No es novedad, pero es más necesario que nunca, continuar recordando insistentemente que los discursos y las narrativas creadas desde poderes coloniales han sido vehículos usados para avanzar agendas oficiales y exaltar el poder de los imperios, ante sus poblaciones y ante el mundo. Borrar lo que sucedió, cómo sucedió o crear versiones alternas… hacer gaslighting histórico.
Según investigaciones de varios estudiosos, la producción de conocimiento colonial y las narrativas versadas en relación con el sujeto colonial, en estos discursos, oscilan entre representaciones basadas en la dicotomía bárbaro/dócil, con el fin de deshumanizar al Otro colonizado desde la perspectiva opresora.
Años atrás, durante mi época de estudiante en la University of Miami, una de mis profesoras del seminario de Historia Intelectual del Caribe me introdujo a las hermanas Nardal de Martinique, Jane y Paulette. Desde ese momento, nunca las olvidé.
A medida que pasa el tiempo, me gusta sonreír, más enfáticamente, al recordar el poder de las conspiraciones tejidas por algo mayor en conjunción con una frase, una recomendación, una palabra o un gesto de un profesor, en el momento certero y sin querer queriendo. Kate Ramsey, historiadora, antropóloga, experta en el Caribe, especialmente en Haití, con profundo interés en historias de la religión, las leyes, la medicina, la sanación, los museos, el performance y el arte visual. Miembro de la junta directiva de KOSANBA (Asociación Académica para el Estudio del Vudú Haitiano), fue una de esas profesoras y un faro en el cual vi la pirotecnia que yo podría crear, siguiendo el llamado de mi inspiración…
Las hermanas Nardal, caribeñas de la isla de Martinique, fueron parte de la primera generación de mujeres estudiantes negras, francófonas, viviendo en París. Todo esto en el período entre las dos guerras mundiales, en los años treinta. Desde su vivencia, confrontando los dolores que la comercialización de lo exótico como estereotipo colonial traía para las mujeres afrodescendientes, en un momento en que la infatuación masiva con los ritmos negros transnacionales (jazz, biguine, etc.) y las interpretaciones distorsionadas de cuerpos negros femeninos abundaban en París. Varios autores mencionan la soledad, el aislamiento y la dislocación como los sentimientos comunes entre mujeres de clase media y alta, luego de su llegada a París en el período entre guerras, dados el sexismo y el racismo prevalentes: "donde las chicas negras de mejor clase, muchas veces orgullosas y sensibles, tenían momentos difíciles, pues los muchachos negros están muy interesados en hacer conquistas en el nuevo campo de juego europeo, las dejan tristemente solas, y los franceses no están interesados en ellas…". Aun cuando la discriminación fue una compañera implacable para las hermanas Nardal, también fue el agente catalizador para sus procesos creativos durante sus años en París. Las hermanas Nardal elevaron su Salón Nardal, un espacio transnacional alterno, que permitiría la articulación de ideas e identidades libres de traducciones distorsionadas y apropiaciones exotizantes; un círculo de amigos (como las Nardal preferían llamarlo) y un espacio liminal, desde el cual se fomentaban puentes de solidaridad entre diferencias… estudiantes e interesados del Caribe, Estados Unidos y África en París.
En principio, este espacio surgió de una necesidad femenina de conexión, desde la dislocación, en un momento donde los mundos se encontraban y llegaban entendimientos de las fantasías que el colonizador proyectaba en los cuerpos extranjeros, creando aún más separación. Al mismo tiempo, alimentando la representación cultural a partir de la literatura en base a la figura de la doudou. Una parte integral de la imaginación imperial francesa desde finales del siglo XVIII. Una imagen altamente erotizada y exótica de las mujeres antillanas. Ella, la doudou, personificaba una mujer mulata o una negra antillana quien, luego de entregarse a los avances románticos de un hombre francés, visitante de las islas, la abandonaba y dejaba embarazada. Con el tiempo, el concepto de la doudou ganó fuerza, dando lugar a la marca de literatura colonial conocida como doudouismo o literatura doudou. Ella representaba la mujer colonial, pero también servía de alegoría fundacional para las islas y para la relación metrópolis-colonia. Mujeres caribeñas como alegoría de las islas servían para perpetuar el exotismo que creaba percepciones de las colonias caribeñas y sus mujeres mulatas y negras como vulnerables. Sin olvidar que son accesibles fantasías fáciles de comercializar entre no solo lectores metropolitanos, sino también escritores antillanos y turistas. Este tipo de literatura servía de “libro de gramática” para los franceses y las poblaciones caribeñas coloniales.

