El encuentro futbolístico entre República Dominicana y Haití en el Estadio Félix Sánchez dejó una huella que trasciende el marcador deportivo. De acuerdo con datos publicados en diversos medios de comunicación, unas 23,000 personas habrían asistido al recinto deportivo, estableciendo una marca histórica de boletería para una selección de conjunto.

Lo que más ha llamado la atención del público es que, según analistas y crónicas periodísticas, la gran mayoría de las graderías estuvo ocupada por la fanaticada visitante, mientras que la asistencia local se percibió considerablemente menor, generando una intensa conversación social.

Aunque no existen estadísticas oficiales desagregadas por nacionalidad, las imágenes y reportes de prensa sugieren una movilización de notable magnitud por parte de la comunidad haitiana.

Acudir de manera tan masiva a un evento de esta índole implica un despliegue organizativo y económico que desafía la percepción habitual sobre la capacidad de consumo de dicho colectivo. De confirmarse la disparidad de asistencia señalada en las crónicas, el gasto en boletería, transporte y logística evidenciaría una cohesión y una disposición de recursos que merecen un análisis sociológico detallado.

Muchos argumentarán que la baja presencia local se debe a que la República Dominicana es un país tradicionalmente beisbolero, aun cuando el fútbol vive un claro auge y cada vez más jóvenes lo practican. Sin embargo, ese argumento explicaría un estadio con gradas desiertas o tibias, pero no un recinto completamente abarrotado de fanáticos rivales.

Lo verdaderamente relevante no es la ausencia de una masa dominicana, sino la capacidad demostrada de la fanaticada visitante para llenar por completo el recinto. El fondo del debate reside en ese masivo e imponente lleno que rebasó cualquier expectativa previa. La llamativa presencia en las tribunas ha sido interpretada por diversos sectores como una clara señal de identidad, unidad y sentido de pertenencia de los migrantes residentes.

Para muchos observadores de la realidad nacional, esta concurrencia no fue un hecho meramente casual, sino una manifestación espontánea u organizada de fuerza y visibilidad en un espacio emblemático. La rapidez y eficacia con la que pareció articularse esa convocatoria demuestra la efectividad de sus canales internos de comunicación, logrando llenar el principal escenario deportivo de la ciudad capital.

Ante la envergadura del fenómeno reportado en los medios, surgen interrogantes sobre la logística y las estructuras que pudieron haber facilitado semejante nivel de asistencia. Se debate en la opinión pública si detrás de esta masiva concurrencia existieron redes comunitarias, liderazgos locales o esquemas de apoyo coordinados para garantizar esa imagen de absoluto respaldo.

Más allá de las especulaciones sobre posibles financiamientos, los hechos divulgados sugieren que un grupo social considerado a menudo disperso logró mostrar una capacidad de convocatoria sin precedentes. Lo ocurrido en el Centro deportivo Feliz Sánchez debe ser abordado como un indicador relevante de las dinámicas demográficas y sociales que atraviesa el país.

Ignorar la trascendencia de estos acontecimientos o restar valor a lo difundido por los medios equivaldría a desatender trasformaciones cotidianas de gran calado. Las estimaciones de asistencia vertidas tras el partido del 1 de octubre no deben verse como simples números de taquilla, sino como el reflejo de una comunidad activa, articulada y con capacidad de presencia en la vida pública.

La frase «seguir en Belén con los pastores» cobra vigencia cuando se analiza la complacencia o el desinterés con que a menudo se examinan estas dinámicas sociodemográficas. No se trata de articular discursos alarmistas, sino de observar con objetividad y rigor las transformaciones que ocurren en el entorno territorial y social.

El encuentro deportivo concluyó con un resultado en la cancha, pero la verdadera lectura de la jornada se encuentra en las graderías y en las señales que nos invitan a reflexionar seriamente sobre la realidad nacional.

Rafael Ramirez Medina

Ejecutivo turístico

Rafael Ramírez Medina, es egresado de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde obtuvo los títulos de Licenciado en Economía y Contabilidad, con una maestría en Administración y Finanzas en la misma universidad. Posee una vasta experiencia de más de 30 años en el área de Administración y Finanzas, ocupando diversas posiciones de mucha responsabilidad en empresas como la PriceWaterhouseCoopers (PwC), Banco BHD, Falconbridge Dominicana, Grupo Farah y Grupo Puntacana. Actualmente es el Oficial de Cumplimiento del Grupo Puntacana. Es además, el creador de la columna Finanzas para no financieros del periódico semanal Bavaro News, donde expone artículos de interés financiero, y es el Autor del libro Finanzas para no Financieros, publicado en el año 2019. Rafael Ramírez es certificado por la FIBA AMLCA. La certificación FIBA AMLCA es reconocida a nivel internacional brinda una base sólida de conocimientos en materia de prevención de lavado de activos y contra el financiamiento del terrorismo (AML/CFT), por la federación internacional de bancos americano ha participado en varios seminarios, talleres y diplomados, tanto a nivel nacional como internacional, tocando temas como: Lavado de Activos (Finjus), Certified Professional in Anti Money Laundering de Florida International Bankers Association (FIBA), Programa de Eficiencia Grupo Puntacana (Instituto Tecnológico de Monterrey), Seminario Internacional de Economía y Contabilidad (Cuba) , Operacionalización de la estrategia (Link Gerencial) Eficiencia Operativa y Financiera de los Aeropuertos (Costa Rica) etc.

Ver más