Muchas entidades públicas, privadas y sin fines de lucro, deben aprender a «saber hacer». Mucho más, los estudios indican que necesitan acumular herramientas para saber comunicar, difundir y «hacer saber» como se debe. Finalmente, pero no menos importante, «saber estar», como se espera, haciendo gala de conductas coherentes con el ejercicio de sus funciones.
El saber hacer, el hacer saber y el saber estar, son tres categorías de la ética analizadas por el filósofo chileno Fernando Lolas Stepke.
Sobre estas tres categorías de la ética, diversos estudios independientes del Estado dominicano y sus 334 organismos, más las 8,600 asociaciones sin fines de lucro (ASFL), arrojan resultados dramáticos.
Indican que los conocimientos, actitudes y prácticas (CAP) cotidianas sobre la ética, no guardan el nivel esperado para entender bien la cosa pública y social, y mucho menos, para ejecutar armónicamente, las funciones necesarias para el logro del bien común.
A muchísimas prácticas cotidianas de corrupción, se llega espontáneamente por la incapacidad de conocer y aplicar como se debe, las funciones públicas y sociales, en los diferentes órganos.
Las definiciones de ética y moral son claves en esta línea discursiva. Ética es un componente de la filosofía y del modo de vida de los grupos humanos que estudia y evidencia la conducta. Incorpora la moral, el deber, la virtud y diferencia entre lo correcto y lo incorrecto, para garantizar acciones hacia el bien común.
Ética y moral son dos categorías concurrentes, pero no similares de contenido. La moral son las normas y costumbres de una sociedad sobre lo bueno y malo que acontece en ella. Por su parte, la ética es la reflexión filosófica individual sobre esas normas, buscando justificarlas con la debida racionalidad para guiar la conducta personal cotidiana, más allá de lo culturalmente impuesto.
La corrupción en la gestión pública es una desconducta culturalmente impuesta. No es casual que en los dos indicadores de gobernabilidad del reporte The Economist 2025 sobre la democracia en el mundo, denominado ¿Qué tiene de malo la democracia representativa?, las dimensiones donde la República Dominicana sale con puntuaciones más bajas son: i) cultura política y ii) funcionamiento del gobierno.
Si estos dos (2) indicadores de los seis (6) establecidos por The Economist, llegaran a valores promedio del nivel 7, esta nación caribeña (6.6/10) pudiera estar a la par con las más elevadas democracias del mundo como Noruega (9.81), Taiwán (8.78), Uruguay (8.67) y Costa Rica (8.79).
No saber hacer bien las cosas, es la primera violación a la ética pública. Si una persona-institución pública o privada «no sabe hacer» y hace, entonces está muy alejada de la ética. Más aún, si «hace saber», vía redes sociales y medios de comunicación, y difunde resultados que no se fundamentan en el conocimiento y las evidencias científicas, se aleja todavía más de esa rama de la filosofía y de la conducta humana esperada.
Si esa entidad tampoco «sabe estar» y comportarse entre los grupos sociales, entonces está ausente de un comportamiento ético. O sea, de la orientación al comportamiento con integridad, coherencia y respeto. Asimismo, a incluir valores en el comportamiento diario para generar confianza mutua y responsabilidad. Es una forma de ser y estar en el mundo que busca el equilibrio entre pensar, decir y hacer, y promueve la convivencia saludable.
En el estudio del ejercicio nacional e internacional de la planificación, uno puede introducirse en la materia gris más creativa de las diversas ciudades del mundo. Muchas se ocupan de alentar la ciencia y la creatividad. De cuidar la sostenibilidad de los estilos, procedimientos y métodos.
En materia de planificación estratégica territorial el «Saber Hacer» impone emplearse en estudiar, innovar e implantar las metodologías que impulsa el Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (CIDEU) con sede en Barcelona, una entidad que integra el acervo intelectual de más de 160 ciudades, provincias y regiones de América y Europa.
Asimismo, en ONU-Hábitat que trabaja por un mejor futuro urbano, con oficinas en más de 90 países, para promover el desarrollo de asentamientos humanos social y ambientalmente sostenibles y gestar el logro de una mejor calidad de vida para todas las personas en las ciudades y comunidades.
El «Hacer Saber», es otro de los componentes de la ética, donde las redes sociales se han tomado la verdad en sus manos asignándola y distribuyéndola a discreción. Cada vez más “tontos útiles”, desquiciados mentales y personas afectadas por stress postraumático, se toman la comunicación en sus manos, divulgando todo tipo de información falsa sobre lo bueno o lo malo de la conducción pública.
A diario se generan miles de millones de mensajes y publicaciones en redes sociales. Solo en las plataformas clave, se crean más de 350 millones de publicaciones en Facebook, 500 millones de tuits en X y se comparten 66 mil fotografías en Instagram cada minuto. La creación de datos a nivel global supera los 2.5 trillones de bytes diarios. En 2025, las noticias falsas siguieron contaminando internet a escala alarmante, con 62 % del contenido en línea considerado simulado. Un asombroso 86% de la ciudadanía mundial ha estado expuesta a desinformación, mientras que 40 % del contenido compartido en redes sociales es falso.
En la planificación estratégica territorial, las metodologías incorporan técnicas sobre cómo difundir, comunicar e informar a los medios de comunicación y las redes sociales lo que se hace.
Finalmente, «Saber Estar», dado que la identidad institucional debe transpirar una espiritualidad moral y de plena dedicación al trabajo.
Para el doctor Lolas Stepke, la ética, como “fundamentación dialógica de prácticas sociales (Lolas, 2001), es a la moral, lo que una disciplina intelectual, una práctica, la musicología a la música; la agronomía a la agricultura; la óptica a la fotografía, y otros.
«Saber Estar», es asociar a la ética la prescripción de ciertos comportamientos y la prohibición de otros. Unos buenos, los otros malos. No interesa lo que en realidad ocurre, sino lo que debería ocurrir. Por eso decimos que ¡Ética es: ¡saber hacer, hacer saber y saber estar!
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