El libro de gramática estaba impregnado de lecciones sobre “primitivismo” negro, como una parte esencial de la naturaleza negra. Estos escritos caricaturizaban a los africanos (hombres y mujeres) como seres cuyo factor común era su atavismo. La nociva representación de estos escritos construía al africano como un pseudoanimal regido por sus instintos. ¿Y para qué todo esto? Las imágenes deformadas de las colonias caribeñas francesas y de los sujetos coloniales operaban suprimiendo las complejas realidades de las islas caribeñas bajo dominio francés. Estas imágenes reemplazaban cualquier retrato de inequidades sociales, conflictos de clases y deplorables condiciones bajo las cuales los nativos tenían que trabajar. ¡Ellas llevaban una visión borrosa del paraíso tropical!
Mediante el dominio de la representación cultural, los franceses disminuían las posibilidades de resistencia alterna o el despliegue de imágenes antiimperialistas de mujeres caribeñas. Por lo tanto, la apropiación de representación cultural se convirtió en una importante herramienta de dominio colonial.
Justo aquí es donde es vital el Salón Clamart, pues es desde este espacio de intercambio, acogida y conversación que se postulaban diferentes interpretaciones de realidades políticas, simbólicas o económicas. Las hermanas Nardal escribían sus planteamientos en La Revue du Monde Noir (periódico cultural bilingue de la diáspora) y es uno de los artículos de Jane Nardal, Exotic Puppets/Marionetas Exóticas, donde ella discute cómo artistas afrodescendientes, en la metrópolis, tendrían el poder de desestabilizar la caja de accesorios exóticos que los aprisiona en jaulas de estereotipos maleables, impuestos desde la narrativa colonial. Entre estos artistas, Josephine Baker es una de las protagonistas de esta desestabilización…
El Salón Clamart tuvo como visitantes regulares a figuras del movimiento de renacimiento de Harlem, Langston Hughes, además de Aimé Césaire, Léopold Sédar Senghor y René Maran, quienes escuchaban, articulaban y compartían con las hermanas Nardal en su espacio, alimentándose de sus ideas, años antes de elevar la idea de negritud, ya tratada en el Salón Clamart por ellas. Las mismas mujeres que años más tarde ellos tacharían, en tono depreciativo, de burguesas, siguiendo impulsos y "cosas" de mujeres. ¿Suena familiar?
Entonces, este espacio de fertilización desde el salón de una casa, ¿alimentó un concepto que movilizó fuerzas internacionalmente en contra de las narrativas colonizadoras y promotoras, que no son reconocidas?
Ahora bien, voy a dislocarme a São Paulo y al año 2025, cuando durante un evento en el Instituto Tomie Ohtake tuve la oportunidad de conversar con el intelectual martiniqués Patrick Chamoiseau, discípulo de Édouard Glissant. Llena de entusiasmo, le pregunté sobre las hermanas Nardal, y él me respondió de inmediato: “Sobre ese asunto, no comparto el mismo entusiasmo que usted”. Decidí decirle adiós y seguir a otra cosa. No obstante, leyendo su último libro, creo entender de dónde viene esa falta de interés por la historia de estas mujeres. Siento que es un asunto ancestral. Mientras eso reposa en algún lugar útil, voy a seguir en mi dislocación, abriendo otras fisuras…
REFERENCIAS
Edwards, Brent. The Practice of Diaspora: Literature, Translation and the Rise of Black Internationalism. Boston: Harvard University Press, 2003.
Nardal, Jane. Exotic Puppets, en La Revue du Monde Noir, 1928
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