En el año 1962, un destacado físico, historiador y filósofo de nombre Thomas Kuhn introdujo el concepto de paradigma, para referirse a ideas que en determinadas épocas se asumen como verdades absolutas, pero que con el tiempo dejan de tener vigencia al no poder responder ante las necesidades presentes.

La historia de las relaciones entre los hombres y las mujeres ha estado condicionada por un paradigma de dominación de un sexo sobre otro, lo masculino sobre lo femenino, generándose así un sistema de transmisión sociocultural de códigos perversos que durante siglos han normalizado el sometimiento y el control sobre las mujeres.

En República Dominicana, en la época colonial, el feminicidio estaba protegido por un sistema que concebía a las mujeres como simples posesiones y seres subordinados al capricho y plena voluntad del hombre. Tanto el Estado de entonces como las demás instituciones alienaban a las mujeres y a los hombres para que vieran esto como normal.

Las bases ideológicas que sostenían de forma descarada la anulación de los derechos de las mujeres se mantuvieron inamovibles hasta que el mundo inició una forma gradual de globalización, sobre todo en la construcción de un Estado de derechos que integrara a las mujeres como ciudadanas libres y con espacio público al servicio de su desarrollo. Un gran referente para este impulso fueron los avances de la década de los años setenta del siglo pasado.

Durante esos años el modelo de familia tradicional entró en crisis; las mujeres ganaron espacio en la esfera pública; el imaginario masculino de una mujer sometida y subyugada dentro del hogar fue desafiado de manera frontal. El aprendizaje a partir de los movimientos civiles de las dos décadas anteriores, que lucharon en favor de la igualdad racial de derechos, fue muy bien aprovechado por el movimiento de mujeres para reclamar respeto al principio de igualdad, que adornaba textos constitucionales pero no se cumplía en el caso de ellas.

La ciencia hizo sus aportes gracias a figuras como Lenore Walker, quien publicó el libro La mujer maltratada en el año 1979; en 1976 Diana Russell ya había introducido el concepto de femicidio, en una conferencia ante el Tribunal Internacional sobre Crímenes en Contra de las Mujeres, para referirse a los asesinatos de mujeres por el hecho que representaba el riesgo de ser mujeres; Evan Star y Judith Herman iniciaron estudios importantes a partir de casos emblemáticos que también ocurrieron en esa década, como son el secuestro de la joven Patty Hearst en 1974, que luego fue juzgada al cometer actos criminales en favor de sus captores, y el ya clásico evento de asalto en la ciudad de Estocolmo en el año 1973, donde tras seis días de cautiverio los rehenes llegaron a defender a sus secuestradores e incluso se negaron a testificar en contra de ellos.

Estos autores, a través de los estudios que hicieron en esa década, aportaron posteriormente conceptos que todavía hoy orientan la comprensión de los procesos que viven las mujeres cuando son violentadas, y explican por qué se les hace tan difícil salir de relaciones donde reciben violencia, entre ellos: el síndrome de la mujer maltratada y el círculo de la violencia (Walker, 1979); el control coercitivo (Star, 2007); y el vínculo traumático (Herman, 1992).

En República Dominicana iniciamos un interesante proceso con miras a cambiar la realidad de la violencia hacia las mujeres, fortaleciendo la respuesta institucional desde el Estado. En 1997 se promulgó la Ley 24-97; dos años después surgió el Ministerio de la Mujer, en 1999; a partir del año 2005 se observa una escalada prometedora de iniciativas, entre las cuales se encuentran las gestionadas por la Procuraduría General de la República, entre ellas: creación de una Dirección Nacional Contra la Violencia de Género, que coordina las estrategias de persecución, sanción, reparación y protección de los derechos de las víctimas. Se crean y abundan a nivel nacional tanto las Procuradurías Fiscales de Atención Integral a la Violencia a nivel barrial en el Distrito Nacional y todo el país, con una presencia de 56 unidades; una línea de auxilio que funciona las veinticuatro horas; el funcionamiento de tres Centros de Intervención para reducir el riesgo de violencia en la conducta masculina, que incluyen dos centros regionales; un Centro de Atención a Sobrevivientes, dirigido a la recuperación emocional de las mujeres afectadas de violencia de género. Todos estos espacios son gestionados por personal especializado.

