En el artículo anterior abordamos las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos y sus implicaciones para la economía internacional. Sostuvimos que el aumento de los precios del petróleo, asociado a las tensiones geopolíticas y militares, constituye un factor importante en la evolución de la inflación, pero que su influencia debe examinarse juntamente con las condiciones internas de la economía estadounidense.

Esta consideración nos conduce a una interrogante fundamental: ¿hasta qué punto la inflación de Estados Unidos responde a las presiones de la demanda interna y en qué medida está determinada por las perturbaciones de oferta, particularmente las relacionadas con los precios de la energía?

La respuesta exige superar las explicaciones sustentadas en un solo factor. La inflación es un fenómeno macroeconómico complejo en el que interactúan el consumo de los hogares, la inversión, el gasto público, la capacidad productiva, los salarios, los costos energéticos, las expectativas y las decisiones de política monetaria.

Para examinar estas relaciones utilizamos información económica de Estados Unidos correspondiente a enero-agosto de 2026 y series históricas del período 2010-2025. Complementamos el análisis con el coeficiente de correlación de Pearson, herramienta estadística que permite identificar la dirección y la intensidad de las asociaciones lineales entre variables.

El consumo privado es el componente más grande de la demanda agregada en los Estados Unidos. Sus variaciones influyen directamente en la actividad económica, la producción, el empleo y las decisiones empresariales.

Cuando el gasto de los consumidores aumenta más rápido de lo que la oferta puede responder, pueden ocurrir presiones sobre los precios. Sin embargo, por otro lado, un aumento en el consumo no necesariamente creará inflación: su efecto depende de la utilización de la capacidad instalada, la productividad, las importaciones, la disponibilidad de trabajadores y las condiciones competitivas de los mercados.

Durante los primeros 8 meses de 2026, el consumo en EE.UU. creció interanualmente, pero con intensidad variable. En la serie nominal que utilizamos en este estudio, el crecimiento alcanzó su nivel más alto en mayo, y la inflación interanual también mostró una aceleración en la primavera.

La coincidencia de ambos movimientos es relevante, pero no podemos concluir que el aumento en el consumo fue la única o predominante razón para el aumento de los precios.

Así, el consumo nominal consta de dos componentes: el cambio en las cantidades realmente adquiridas y los precios pagados. En otras palabras, una alta tasa de crecimiento nominal puede corresponder a un crecimiento de la economía real y a un aumento en el costo de bienes y servicios.

  1. Consumo real y bienestar de los hogares.

Para hacer un análisis más detallado, necesitamos observar el consumo en términos reales, es decir, ajustamos por el efecto de los precios utilizando el deflactor correspondiente.

Los datos siguientes muestran que el consumo real experimentó un crecimiento positivo interanual de enero a agosto de 2026, pero este crecimiento fue menor en términos nominales.

Cuadro No. 2.

Comportamiento del consumo real, consumo nominal e inflación en Estados Unidos, enero–agosto de 2026

Variaciones porcentuales interanuales (%)

Mes de 2026 Crecimiento consumo real (%) Crecimiento consumo nominal (%) Inflación IPC (%)
Enero 2.03 4.82 2.4
Febrero 2.34 5.21 2.4
Marzo 1.91 5.34 3.3
Abril 2.17 5.82 3.8
Mayo 2.66 6.59 4.2
Junio 2.69 6.23 3.5
Julio 2.25 5.69 3.4
Agosto 2.57 6.08 3.4

Fuente: Series presentadas en el artículo original, atribuidas al BEA y BLS. Cifras pendientes de verificación definitiva con las publicaciones oficiales revisadas.

Los datos muestran que el consumo real experimentó un crecimiento interanual positivo durante los primeros ocho meses de 2026, aunque sus tasas de expansión fueron sistemáticamente inferiores a las registradas por el consumo nominal. Esta diferencia evidencia que una parte del incremento del gasto de los hogares respondió al aumento de los precios y no exclusivamente a una mayor adquisición de bienes y servicios.

El consumo real también creció positivamente año tras año en los primeros ocho meses de 2026, pero sus tasas de crecimiento fueron inferiores al consumo nominal. Esto indica que parte del aumento en el gasto de los hogares se debió al aumento de los precios y no a un mayor consumo de bienes y servicios.

Desde el punto de vista del bienestar económico, es absolutamente esencial. Una familia podría estar gastando más, pero no lo hará de manera que tenga el mismo nivel de consumo, ya que está gastando dinero y, de hecho, podría ganar menos dinero si sus ingresos no crecen al mismo ritmo que lo que están gastando. Y si la inflación no está creciendo al mismo ritmo y las tasas de inflación son generalmente más bajas, solo significa que los precios subirán pero a un ritmo más lento.

Por lo tanto, la moderación de la inflación puede ayudar a frenar la erosión del poder adquisitivo; pero los beneficios obtenidos también dependen de los salarios, las transferencias gubernamentales, la carga fiscal y las condiciones del mercado laboral.

En resumen, el crecimiento del consumo nominal no debe confundirse con un aumento correspondiente en el bienestar material de la población.

III. Ingreso disponible, ahorro y sostenibilidad del consumo

El ingreso personal disponible real también es un indicador importante para comprender las decisiones económicas de los hogares.

Este indicador captura los recursos que las personas tienen después de pagar impuestos personales con el precio ajustado.

Los hogares responden con diferentes medidas cuando el ingreso disponible real disminuye: menor gasto, uso de sus ahorros, aumento de su deuda o cambio en el tipo de gasto.

Pero estas decisiones no son uniformes. Los hogares de mayores ingresos tienen mayores cantidades de ahorro y acceso al crédito que los grupos de ingresos bajos y medios.

La tasa de ahorro personal nos permite ver qué porcentaje del ingreso disponible no se destina al consumo. Su comportamiento es una señal relevante sobre la situación financiera de los hogares, aunque por sí sola no explica los mecanismos a través de los cuales se financia el gasto.

Hay momentos en que una disminución en el ahorro puede tener sentido para mantener el consumo, pero el ahorro también puede disminuir a medida que cambian los ingresos, las opciones de activos y las expectativas económicas.

Por esta razón, no sería correcto afirmar que una reducción en el ingreso disponible real significa automáticamente que la inflación creció más rápido que los salarios. Para demostrar que este es el caso, se deben tener en cuenta las estadísticas salariales nominales y reales.

Lo que podemos decir es que la evolución conjunta del ingreso disponible, el consumo real y el ahorro proporciona información indispensable para evaluar la resiliencia de los hogares frente a las presiones inflacionarias. En las próximas entregas, veremos algunas evidencias y verificaciones cuantitativas sobre la confirmación o no de lo aquí planteado.

Ramón Nicolás Jiménez Díaz

Economista y profesor

Ramón Nicolás Jiménez Díaz. Doctorado en Negocios Internacionales.. Maestría en Política Económica, con énfasis en Relaciones Internacionales. Maestría en Cumplimiento y Regulación Financiera. Economista, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Profesor Titular y pasado director de la Escuela de Economía. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales – UASD. Conductor del programa de televisión: Retos y Desafíos, día a día con Nicolás Jiménez (Cine Visión Canal 19). Conferencista y consultor en temas de política económica, prevención del crimen financiero, integridad institucional y desarrollo. Áreas de Especialización: Negocios internacionales y comercio exterior. Cumplimiento normativo, gobernanza y prevención del lavado de activos. Macroeconomía aplicada y análisis de políticas públicas. Geoeconomía, riesgos globales y relaciones internacionales. rnjimenezdiaz55@Gmail.com

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