Pocas obras en la historia del arte español han generado tantas preguntas como La Maja desnuda y La Maja vestida. Pintadas por Francisco de Goya (1746-1828) entre los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX, se destacan no sólo por su audacia formal, sino también por el cúmulo de interrogantes, interpretaciones y controversias que las rodean. ¿Quién era la protagonista? ¿Fueron pintadas al mismo tiempo? ¿Quién las encargó? ¿Por qué estuvieron a punto de desaparecer bajo el peso de la censura? Son preguntas que hasta el día de hoy no tienen respuestas claras.

El desnudo en el arte español, aunque no completamente prohibido, estuvo fuertemente regulado y censurado por la Inquisición y sólo a finales del siglo XIX comenzó su incipiente desarrollo para desaparecer de nuevo durante la dictadura franquista. Los pocos ejemplos de este género tenían que estar “justificados” por las referencias mitológicas, como Venus o Diana.

La Maja desnuda, por lo tanto, es una obra única en su género. Rompe con la tradición y representa una mujer de carne y hueso, una mortal. Expone su cuerpo de manera directa, sin metáforas ni idealizaciones, sin Cupido, ni manzana, ni otros atributos divinos.

Ariadna dormida,  entre 150-175 d. C. (Fuente externa).

Según los especialistas, Goya pudo haberse inspirado en Ariadna dormida, una escultura romana de las colecciones reales. Igual que esta, tiene los brazos entrecruzados debajo de su cabeza, pero las semejanzas sólo llegan hasta aquí. La maja está completamente desnuda, recostada plácidamente en un canapé moderno de terciopelo verde cubierto por una sábana y apoyada en una almohada con encajes en las que destacan las transparencias y la particular luminosidad que contrasta con el resto del ambiente. Su cuerpo está relajado, su mirada es directa, casi desafiante, observa al espectador con una leve y sugestiva sonrisa. No hay recato ni sumisión. La Maja desnuda rezuma humanidad.

La obra fue un atrevimiento por parte de su autor no sólo por el desnudo en sí, sino por la total ausencia del contexto alegórico o mitológico que pudiera suavizar su impacto. Más aún, es la primera obra de arte en la que se representa el vello púbico, lo que resalta aún más el erotismo de la obra.

Unos años después, entre 1800 y 1808 Goya realizó la segunda versión, de las mismas medidas, con la misma modelo y en la misma pose, la única diferencia es que estaba vestida. Las Majas no fueron creadas para ser vistas por muchos ojos. Todo indica que formaban parte de una colección privada de Manuel Godoy, la figura política más poderosa de España durante el reinado de Carlos IV. Los cuadros venían a completar su colección de desnudos junto a La Venus del espejo de Velázquez, La Escuela de amor de Correggio y La Venus de Tiziano alojada en una sala secreta de su palacio a la que tenían acceso sólo unos pocos elegidos. Supuestamente Las Majas estaban colgadas una sobre la otra, de modo que sólo la vestida quedaba a la vista y mediante un ingenioso sistema de poleas se levantaba para permitir contemplar la desnuda.

F. de Goya, La Maja vestida, entre 1800-1808. (Fuente externa).

La primera mención de La Maja desnuda data de noviembre de 1800. El grabador Pedro González de Sepúlveda tuvo el privilegio de visitar el gabinete privado del palacio de Godoy y anotó en su diario sobre “una Venus desnuda de Goya pero sin divujo [sic] ni gracia en el colorido”. En 1808 en el inventario de los bienes de Manuel Godoy se mencionan ambos cuadros con el nombre de Gitanas.  Más tarde, en 1814, en el inventario de los bienes incautados a Godoy tras finalizarse la Guerra de Independencia, La Maja vestida se cita como "una mujer vestida de maja", nombre generalizado a partir de entonces.

A finales del mismo año el Tribunal de la Inquisición confiscó ambos cuadros por considerarlos obscenos e interrogó a Goya para saber de quién fue el encargo y quién fue la modelo. Se desconoce la respuesta del pintor que finalmente logró una absolución gracias a la intervención de su protector, el cardenal Luis María de Borbón y Vallabriga. Las Majas, sin embargo, no tuvieron la misma suerte y estuvieron ocultas por más de cien años en una sala de acceso restringido de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando junto con otros desnudos demasiado atrevidos para los gustos de la época, hasta que pasaron a formar parte del Museo del Prado a partir de 1901.

