La cibernética se expande en el ámbito digital, la inteligencia artificial y las neurotecnologías, intensifica la mediación algorítmica de la vida cotidiana y transforma el saber tecnocientífico. Esta expansión, junto con la crisis ambiental y las nuevas formas de poder que configuran el cibermundo, nos exige preguntarnos no solo qué podemos llegar a ser, sino también qué formas de vida deseamos construir y qué principios éticos deben orientar ese porvenir.
Pensar el futuro humano constituye hoy una tarea filosófica ineludible, estrechamente vinculada con las decisiones que tomamos en el presente: en ese aquí y ahora que evoca la reflexión poética y ensayística de Octavio Paz.
Bajo esa preocupación se desarrolló, del 22 al 25 de septiembre de 2026, el Seminario Internacional «Filosofía de la Ciencia, Ética y Futuro Humano», en la República Dominicana. Un encuentro que reunió a filósofos e investigadores de la República Dominicana, España y México. Un espacio que reunió docentes, estudiantes y autoridades académicas para pensar algunas de las cuestiones más complejas que acompañan a la ciencia y la tecnología de nuestro tiempo.
El seminario inició el 22 de septiembre en el Paraninfo Dr. Ricardo Michel de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). En el acto de apertura estuvieron presentes el rector de la UASD, doctor Jorge Asjana David, y el rector de la Universidad Nacional para la Defensa General Juan Pablo Duarte y Díez (UNADE), mayor general Rafael Vásquez Espínola, institución coanfitriona en la que posteriormente concluyó el encuentro. Este acto de apertura adquirió un significado que trascendió el protocolo: dos universidades dominicanas acogían un debate internacional sobre las relaciones entre conocimiento, técnica, responsabilidad y destino humano.
Por la UASD participaron la vicerrectora Docente, Rosel Fernández, el vicerrector Administrativo, Antonio Ciriaco Cruz; el vicerrector de Extensión, Gerardo Roa Ogando; el exvicerrector de Investigación y Postgrado, Radhamés Silverio González; la decana de la Facultad de Humanidades, Ana Jacqueline Ureña; la decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Maribel Lorenzo, y el director de la Escuela de Filosofía, William Mejía Chalas.
También se contó con la asistencia de los representantes del ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT), Stalin Cordero, director de investigación y en representación de Genaro Rodríguez Martínez. En el marco de las actividades del simposio, el Instituto Dominicano de Investigación de la Ciberesfera (INDOIC) y la Asociación Iberoamericana de Filosofía de la Ciencia y la Tecnología (ASIFICyT) otorgaron reconocimientos a intelectuales y académicos por su apoyo y sus contribuciones al V Congreso de Filosofía de la Ciencia y la Tecnología, celebrado en mayo de 2025.
Entre los reconocidos se encuentran el exministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, Dr. Franklin García Fermín; Dr. Radhamés Silverio, exvicerrector de investigación de la UASD, Rosalía Sosa, exvicerrectora de extensión de la referida universidad, José Marmol, Premio nacional de Literatura y Ramón Herrera Caburcia, presidente de la Academia de las Ciencias de República Dominicana.
La organización de este simposio articuló esfuerzos de la UASD, la UNADE, MESCyT, la Escuela de Filosofía de la UASD, ASIFICyT, INDOIC. También recibió el respaldo de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, la Asociación Dominicana de Filosofía (ADOFIL), la UNESCO y el Banco Popular Dominicano. Esa convergencia institucional demostró un aspecto fundamental para el sentido del seminario: los desafíos asociados con la ciencia y la tecnología han alcanzado tal complejidad que su discusión requiere vincular universidad, Estado, filosofía, investigación y sociedad.
El ámbito internacional del evento estuvo representado por los destacados pensadores españoles Nicanor Ursúa, Javier Echeverría, Luis Garagalza, Víctor Gómez Pin, José Ignacio Galparsoro y por Jorge Enrique Linares Salgado, de México y copresidente de la Asociación Iberoamericana de Filosofía de la Ciencia y la Tecnología. Por la República Dominicana participaron Andrés Merejo, Edison Minaya, Leonardo Díaz, Rita Pérez, Yvelisse Melo, María Cristina Ortiz Monagas, Noemí Tejeda y Altagracia Suriel, junto con otros académicos. La relatoría de las intervenciones estuvo a cargo de Edwin Santana, William Mejía y Jairol Sarmiento.
Más que una sucesión de exposiciones, sus participaciones fueron configurando un diálogo en torno a los fundamentos del conocimiento, la condición humana, las transformaciones tecnocientíficas y las responsabilidades que nacen de nuestro creciente poder para intervenir sobre la naturaleza, los cuerpos, la información y la vida social.
