Como vemos a diario, Europa ocupa primera plana en las noticias internacionales y cuyos orígenes van más allá de estos tiempos actuales. Siendo Europa, cuna del mundo occidental, para decirlo de alguna manera, y nos referimos a la manera de hacer, pensar y actuar de esta segunda mitad del globo terráqueo, lo que allí suceda será siempre motivo de interés de este lado del mundo.

La constitución de la Unión Europea, considerada un bloque monolítico que unificaría políticas públicas, economía, control de seguridad, línea migratoria, seguridad militar y políticas públicas de inclusión y la llamada interculturalidad-multiculturalidad, como fondo de una apertura que, a la larga, ha generado conflictos de gestión y desborde en su manejo y control.

El tiempo ha ido construyendo un panorama gris y vemos una Europa que, apoyada igualmente por decisiones emanadas de los organismos internacionales como ONU y otros, se ve presa de malas medidas que se han convertido en su encrucijada, no solo migratoria, sino de seguridad nacional, control político, economía debilitada y fragilidad en su programa de seguridad militar ante las amenazas de Rusia.

La OTAN hoy le sirve poco ante una amenaza militar regional, dado sus conflictos con su viejo aliado, los EUA. La propia Unión Europea cada vez conflictuada en sus razones iniciales de fundación, sus propósitos de fortalecimiento regional y sus costos burocráticos, no se corresponde con los resultados hasta ahora obtenidos y hay ya países y líderes que hablan de su cuestionamiento y sus resultados.

Estados Unidos ha sugerido el 5 % del propuesto de los países miembros en seguridad militar y con excepción de Alemania, se tambalea su fortaleza militar que cuenta en demasía, con el apoyo de Norteamérica. Todo lo cual ha generado diálogos encontrados entre sus líderes actuales y la política internacional de los EUA.

Tal vez, sea el tema migratorio, sin dejar de priorizar la seguridad militar del continente, la principal encrucijada de la mayoría de los países de la UE hoy, que descansa en un péndulo contradictorio: de un lado, la necesaria mano de obra importada hacia trabajos que el europeo no demanda, y por el otro, descontrol y aplicación de políticas migratorias alegres que han originado un gran desequilibrio social con consecuencias peligrosas en el tema de la seguridad nacional, programas sociales de subsidios, descontrol político en las agendas nacionales de estos países, sobre una población migratoria descontrolada, una interculturalidad-multiculturalidad basada en el democratismo, exceso de tolerancia y miedo político, sin olvidar el panorama internacional que influye directamente en esa migración, sobre todo, asiática y en especial, del mundo árabe y su sello propio, el islamismo.

La interculturalidad-multiculturalidad, es un principio democrático correcto, apoyado en la tolerancia, la aceptación de las diferencias y el rechazo a ideologías racistas, excluyentes y discriminatorias. Sin embargo, aplicadas en Europa, desde dentro en las políticas públicas, ha perdido el sentido de cohabitación, y si bien debemos aceptar el otro como es, es eso en sí un principio democrático correcto, no así que el otro, te quiera imponer sus marcos culturales fuera de su territorio, y sus implicaciones en acciones correctivas, que desborda el fenómeno y lo convierta en un tema de la agenda nacional de muchos de los países europeos en estos momentos.

Interculturalidad-multiculturalidad no implica, ni que impongas, ni que el otro te imponga, es ella una calle de doble vía, por tanto, es populismo, perder el control de ti, de tu identidad, de tu territorialidad, de tu historia, de tu memoria, cuando este proceso se hace no espontáneamente, sino por miedo o distorsiones políticas que traen a la larga, consecuencias graves, como vemos hoy en Europa.

Esto va más allá de una región como Europa, pues ha sido un enfoque internacional impulsado de los organismos representativos de la comunidad internacional. No obstante, ha de revisarse las consecuencias de este y toda aplicación de políticas que resulten ineficaces, conflictivas, desafortunadas, y de resultados contradictorios, no estamos obligados a seguirlas si se ponderan con buenos juicios y evaluación de sus resultados.

La Europa de hoy, ejemplarizada en estos momentos por la Francia de la Revolución Francesa, España, Italia, Alemania y otros pueblos, ha de ser el punto de inflexión que nos lleve a repensar estas posiciones, sin omitir el valor que aun tiene la convivencia, el respeto a la diferencia, la tolerancia, la inclusión y el respeto al otro, todo ello bajo otro principio igualmente válido: la defensa de la identidad, aun esta sea un constructo permanente, pero jamás impuesto, porque desde ese momento, pierde su validación, aunque a veces se manifieste como mecanismo de resistencia.

Aceptar al otro, no necesariamente implica asumirlo en su totalidad o bien, que el otro me imponga, porque entonces deja de ser democrático el flujo.

Las identidades son procesos complejos, en el que la historia, las migraciones, las necesidades de pueblos y grupos humanos los hace transitar, intercambiar, asimilar y transmitir valores; cuando esto es resultado de la historia y procesos socioculturales naturales o aun impuestos, el valor lo tiene el resultado, lo que se asimila en estas relaciones, no lo que se impone.

El temor de la encrucijada de la Europa de hoy es el miedo a la fuerza interior del islamismo, como resultado de un proceso natural migratorio que lleva consigo sus creencias y prácticas culturales, el empuje de esta migración desbordada, para imponer en otros mundos, sus creencias, hábitos y, sobre todo, posiciones políticas que no son nada espontáneas.

Esta es la gran encrucijada de Europa hoy, cómo seguir siento estados democráticos, cómo no renunciar a la tolerancia y la convivencia, sin dejar de ser tú, y cómo el que llega, ha de entender su posición en otro espacio social, cultural, territorial, político y religioso.

Esta confrontación arropará a la Europa cargada de migración árabe, y deberá legislar para su regulación, so pena de perder su identidad occidental, su memoria histórico cultural y su control político. Es esta la encrucijada de la Europa de hoy con dos ejemplos vivos: Francia, España, Bélgica, Albania, Italia. Demos seguimiento, podrían tener otras ramificaciones en el Viejo Continente.

Carlos Andújar Persinal

Sociólogo

Sociólogo, profesor de la UASD. Miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y de la Academia Dominicana de la Historia. Premio Nacional de Ensayo 2010. Ex Director del Museo del Hombre Dominicano y del instituto Dominicano de Investigaciones Antropológicas UASD. Fue Coordinador de Programas Culturales del Centro León. Ex Director General de Museos del Ministerio de Cultura. Publicaciones: Presencia negra en Santo Domingo, Identidad cultural y religiosidad popular, Por el sendero de la palabra, Meditaciones de cultura, Diálogos cruzados con la dominicanidad, Apuntes antropológicos, Temas del Caribe y otros escritos, De cultura y sociedad, Oníricas de amor y desamor, Encuentros y desencuentros de la cultura dominicana, La cultura y la sociedad dominicana.

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