Mientras en la República Dominicana seguimos concentrados en los problemas de la coyuntura diaria, el mundo ya transformó los empleos del futuro. La inteligencia artificial, la automatización y la economía de los datos avanzan a una velocidad sin precedentes, redefiniendo la forma en que producen las empresas, compiten las economías y se generan las oportunidades. La verdadera pregunta ya no es si esa revolución llegará, sino si nos encontrará preparados.
En este 2026, la inteligencia artificial dejó de ser ciencia ficción. Ya redefine los centros de servicios, automatiza procesos administrativos, transforma la logística internacional, revoluciona el desarrollo de software e impacta las cadenas de producción de nuestras zonas francas. Según estimaciones de Goldman Sachs, la IA generativa podría elevar la productividad laboral mundial en alrededor de 1.5 puntos porcentuales anuales durante una década y aumentar el PIB global en aproximadamente un 7 %, equivalente a unos siete billones de dólares.
Los países que se adapten primero atraerán las inversiones, los empleos de mayor valor agregado y los mayores incrementos de productividad. Los que no lo hagan correrán el riesgo de quedar rezagados en una economía mundial cada vez más exigente.
Frente a esta realidad, la República Dominicana cuenta con una brújula estratégica indispensable: la Estrategia Nacional de Desarrollo (END), consagrada en la Ley 1-12 como una visión de Estado impulsada originalmente durante las administraciones del presidente Leonel Fernández. Sin embargo, el incumplimiento de muchos de sus objetivos, unido a la necesidad impostergable de actualizarla frente a la nueva realidad tecnológica, constituye uno de los mayores desafíos de nuestra generación.
La formulación de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA) en 2023 representó un paso importante al sentar bases de gobernanza y posicionar al país en el debate regional. Pero para que la ENIA no permanezca como una política aislada, debe integrarse plenamente a la END mediante metas medibles, mecanismos permanentes de seguimiento, rendición de cuentas y una apuesta nacional por la formación de talento. Esa articulación entre visión estratégica y ejecución continua es precisamente lo que propone el Desarrollismo Democrático.
La grandeza de una verdadera estrategia de desarrollo consiste en su capacidad para adaptarse a los cambios históricos sin perder el rumbo. Cuando la Ley 1-12 fue aprobada en 2012, nadie podía anticipar la irrupción de la inteligencia artificial generativa, los modelos de lenguaje o la economía basada en datos. Por eso, la END no necesita ser sustituida; necesita evolucionar. Su visión sigue plenamente vigente, pero debe incorporar la transformación digital y la inteligencia artificial como prioridades estratégicas del desarrollo nacional.
La pregunta, entonces, ya no es tecnológica. Es institucional: ¿qué tipo de Estado necesita la República Dominicana para aprovechar esta revolución?
La inteligencia artificial representa, sobre todo, una revolución de la productividad. Estudios de McKinsey estiman que la IA generativa podría agregar entre 2.6 y 4.4 billones de dólares anuales a la economía mundial, mientras PwC proyecta que la inteligencia artificial podría incrementar el PIB global en alrededor de un 15 % hacia 2035 gracias a las ganancias de productividad y eficiencia.
Los grandes saltos en el desarrollo nunca han sido obra exclusiva del mercado ni del Estado; han surgido cuando ambos avanzan en la misma dirección.
Por eso, la tesis central del Desarrollismo Democrático es la construcción de un Estado Emprendedor e Innovador: un Estado que lidera, coordina, invierte y emprende allí donde los beneficios sociales superan los incentivos inmediatos del mercado. No para sustituir la iniciativa privada, sino para crear las condiciones que permitan su máximo desarrollo y garantizar que el progreso tecnológico beneficie a toda la sociedad.
En la economía del conocimiento, el principal activo estratégico de una nación ya no son sus recursos naturales; es el talento de su gente. Por eso, la primera gran inversión de un Estado Emprendedor debe ser el desarrollo de un capital humano de clase mundial.
Ese espíritu de anticipación ya comenzó a materializarse con iniciativas como el Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA). Hoy corresponde dar un paso más: convertir al ITLA, junto con el INFOTEP, las universidades y los institutos técnicos, en el corazón de una estrategia nacional para formar especialistas en inteligencia artificial, ciencia de datos, ciberseguridad, robótica y demás tecnologías que definirán la economía del conocimiento.
Este esfuerzo debe apoyarse en tres instrumentos fundamentales: ampliar la oferta académica en tecnologías emergentes; ejecutar un programa nacional de formación continua para docentes; y crear un Programa Nacional de Becas para la Economía del Conocimiento, que democratice el acceso de miles de jóvenes dominicanos a las disciplinas tecnológicas de mayor demanda mundial.
Los ejemplos internacionales demuestran que este camino es posible. Singapur integra la inteligencia artificial de forma transversal en su estrategia de desarrollo e invierte decididamente en talento. Corea del Sur incorpora estas competencias desde la educación básica. Estonia avanza hacia un modelo de gobierno digital con servicios inteligentes. Costa Rica fortalece su liderazgo regional en servicios tecnológicos y Chile impulsa un ecosistema de innovación acompañado de un marco regulatorio moderno. La lección es clara: el éxito no depende del tamaño del país, sino de la calidad de su planificación, de la continuidad de sus políticas públicas y de la inversión sostenida en capital humano.
Desde la visión del Desarrollismo Democrático proponemos cuatro prioridades nacionales.
Primera. Transformar profundamente la educación incorporando competencias digitales, pensamiento computacional, inteligencia artificial, análisis de datos y pensamiento crítico desde los primeros niveles de enseñanza.
Segunda. Impulsar una verdadera reingeniería del talento, articulando al ITLA, el INFOTEP, las universidades y los institutos técnicos alrededor de una estrategia nacional para la economía del conocimiento.
Tercera. Utilizar la inteligencia artificial para construir un Estado más eficiente, impulsando un verdadero modelo de burocracia cero, donde sea el Estado quien se adapte a las necesidades de los ciudadanos.
Cuarta. Desde la Secretaría de Estrategia Nacional de Desarrollo de la Fuerza del Pueblo proponemos incorporar un Quinto Eje Estratégico a la Estrategia Nacional de Desarrollo, dedicado a la Transformación Digital, la Inteligencia Artificial y la Productividad, respaldado por metas verificables, indicadores públicos, mecanismos permanentes de evaluación y un gran pacto nacional por el capital humano.
El Estado Emprendedor e Innovador no constituye un fin en sí mismo. Es el instrumento mediante el cual el Desarrollismo Democrático convierte la planificación en acción, la innovación en productividad y el crecimiento económico en oportunidades para todos.
La inteligencia artificial no esperará a la República Dominicana. El futuro tampoco. La decisión sigue estando en nuestras manos: continuar improvisando mientras otros planifican o recuperar la cultura de planificación que inspiró la Ley 1-12, actualizarla y preparar al país para competir con éxito en la economía del conocimiento.
Porque la economía del mañana ya llegó. Lo único que todavía está en discusión es si la República Dominicana llegará a tiempo. Porque el futuro no pertenece a los países que esperan que los cambios ocurran. Pertenece a los que los anticipan, los planifican y los construyen.
Llegó la hora de poner las Cuentas Claras: el mayor riesgo para nuestro país no es la inteligencia artificial; es llegar tarde a ella.
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