez Matos

Bailarina

Ninoska Velázquez. Prima bailarina, Coreógrafa y Maestra de Ballet Clásico Directora de Ballet Clásico Nacional (1991), Directora de la Escuela Nacional de Danza (2004-2013), Directora Ballet Metropolitano de Santo Domingo (2013-2016), Directora de la Escuela Superior de Ballet (1992-2003).

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