Recientemente esta misma institución puso en marcha los ambiciosos proyectos del Servicio Nacional de Representación Legal de las Víctimas (RELEVIC), para dar asistencia legal gratuita a las mujeres víctimas de violencia, y la iniciativa VITALIA, un mecanismo de integración interinstitucional para la detección a tiempo de riesgos o factores que representen peligro para las vidas de las mujeres.

Por su parte, el Ministerio de la Mujer tiene 54 oficinas provinciales y municipales que dan servicios de asistencia psicológica y legal. Todas tienen psicólogas y abogadas. De igual forma gestionan 18 casas de acogida en todo el país y dos Centros de Promoción a la Salud Integral de Adolescentes. Este ministerio promueve y ejecuta varios programas de autonomía económica para las mujeres. Como organismo rector en políticas de igualdad, lidera el Gabinete de Mujeres, Niñas y Adolescentes, que integra a todas las instituciones relevantes para prevenir toda forma de violencia en cualquier edad. Recientemente integró el proyecto de Consulta Nacional para la Reducción de Riesgos de Violencia Hacia las Mujeres: Voces que Aportan Soluciones desde la Población Masculina.

El país cuenta también con la Policía Nacional, que gestiona la Dirección Especializada de Atención a la Mujer y la Violencia Intrafamiliar, con varios ejes temáticos, entre ellos: el eje de prevención, el eje de atención y protección a víctimas y el eje de persecución y sanción. Dentro del Estado, gran parte de las instituciones mantienen departamentos que incentivan la equidad de género e impulsan jornadas de sensibilización sobre el tema de la violencia hacia las mujeres.

De igual forma, instituciones sin fines de lucro como el Patronato de Ayuda a la Mujer Maltratada (Pacam), Fundación Vida Sin Violencia, ProFamilia, el Centro Profesional Psicólogos Unidos, Inc., entre otras dentro de un largo listado, coronan un esfuerzo institucional organizado de nuestra sociedad para dar respuesta a las necesidades de abordaje de un problema complejo que requiere estrategias de prevención, reparación, atención, gobernanza y persecución.

Gracias a la estructura antes descrita y varios factores de protección que analizaré en otro artículo, el quinquenio (periodo de cinco años) que precede al periodo que inició el pasado año registró la tasa más baja de feminicidios en comparación con los quinquenios anteriores, tomando como punto de partida el año 2005, como figura en el cuadro que incluye hasta el año 2024.

Feminicidios y el paradigma del sufrimiento

El año pasado (2025), que no figura en el cuadro, se registró una disminución histórica y sin precedentes para mantener la tendencia a la baja al totalizar 49 casos. Visto lo anterior, surgen algunas preguntas:

¿Cuáles factores explican el brote de casos que se reportan en los primeros cuatro meses de este año, justo cuando las instituciones redoblan sus respuestas e implementan acciones creativas para reforzar las anteriores? ¿Cómo es posible que, desde la cantidad más baja de casos obtenida en un solo año, pasemos a tener en la fecha de hoy una cantidad cercana, pero apenas en un tercio del año?

¿Cómo se explica que un esfuerzo de nación que parecía mostrar esperanzas de caminar hacia el mantenimiento de una significativa reducción de asesinatos de mujeres, sobre todo en manos de parejas o exparejas, se vea empañado por un resurgimiento tan grosero, atrevido y perverso de muertes como las que estamos viviendo en la actualidad?

Más que respuestas contundentes, formulo otras preguntas para llamar a la reflexión ciudadana sobre un problema que no solo amerita respuestas desde el Estado, sino de un amplio segmento de la población que parecería resistirse, como diría, parafraseando a Thomas Kuhn, a renunciar al paradigma de dominación, oprobio y posesión sobre las mujeres. Cuando hay un brote o elevación inusitada de casos en comparación con casos anteriores, uno de los primeros sospechosos de elevación del riesgo es la forma como se difunde la información sobre los hechos criminales ocurridos desde los espacios de socialización de primer orden: familia, escuela, comunidad, iglesias y, sobre todo, los medios de comunicación, tanto tradicionales como redes sociales. Algunas de las cuestiones que plantean preguntas en este contexto son las siguientes:

¿Se está relanzando el machismo con una nueva versión (neomachismo) que ahora pauta las muertes de las mujeres en varios asesinatos emocionales previos antes del golpe fatal, pasando algunas de estas fases inadvertidas por la población?

¿Se están justificando los crímenes cuando se tiende a culpar más a las instituciones que trabajan para impedirlo que a los mismos criminales?

