El contenido de este artículo tiene como objetivo difundir datos sobre macabros asesinatos cometidos por Santana descritos por Balaguer en su obra La palabra encadenada, en cuya página 353 se expresa la crueldad de que hizo gala Trujillo frente a sus adversarios políticos, que trae a la memoria a otro personaje igualmente sombrío de la historia: Pedro Santana. Entre estos dos hombres tan parecidos en muchos rasgos de su extraña psicología, existieron también profundas diferencias en los conceptos y en las actitudes, atribuibles no solo a la época en que actuó cada uno de ellos, sino principalmente al carácter. La persecución política se manifestó casi siempre en Santana con cierto aire morboso; el despótico Santana no se contentó con herir o con aniquilar a sus víctimas, sino que además rodeó a menudo el crimen con cierto sadismo inútil, con cierta saña totalmente innecesaria y sobremanera odiosa. En las iniquidades de Santana hubo siempre, al lado de la nota puramente criminal, otra de sadismo y de malevolencia que elevaba el crimen a la categoría de un acto repugnante.

Cuando Santana hizo condenar a muerte, en 1856, a Gabino Richiez, fundándose en una simple sospecha consistente en una carta anónima, dispuso que el reo fuera trasladado desde Azua hasta Barahona; el traslado fue dispuesto con el único propósito de que la ejecución se llevara a cabo en presencia de la familia de la víctima. Robespierre se habría contentado con llevar al mártir a la guillotina y Trujillo con hacerlo desaparecer súbitamente.

El sadismo de Santana aparece también repugnantemente en el caso de Duvergé. Cuando el héroe de «El Número» fue llevado al patíbulo juntamente con su hijo Alcides, también por simples sospechas que no habían sido siquiera objeto de prueba contradictoria, Santana se opuso a que aquellas ejecuciones se hicieran separadamente para ahorrar al padre el dolor de presenciar el fusilamiento de su hijo más querido.

Aniceto Freites, ejecutado por Santana en 1856, fue conducido ante el pelotón de fusilamiento en una silla y recibió la descarga sin que los quebrantos que rendían su fortaleza física le permitieran mantenerse en pie. El fusilamiento de María Trinidad Sánchez se efectuó el 27 de febrero, primer aniversario de la independencia, fecha expresamente escogida para sellar el crimen con una burla al sacrificio de la heroína que ayudó a bordar la primera bandera dominicana.

Todo lo descrito hasta acá pone de manifiesto que Santana cometió asesinatos hasta en contra de dominicanos dignos de ser considerados como padres de la Patria, como lo fueron el general Duvergé, calificado por Balaguer como «el centinela de la frontera», y María Trinidad Sánchez, quien bordó la insignia nacional con su lema de «Dios, Patria y Libertad». La anexión a España y los hechos de sangre citados servirían de base para catalogar a Santana como el más repugnante, entreguista, cruel y sanguinario gobernante de nuestra historia. Calificativos que se han endilgado injustamente a Ulises Heureaux, valiente luchador del bando restaurador desde mancebo, siendo el pupilo más destacado de Gregorio Luperón. Procurando equidad histórica, Rufino Martínez escribió su emblemática obra Trujillo y Heureaux, estando pendiente que se escriba la obra Santana y Heureaux: o sea, anexionista vs. restaurador.

Según el reputado historiador Roberto Cassá, Heureaux ha sido el único gobernante dominicano con una chispa de genialidad. Siendo políglota, dominaba el francés, el inglés y el español, lo cual le proveyó amplia cultura. Tuvo visión geopolítica avanzada para sus tiempos. Luchó aquí a favor de la restauración y contra la influencia española en el Caribe, expresada apoyando solidariamente la libertad de Cuba, una de las últimas colonias de España en nuestro hemisferio.

En momentos críticos de la lucha independentista cubana, le entregó personalmente a Martí los recursos monetarios necesarios para proseguir combatiendo por Cuba. Ahí también manifestó su genialidad indicando a Martí: «Esta ayuda económica la ofrezco como amigo suyo y de Cuba, pero no quisiera que el presidente dominicano se enterara de esto». Otra evidencia histórica resalta que bajo su presidencia se firmó aquí el acuerdo entre Máximo Gómez y José Martí que culminó con la liberación de Cuba del poder español; el intercambio entre los dos próceres se plasmó en el histórico Pacto de Montecristi.

Eulogio Santaella

Ingeniero

Ingeniero. Fue administrador del Consejo Estatal del Azúcar y embajador en Washington. Profesor universitario. Empresario.

Ver más