En la República Dominicana hace muchos años que hay un debate abierto sobre la necesidad de avanzar hacia una transformación del sistema educativo. En los momentos actuales, este debate adquiere un acento especial, para obviar las tensiones que dentro del sistema educativo ha creado la propuesta de fusión de los ministerios de Educación Superior, Ciencia y Tecnología y el Ministerio de Educación de la República Dominicana. Desde la Asamblea del Pacto Educativo, también, se desarrollan procesos orientados a reenfocar la coherencia, la efectividad y la direccionalidad de la educación dominicana. Los esfuerzos en esta dirección han de contar con la participación de los diferentes sectores sociales del país para alcanzar los logros deseados y necesarios.

En este período se hace más necesaria la aplicación de las pedagogías críticas. Estas pedagogías no pueden estar ausentes del debate sobre la transformación de la educación; tampoco, en la formación y en el ejercicio docente. Los estudiantes y los docentes deben prepararse para participar del debate sobre la transformación de la educación. Es importante que los actores del sector educativo recuerden que "es imposible separar lo que hacemos en el aula de las condiciones políticas y económicas que determinan nuestro trabajo, y eso significa que la pedagogía debe ser entendida como una forma de trabajo académico en la que las cuestiones de tiempo, autonomía, libertad y poder son tan importantes para la clase como lo que se está enseñando" (Giroux, 2008). El planteamiento de Giroux mantiene una vigencia alta. No puede ser desestimado. Ha de ser una herramienta para generar cambios de visión, de lógicas y de estructuras.

Las pedagogías críticas contribuyen para que los docentes, tanto en el proceso formativo como en el ejercicio de la profesión, desarrollen autoconciencia crítica para una comprensión reflexiva del poder que ellos poseen. Esta autoconciencia les permite, además, la identificación de la forma en que usan el poder y, sobre todo, en qué medida lo utilizan para la identificación de las lógicas de poder en el sector educativo. Asimismo, favorece la construcción de relaciones y propuestas que le abran paso a la imaginación creativa y crítica. Este tipo de imaginación constituye un espacio de libertad muy necesario para los estudiantes de educación y para los que ya ejercen la función docente. Es importante, también, que ambos actores no solo verifiquen el tipo de poder que se ejerce sobre ellos y que ellos mismos ponen en ejecución. Es necesario que desarrollen esfuerzos para que los sujetos con los que trabajan y con los que se relacionan se beneficien del modo de poner en acción su autoconciencia crítica y su poder.

Las pedagogías críticas requieren, de los sujetos e instituciones que las asumen, una lectura permanente de la realidad con perspectiva de integralidad. Esta mirada es abierta, flexible y fundamentada. Estos rasgos requieren estudio sistemático, investigación continua y discernimiento académico y social como cultura. Estas pedagogías le confieren un valor importante a la arquitectura de la vida cotidiana para entender y asumir la realidad de las personas desde sus microespacios y actos. Los estudiantes de educación y los que ejercen la función docente han de estudiar con rigor. Por el contrario, si no desarrollan una cultura de estudio y de investigación, mutilan su autoconciencia crítica; subvalúan su capacidad de razonamiento y de reflexión. Todo docente comprometido con el sentido y criterios de las pedagogías críticas ha de saber que entra en un terreno en el que la confrontación política y ética adquiere relevancia. Son pedagogías para establecer rupturas con la involución y las prácticas dominantes. Son rupturas con el orden que recorta el pensamiento y la libertad. Pero, también, son rompimientos con culturas individualistas y segregadoras.

La aplicación de las pedagogías críticas en la formación y en el ejercicio docente es imprescindible para que los estudiantes y los formadores puedan dar razón de su propia historia. Es, además, indispensable para que sean capaces de participar de forma consciente en la construcción del proyecto de sociedad que necesitamos. La formación de formadores ha de ser reforzada con los aportes de las pedagogías críticas. Impulsar los procesos de formación docente con la lógica de la neutralidad y colocándole un velo a la cartografía del poder vigente en el aula, en el centro educativo, en los distritos educativos, en las regionales de educación y en los ministerios del sector educación es una quimera. Es más formativo y humano asumir de forma abierta las pedagogías que proponemos.

Dinorah García Romero

Educadora

Exrectora del Instituto Superior de Estudios Educativos Pedro Poveda (ISESP). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro Titular de la Carrera Nacional de Investigadores. Miembro de la Comisión de Educación de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Investigadora del ISESP. Dra. en Sicología de la Educación y Desarrollo Humano.

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