Desde la psicología, la espiritualidad puede entenderse como la capacidad humana de otorgar sentido, trascendencia y coherencia a la experiencia vital, más allá de lo meramente material, sin que ello implique necesariamente creencias religiosas.
Lamentablemente muchos intelectuales podrían intentar ocultar su parte emocional, afectiva y espiritual, por considerar que los hace parecer menos profesionales.
La ciencia está capacitada para analizar e interactuar con todas las facetas del ser humano y la espiritualidad no es la excepción. Dialogar con el fenómeno de la espiritualidad puede incrementar significativamente nuestros conocimientos, sin importar nuestra formación académica.
“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.” – Carl Jung. No podemos negar nuestra espiritualidad sin limitar severamente nuestras vidas.
Históricamente, ha resultado difícil sostener de manera estable la paz, la cooperación o la ética social cuando se excluye por completo la dimensión espiritual del ser humano.
El camino del éxito podría ser considerado como un campo de batalla y obviamente, no sería el lugar donde desearíamos pasar nuestra vida entera. Si tu vida, profesión y relaciones humanas te parecen una lucha sin sentido, tal vez logres beneficios económicos, pero probablemente no será grata. La espiritualidad proporciona un sentido a tu vida.
Es indispensable que revisemos el término “espiritualidad”, porque todos estamos convencidos de saber lo que significa, pero podríamos tener una idea deficiente. Cuando a algunas personas se les pregunta si son espirituales, dicen que asisten regularmente a su iglesia, entendiendo que dieron una respuesta correcta. Es oportuno señalar que Jesucristo fue acusado de no cumplir con los preceptos religiosos.
“La religión es la forma que adopta la experiencia espiritual para convertirse en institución; la espiritualidad es la experiencia directa.” – Inspirado en William James. La práctica religiosa no siempre es producida por la espiritualidad. Se podría asistir a la iglesia: para ver a alguien que nos interese, buscando “buena suerte”, por razones políticas e incluso, simplemente para evitar la soledad. Son motivaciones válidas, pero no son espirituales.
La espiritualidad es un elemento clave de nosotros, porque nos permite integrar niveles más profundos de nuestra conciencia. Cuando te llenas de emoción al escuchar una música que te recuerda a tu pueblo, vibras por el contacto con la naturaleza o te conmueve el sacrificio que alguien hace por los demás, es espiritualidad y no necesariamente religiosa. Los valores humanos se sostienen desde la espiritualidad, y la razón no siempre puede garantizar la ética.
Ciertamente, la espiritualidad te lleva a comprender tu existencia con un sentido y trascendencia superior, que te permite concebir realidades que están más allá de las materiales.
La espiritualidad es un atributo de la civilización humana. Un perro puede visualizar la tela de una bandera, pero jamás podrá entender por qué millones de personas se identifican con ella, ni que algunos sacrifican sus vidas por lo que simboliza.
La psicología estudia de forma general nuestros estados de consciencia, pensamientos, sentimientos, emociones, conductas y tendencias sociales. Los psicólogos evitan tocar el tema espiritual por diversas razones: para evitar conflictos, temor a que se dude de su capacidad académica y científica, por respeto o por ignorancia sobre su importancia.
Obviamente la espiritualidad tiene repercusiones muy fuertes a nivel de la psiquis humana. Por ejemplo, una violación sexual tiene connotaciones diferentes dependiendo de: edad, género, religión, nacionalidad, madurez mental, vínculos, etc., pero también de la espiritualidad. Y estos factores condicionan tanto a la víctima como al agresor.
La espiritualidad te permite vivir la vida de forma plena, teniendo relaciones satisfactorias con los demás, realizando tu trabajo con entusiasmo, disfrutando al máximo el contacto con el Todo e incentivando relaciones humanas sanas. Hace que nos sintamos hermanados con todo lo que nos rodea.
La espiritualidad genera amor, paz y esperanza, las religiones cuando han estado desvinculadas de la espiritualidad, han sido capaces de generar guerras, torturas, intolerancias e injusticias. En esos casos se ve a “los de fuera” como adversarios. Es lo que muestra la historia.
Algunos modelos psicológicos enfocan la espiritualidad, como: la psicología humanista (Maslow, Frankl), psicología transpersonal, terapia de aceptación y compromiso, logoterapia, mindfulness y neurociencia de la espiritualidad (estudios de cómo la espiritualidad modifica actividades cerebrales).
Un proceso de psicoterapia difícilmente fluirá si se intenta una confrontación directa con la fe o la cosmovisión del paciente. Respetar e integrar la espiritualidad del paciente fortalece la alianza terapéutica, facilita la regulación emocional y ofrece marcos de significado que muchas técnicas cognitivas no alcanzan por sí solas.
Es comúnmente aceptado que la espiritualidad podría ser un recurso valioso frente a depresión, estrés y ansiedad; generando resiliencia, bienestar subjetivo y capacidades de afrontamiento. Como todo instrumento, tiene el riesgo de ser mal empleada, creando trastornos cognitivos y conductuales.
Viktor Frankl (logoterapia) nos dice: “El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida.” La espiritualidad facilita encontrar el sentido personal de la existencia. Podría vivirse sin eso, pero el vacío existencial sería lamentable.
Referencias:
James, W. (2002). The varieties of religious experience: A study in human nature. Routledge. (Obra original publicada en 1902)
Frankl, V. E. (2006). Man’s search for meaning. Beacon Press. (Obra original publicada en 1946)
Koenig, H. G. (2012). Religion, spirituality, and health: The research and clinical implications. ISRN Psychiatry, 2012, 1–33. https://doi.org/10.5402/2012/278730
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