La conferencia de apertura estuvo a cargo del Dr. Javier Echeverría Ezponda: «Tecnohumanos y necroéticas». Su planteamiento introdujo desde el comienzo una cuestión perturbadora: las tecnologías han comenzado a modificar incluso nuestra relación con quienes habían muerto. Fotografías, voces, documentos, datos, imágenes y memorias pueden permanecer activas en espacios tecnológicos después de la desaparición corporal de una persona. Pensar la necroética significa, por tanto, interrogarse acerca del respeto debido a la imagen, la memoria, los aportes y la identidad de quienes ya no se están físicamente entre nosotros.
Echeverría articuló esa reflexión con la existencia de diferentes entornos: el de la naturaleza, los ámbitos sociales y aquel constituido por el ciberespacio, la virtualidad y las tecnologías que lo sostienen. Afirmó que la vida humana dejó de transcurrir exclusivamente entre objetos materiales y relaciones presenciales; comenzó también a desenvolverse mediante redes, plataformas, dispositivos y representaciones capaces de prolongar determinadas dimensiones de nuestra existencia. De ahí que su reflexión sobre los «tecnohumanos alcance una profundidad filosófica particular. No se trata únicamente de nuevas herramientas, sino de modificaciones en las formas de presencia, memoria e interacción, lo que he llamado el sujeto cibernético.
Las jornadas desarrolladas en la UASD comprendieron seis paneles registrados por la relatoría y un conjunto de conferencias que extendieron las discusiones hacia distintos territorios del pensamiento. Los paneles abordaron «Filosofía de la ciencia, ética y futuro humano»; «Entre el dato y el sentido: Hermenéutica, Ciencia y Experiencia Humana»; «Retos de la Inteligencia Artificial ante la Educación y el Futuro Humano»; «Futuro humano: perspectivas filosóficas sobre ciencia y ética»; «Inteligencia humana versus inteligencia artificial», y «Retos éticos de la filosofía y la tecnología». Cada uno abrió una entrada diferente hacia una preocupación común: cómo continuar produciendo conocimiento y desarrollando tecnologías sin separar esas capacidades de las responsabilidades humanas que inevitablemente las acompañan.
En uno de esos primeros diálogos, los doctores Nicanor Ursúa, Luis Garagalza, José Ignacio Galparsoro y quien escribe, reflexionamos sobre el futuro de la ciencia, sus avances y las preguntas éticas derivadas de ello. El debate trasladó la discusión desde lo que la ciencia podía hacer hacia aquello para lo cual debía emplearse. El desarrollo científico adquirió sentido humano en el conversatorio cuando se preguntó por sus destinatarios, sus consecuencias, las desigualdades que podía profundizar y su contribución al bienestar colectivo.
En el segundo día del seminario, Víctor Gómez Pin abordó el «Persistente reto filosófico (Mecánica cuántica) versus desafío meramente potencial (singularidad tecnológica)» y puso bajo examen la idea de que el desarrollo creciente de la inteligencia artificial condujera necesariamente hacia una inteligencia equivalente o superior a la humana en todos sus sentidos.
Su discurso filosófico analizó la velocidad de cálculo, la capacidad para procesar grandes cantidades de información y la producción de respuestas lingüísticamente convincentes plantean desafíos indudables, un problema que llevó hacia un terreno filosófico más profundo: ¿generar una respuesta equivale a comprender aquello que se decía? ¿Procesar información significa pensar? ¿Puede una máquina formular juicios acerca de lo verdadero, lo justo o lo bello?
Su argumentación recordó que los seres humanos emitimos continuamente juicios cognoscitivos, éticos y estéticos. Valoramos la verdad o falsedad de una afirmación, la justicia de una acción o la belleza de una obra. Esa capacidad fue relacionada con el lenguaje humano y diferenciada de los sistemas de señales presentes en otras especies. El ejemplo de la danza de las abejas mostró que comunicar información sobre la ubicación de un alimento no equivale necesariamente a la complejidad semántica, reflexiva y responsable del lenguaje humano. Desde esa comparación surgió una de las preguntas decisivas del seminario: qué ocurre cuando comenzamos a atribuir pensamiento, comprensión o responsabilidad a tecnologías capaces de conversar con nosotros.
Por esa vía, la denominada singularidad tecnológica dejó de aparecer simplemente como una profecía sobre un futuro dominado por máquinas superiores. Se convirtió en un problema filosófico susceptible de ser sometido a crítica. La cuestión fundamental dejó de ser únicamente cuánto podía avanzar la inteligencia artificial y pasó a ser qué entendíamos por inteligencia, comprensión, juicio, lenguaje y humanidad. La singularidad tecnológica quedó confrontada con otra dimensión mucho más difícil de reducir a cálculos: la singularidad humana.
