“La Inteligencia Artificial no solo crea soluciones: también puede fabricar engaños”.

Introducción: progreso acelerado, conciencia rezagada

La Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en uno de los motores más poderosos de transformación del siglo XXI. Desde la medicina hasta las finanzas, desde la educación hasta la seguridad, sus aplicaciones prometen eficiencia, velocidad y nuevas capacidades antes impensables. Sin embargo, junto a estos beneficios emergen riesgos profundos que afectan al ambiente, a la ética y al orden jurídico, configurando una amenaza silenciosa cuando la innovación avanza más rápido que la reflexión moral y la regulación legal.

La pregunta que atraviesa este análisis es inevitable:
¿Estamos frente a un progreso sin límites o ante una tecnología cuyo uso irresponsable puede socavar los fundamentos mismos de la confianza social, la democracia y la sostenibilidad del planeta?

  1. Impacto ambiental de la Inteligencia Artificial: la huella invisible
  2. Consumo energético y dependencia fósil

El desarrollo y funcionamiento de los grandes modelos de IA dependen de centros de datos de altísimo consumo energético. Estos centros operan de forma continua, procesando billones de datos, lo que implica un gasto eléctrico comparable al consumo anual de países enteros de renta media. En muchas regiones, esta energía sigue proviniendo mayoritariamente de fuentes fósiles, incrementando las emisiones de dióxido de carbono (CO₂).

  1. Huella hídrica y estrés climático

Un aspecto menos visible, pero igualmente crítico, es el uso intensivo de agua para refrigerar los servidores. Millones de litros son utilizados para mantener operativas las infraestructuras tecnológicas, incluso en zonas con estrés hídrico. Esta práctica profundiza la crisis climática y plantea dilemas éticos sobre la priorización de recursos esenciales para la vida.

  1. Contribución al cambio climático

La combinación de consumo energético elevado, emisiones de gases de efecto invernadero y uso intensivo de agua convierte a la IA en un actor relevante del cambio climático. Sin políticas de IA verde, eficiencia energética y transición a energías limpias, la tecnología que promete optimizar el futuro puede, paradójicamente, deteriorarlo.

  1. Riesgos éticos y sociales: cuando la tecnología erosiona la confianza
  2. Deepfakes y manipulación informativa

La capacidad de la IA para generar videos, audios e imágenes falsos hiperrealistas ha dado lugar a los llamados deepfakes. Estos contenidos ya han sido utilizados para alterar campañas electorales en Estados Unidos y Europa, desinformar a la ciudadanía y desacreditar figuras públicas. La frontera entre lo real y lo falso se vuelve difusa, debilitando uno de los pilares de la democracia: la confianza en la información.

  1. Suplantación de identidad y fraude digital

La clonación de voz e imagen ha facilitado fraudes financieros de gran escala, como transferencias millonarias obtenidas mediante llamadas falsas en países como Brasil. En redes sociales, perfiles generados o manipulados por IA son usados para extorsión, estafas y robo de identidad, afectando tanto a ciudadanos comunes como a instituciones.

  1. Erosión de la confianza social

Cuando ya no es posible confiar en una voz, un rostro o un video, la consecuencia es una crisis de credibilidad generalizada. La IA, utilizada sin controles éticos, no solo engaña: fragmenta el tejido social y debilita la cohesión comunitaria.

III. Impacto social y laboral: automatización sin justicia

La automatización impulsada por la IA está transformando el mercado laboral a un ritmo sin precedentes. Si bien crea nuevas oportunidades, también sustituye empleos, profundiza desigualdades y desplaza a trabajadores sin mecanismos de transición adecuados. A ello se suma la pérdida de control humano sobre decisiones automatizadas en ámbitos críticos como crédito, salud o justicia, donde los sesgos algorítmicos pueden reproducir y amplificar discriminaciones existentes.

  1. Delitos asociados a la IA y consecuencias legales
  2. Tipologías delictivas emergentes

El uso indebido de la IA ha dado lugar a nuevas formas de criminalidad:

  • Fraude informático
  • Suplantación digital
  • Delitos contra la privacidad
  • Manipulación política y desinformación masiva
  1. Penas y sanciones: una visión comparada

Las respuestas legales varían ampliamente:

  • En España, ciertos delitos asociados al uso malicioso de IA pueden conllevar penas de hasta 3 años de prisión.
  • En Estados Unidos, las condenas pueden alcanzar los 15 años, especialmente en casos de fraude agravado.
  • En Francia, las sanciones económicas pueden llegar a 20 millones de euros.

Esta disparidad evidencia un problema central: la falta de armonización internacional.

  1. Leyes contra la IA: ¿estamos preparados para regular lo inevitable?

“Mientras la Inteligencia Artificial avanza, las leyes caminan.”

El desfase entre innovación tecnológica y legislación genera vacíos regulatorios peligrosos. La ausencia de una gobernanza global coherente deja grietas por donde se cuelan abusos que afectan derechos humanos fundamentales, como la identidad, la privacidad y la autodeterminación.

A nivel internacional, se discuten marcos orientados a la transparencia, la rendición de cuentas y la protección de derechos, pero su implementación aún es fragmentaria.

Propuesta para República Dominicana

Se vuelve urgente el desarrollo de una Ley Ética de Inteligencia Artificial, alineada con principios internacionales, que:

  • Proteja la identidad humana
  • Regule el uso de datos
  • Establezca responsabilidades claras
  • Garantice supervisión democrática de la tecnología
  1. Innovación con responsabilidad: el rol de las empresas

“La IA no es solo tecnología: es cultura corporativa.”

Las organizaciones que adoptan IA deben asumir un compromiso ético integral:

  • Transparencia y responsabilidad: comunicar cómo y por qué se utiliza la IA.
  • Protección de datos y privacidad: cumplimiento estricto de marcos regulatorios internacionales.
  • Prevención de sesgos: auditorías periódicas y equipos multidisciplinarios.
  • Formación y cultura ética: capacitación continua y creación de comités internos de ética tecnológica.

VII. Soluciones y perspectivas: hacia una IA humana y sostenible

Las respuestas existen y son posibles:

  • Desarrollo de IA verde y eficiente energéticamente
  • Regulación ética y adaptable
  • Responsabilidad empresarial real
  • Educación digital ciudadana
  • Participación activa de los Estados y la sociedad civil

La tecnología debe estar al servicio del ser humano, no por encima de él.

Conclusión: el verdadero dilema

“El problema no es la Inteligencia Artificial, sino su uso irresponsable.”

La IA no es el enemigo. El riesgo surge cuando se la desvincula de la ética, de la sostenibilidad y de la responsabilidad social. Cada avance tecnológico debe ir acompañado de principios claros, marcos legales sólidos y una conciencia colectiva vigilante.

Innovación + ética + sostenibilidad = progreso real.

“El futuro depende de nuestras decisiones hoy.

NOTA de la Autora:  El material de este artículo ha sido extraído de múltiples referencias bibliográficas científicas y académicas, y he recurrido al uso ético de la IA para reordenar el material.

Jacqueline Malagón

Educadora

Consultora en Educación, Evaluación y Desarrollo Institucional. ExMinistra de Educación Asesora del MINERD, MESCYT, MAP, del INFOTEP y del Senado de la RD Miembro de la Academia de Ciencias RD Miembro de Diálogo Interamericano Miembro de la Coalición Latinoamericana para la Excelencia Docente Consultora en Educación, Evaluación y Desarrollo Institucional

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