¿Se está suavizando el horror de lo que ocurre con el autor del crimen cuando se usan términos anodinos para los agresores? (¿Estaba estresado, deprimido, celoso, tenían una disputa marital?)

¿Se está abusando desde el discurso público, tanto en medios formales como en redes sociales, de afirmaciones atenuantes y eximentes de responsabilidades hacia los agresores cuando seguimos dando diagnóstico de enfermos y descontrolados sin haberlos evaluado?

¿Se está revictimizando a las víctimas y reivindicando a quienes cometen el crimen cuando insinuamos o decimos de forma pública, como se escucha sobre todo en redes, que las mujeres asesinadas "eran tremendas", "chapeadoras", "abusadoras", "aprovechadoras", "llevó a ese pobre hombre al límite", "las mujeres tienen que cambiar", "las matan porque cuando ellas consiguen lo que quieren luego dejan a los hombres"?

¿Se están publicando las informaciones que presentan a las víctimas como responsables de los propios crímenes de que son víctimas?

¿Se dieron cuenta algunos de los lectores de este artículo, sobre todo hombres, del peligro inminente en que se encontraban algunas de esas mujeres y no hicieron algo para impedirlo?

¿Se están resaltando las bondades de los agresores como "hombres de trabajo", "líderes comunitarios" y a las víctimas como una "mala madre", "mujeres complicadas" o "mala mujer"?

¿Estamos exponiendo las historias de las vidas íntimas de las víctimas de forma morbosa y sensacionalista, dejando de lado lo condenable de la situación de violencia a que han sido sometidas?

¿Estamos en alguna medida despertando con nuestras ideas hostiles y mal manejadas desde los medios, sobre todo redes sociales, el lado criminal del machismo, que estuvo de siesta, mas no completamente dormido durante los últimos años?

¿Se está reinventando, y sobre todo sofisticando, el machismo, no solo para consumir a las mujeres psicológica y físicamente, sino también tratando de asesinar los símbolos que representan para ellas seguridad y protección?

¿Se siguen imponiendo los valores de la masculinidad clásica, que perciben a las mujeres más como objetivo de dominación que como agente de desarrollo y transformación de sí mismas y la sociedad?

¿Están algunas instituciones, sobre todo de primer nivel (familias, escuelas, comunidad), asumiendo un silencio ingenuo ante el paradigma de la muerte que representan los valores de dominación de la masculinidad clásica? ¿Hay ausencia de alguna propuesta desde esos escenarios para definir un nuevo paradigma de hombre centrado en el respeto a la igualdad de derechos, y la renuncia a la dominación, posesión y control sobre las mujeres como modelo de nuestras relaciones con ellas?

En caso de que todas o la mayoría de las preguntas sean respondidas afirmativamente, les tengo una mala noticia: las mujeres seguirán en peligro, independientemente de la buena labor que hagan las instituciones.

La buena noticia es que, si cambiamos los contenidos de las narrativas que encierran estas preguntas, compartiendo datos útiles que confirmen lo intolerable que es cualquier agresión hacia las mujeres, tendremos esperanza de cambiar el panorama actual.

Será interesante que interroguemos constantemente a la población sobre cómo podemos lograr mejores cosas sin apelar a la violencia. Y aquí me dirijo a los hombres. Si estás frustrado, amargado, hostil o prejuiciado con las mujeres, es el momento de pensar en que eres el mejor candidato para protegerlas del peligro que representas para ellas. Si lo asumes así, ellas serán las mujeres más seguras del mundo, puesto que a partir de ahora los mejores candidatos para arruinar su destino son los que ahora se muestran dispuestos a dar lo mejor de sí para alejarlas de los efectos de tu paradigma controlador, posesivo y dominante.

Tienes mucho que dar, hombre dominicano: amor, buenos tratos, aceptación y respeto para las decisiones que toman las mujeres, sobre todo si no quieren mantener una relación contigo. Y lo más importante, puedes acompañar a otros hombres para que se puedan liberar del paradigma del oprobio y de la muerte, aprendiendo a ver y valorar la existencia y los logros sociales de las mujeres como algo digno de celebrar y apreciar.

Luis Norberto Verges

Soy psicólogo clínico y terapeuta familiar y de pareja; doctorado en Ciencias de la Salud; coordino varios proyectos sociales a través del Centro Profesional Psicólogos Unidos Inc.

Ver más