Jorge Enrique Linares Salgado amplió el análisis de este problema en su conferencia «La IA dialógica y el intelecto agente». Su reflexión examinó una inteligencia artificial que ya no puede comprenderse únicamente como herramienta pasiva de clasificación o cálculo, porque la interacción lingüística comienza a incorporarla a procesos cognitivos cada vez más complejos. La IA dialógica puede participar en conversaciones, reorganizar información, formular respuestas y convertirse en mediación del pensamiento humano. Esa posibilidad obliga a reconsiderar las fronteras entre herramienta, interlocución e intelecto agente.
Lejos de cerrar la cuestión, aquella intervención la hizo más compleja. Si una tecnología interviene en nuestros procesos de búsqueda, escritura, razonamiento y decisión, ¿hasta qué punto modifica también las condiciones bajo las cuales pensamos? La inteligencia comienza a adquirir una dimensión supraindividual en la que seres humanos, lenguajes, dispositivos, bases de datos y algoritmos se articulan dentro de redes cognitivas. El problema ético reside entonces en impedir que esa ampliación de las capacidades intelectuales termine debilitando la autonomía y la responsabilidad.
Otro momento importante fue el panel «Entre el dato y el sentido: Hermenéutica, Ciencia y Experiencia Humana», en el que los doctores Edison Minaya e Ignacio Garagalza discutieron la relación entre los datos científicos y su interpretación. Allí se cuestionó la idea de que un dato pudiera hablar enteramente por sí mismo. En este panel se arribó a la conclusión de que los datos se producen, seleccionan, clasifican e interpretan dentro de marcos de significado.
El panel «Futuro humano: perspectivas filosóficas sobre ciencia y ética» reunió a las doctoras Rita Pérez, Yvelisse Melo, María Cristina Ortiz Monagas y Noemí Tejeda. Sus intervenciones mostraron cómo los cambios tecnológicos habían penetrado dimensiones cada vez más íntimas de la vida. Noemí Tejeda desarrolló el concepto de «cibercuerpo» para pensar las formas en que la interacción con entornos tecnológicos estaba modificando nuestra experiencia de la corporalidad y de la identidad.
Yvelisse Melo analizó la segmentación de mercados y el cibermarketing, mostrando cómo la acumulación y el procesamiento de datos permitían clasificar consumidores, anticipar conductas e influir sobre decisiones. La publicidad deja de dirigirse de forma indiferenciada a grandes públicos para insertarse progresivamente en perfiles construidos a partir de hábitos, búsquedas, desplazamientos e interacciones.
Por su parte, Ortiz Monagas examinó las antinomias educativas provocadas por los procesos tecnológicos. Sostuvo que la educación enfrenta la necesidad de incorporar innovaciones que transformen las formas de enseñar, aprender y producir conocimiento, mientras debía preservar la autonomía intelectual y evitar que la fascinación por las herramientas sustituyera la formación crítica.
En otra de las intervenciones, Jorge Enrique Linares Salgado, Leonardo Díaz y quien escribe, discutimos los «Retos éticos de la filosofía y la tecnología». Allí se analizó la responsabilidad humana en el desarrollo de la inteligencia artificial, el poder que los algoritmos pueden ejercer sobre determinadas decisiones y la necesidad de proteger la dignidad humana, autonomía y justicia dentro de un mundo crecientemente cibernético.
Aquella discusión tocó un punto central: detrás de cada sistema automatizado continúan existiendo decisiones humanas e institucionales. Los algoritmos son diseñados, entrenados, implementados y utilizados dentro de estructuras económicas, políticas y sociales determinadas. La responsabilidad ética no puede descargarse sobre una abstracción llamada tecnología. Hay que identificar quién la diseña, quién la controla, qué datos emplea, qué objetivos perseguía y quién respondía cuándo sus decisiones producen consecuencias adversas.
En el panel «Inteligencia humana versus inteligencia artificial», Javier Echeverría, Víctor Gómez Pin y quien escribe abordamos las relaciones y diferencias entre ambas. Este debate invita a preguntarnos qué significa pensar, comprender y producir conocimiento en un cibermundo cada vez más mediado por algoritmos. La cuestión filosófica va más allá de comparar capacidades de cálculo o procesamiento de información: exige reflexionar sobre la conciencia, la experiencia, la creatividad y la responsabilidad ética, así como sobre las transformaciones que estas tecnologías introducen en nuestra manera de comprender lo humano.
El cierre del Seminario Internacional «Filosofía de la Ciencia: Ética y Futuro Humano» se realizó en la sede de la UNADE, con una conferencia del doctor en Filosofía Nicanor Ursúa, sobre el uso de la inteligencia artificial en el control fronterizo y la migración. En una próxima entrega analizaremos el contenido de esta conferencia magistral y las implicaciones éticas, políticas y humanas de los temas abordados.





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