La identidad de la modelo sigue siendo uno de los misterios sin resolver. Goya nunca dejó constancia de quién fue la mujer retratada, lo que ha alimentado aún más el mito y ha dado pie a numerosas leyendas. Una de ellas dice que se trata de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, decimotercera Duquesa de Alba. Se ha especulado que, además de lazos de amistad que la unían con el pintor, también fuese su amante. Los diversos retratos, dibujos e imágenes alegóricas como las de la serie de grabados Los Caprichos reflejan que efectivamente existía una cercanía entre ambos. La duquesa fue una de los principales mecenas de Goya y su excepcional personalidad de mujer libre e independiente hizo que el artista experimentara una gran admiración por ella, pero no existe ninguna prueba de una relación íntima entre ambos.

F. de Goya, Duquesa de Alba de negro, 1797. (Fuente externa).

Tampoco parece probable que ella haya posado para Las Majas por el hecho de que la mujer retratada luce mucho más joven que Cayetana que tenía en aquel entonces cerca de cuarenta años. Aunque hay los que aseguran que debajo del rostro que aparece en la actualidad, se encontraba una imagen de la duquesa, repintada años más tarde. Las especulaciones llegaron a tal punto que en 1945, el entonces Duque de Alba, Luis Martínez de Irujo, ordenó exhumar los restos de su antepasada para acabar de una vez por todas con esta leyenda urbana. El equipo de tres médicos forenses concluyó que definitivamente ni su estructura anatómica ni la edad concordaban con las de Las majas. En el mismo año el gabinete de documentación técnica del Museo del Prado realizó varias radiografías de los cuadros que descartaron la hipótesis de los repintes y, por consiguiente, el rostro de Las Majas fue siempre el mismo.

La segunda posibilidad, probablemente más acertada, es que la modelo retratada haya sido la entonces amante y luego esposa del propio Godoy, Pepita Tudó. Las fechas y el hecho de que ambas obras hayan pertenecido inicialmente a la colección secreta de quien las haya encargado, han llevado a considerar esta teoría como la más probable.

J. de Madrazo, Retrato de Doña Josefa Tudó, 1813. (Fuente externa).

También existe una tercera posibilidad: que sea una modelo anónima, una “maja”  convertida en el símbolo de lo popular y lo moderno.

Más allá de todas las conjeturas, los cuadros corresponden a un momento clave en la trayectoria artística de Goya. El pintor se encontraba en una etapa de transición,  con un estilo cada vez más personal, cada vez más crítico con el poder, las normas sociales y la hipocresía moral de su época. En este sentido, Las Majas van más allá de simples retratos o frívolos desnudos, se convierten en una reflexión sobre la libertad, el poder, el deseo, la censura. Nos plantean que el arte puede ser un espacio de cuestionamiento y que Goya fue un artista profundamente moderno, capaz de anticipar debates que aún hoy siguen abiertos.  Sus obras sirvieron de inspiración a un sinfín de pintores, escritores y fotógrafos y se han convertido en una referencia cultural que va más allá de la pintura.

Quizá por eso hoy Las Majas continúan interrogándonos: no tanto por lo que revelan, sino por lo que aún nos obligan a pensar, quizá su verdadero misterio no sea la identidad de la mujer retratada, sino la razón por la que, más de dos siglos después, seguimos devolviéndole la mirada.

Elena Litvinenko de Vásquez

Historiadora del arte

Elena Litvinenko es licenciada en Historia y Teoría del Arte, con grado de maestría en Bellas Artes y especialización en Pedagogía y Psicología de Educación Superior. Es egresada del Instituto Estatal de Artes de Kiev (Ucrania). Ha llegado al país en 1986 y se ha dedicado a la carrera docente, impartiendo diferentes asignaturas relacionadas con la Historia del Arte, Arquitectura, Artes Aplicadas, Diseño gráfico, Moda, Museología y Museografía en las principales universidades del país: UASD, APEC, INTEC, Universidad Católica Santo Domingo entre otras. Es autora de varios libros, artículos, folletos, cursos didácticos y programas. Ha impartido cursos especializados y diplomados en varias instituciones culturales del país y ha participado como ponente en conferencias científicas y simposios realizados en el país y el extranjero. Es miembro fundadora de la Asociación Dominicana de Historiadores del Arte ADHA y forma parte de su junta directiva.

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