Posiblemente has pensado que mientras mayor estrés tengas mayor será tu productividad, pero ¿será siempre así? Por otro lado, tal vez no sepas si el nivel de estrés que manejas es aceptable o peligroso.

Un estudio de la Gallup de este mismo año reportó que el 40% (cuatro de cada diez) de los empleados del mundo reconocieron manejar mucho estrés el día anterior a la encuesta. En Estados Unidos y Canadá, se detectó el 50%.

Mientras que la OMS publicó hace dos años que 12 mil millones de días laborales se pierden por ansiedad y depresión cada año, con un costo de un billón de dólares.

He querido comenzar con estas cifras, para ayudar a comprender que no hablamos de suposiciones, sino que son evidencias actuales comprobadas.

El estudio de Global Emotions Index demostró que en más de 150 países estudiados existen picos de elevación del nivel de estrés, que han permitido comprender mejor como reaccionamos a los retos de nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, en múltiples países se detectó un pico de estrés los domingos por la noche.

Como sabemos esto produce un elevado riesgo de burnout e impacto económico (menos productividad y más gastos en salud). Por otro lado, es un problema transversal, porque afecta a condiciones sociales muy diferentes, aunque por razones también diferentes.

Estamos comprendiendo que el problema no es el agente estresor en sí mismo, sino la forma en que nosotros reaccionemos y actuemos frente a él.

Las situaciones adversas a veces nos destruyen y a veces nos fortalecen. La forma en que nos afecten suele depender principalmente de nuestras actitudes.

A menudo vemos al estrés como sinónimo de progreso, desarrollo, dinero, importancia social, relevancia y de indiscutible sentido de valor existencial. Desde esa óptica, resulta muy difícil enfrentarse a los niveles patológicos de estrés, incluso cuando comienzas a descubrir que te están robando tu vida.

El estrés tiene una relación con el rendimiento que no es lineal, sino que sigue aproximadamente una curva en U invertida, descrita por la Ley de Yerkes-Dodson. Un nivel moderado de presión suele aumentar la concentración, la energía y la productividad; pero cuando el estrés se vuelve intenso y crónico, ocurre justamente lo contrario.

Hemos estado hablando de disminución en la productividad, pudiendo manifestarse como: ausentismo, presentismo, falta de concentración, burnout, falta de creatividad, dificultad para el trabajo de equipo, entre otras situaciones que afectan significativamente el rendimiento laboral.

También es preciso señalar, que el estrés crónico es una de las principales razones que podrían determinar el retiro anticipado de empleados, acortando la duración de su período de productividad.

En las referencias al final, señalamos las investigaciones de Mäcken, Nilsson y Woźniak, donde se pudo constatar la influencia del estrés excesivo en el retiro laboral prematuro.

Si crees que reventándote te harás más rico, vuelve a analizarlo. Intentar correr más allá de tus posibilidades, puede impedirte llegar a tu meta.

Cuando tu organismo está sometido a estrés excesivo es similar a cuando una nación está en guerra, los recursos se limitan en gran medida a defensa y ataque, en lugar de invertir en educación, salud, bienestar social, recreación, mejoramiento de infraestructuras y todas esas inversiones relacionadas con calidad de vida.

Es preciso señalar que una vida supuestamente “perfecta” sin esfuerzos, dificultades o retos, en la que supuestamente estaríamos siempre felices y relajados, como adultos conscientes sabemos que no existe.

Necesitamos cierta dosis de malestar para activar nuestro “motor interior”. Lo contrario, nos llevaría a atrofiarnos y degenerar.

Una vida sin estrés podría afectar nuestra autoestima, sentido existencial y repercutir de manera negativa tanto en nuestra salud física como mental. Pero un estrés excesivo y constante, nos destruye progresivamente.

Estamos hablando de estrés y productividad, pero no podemos dejar de resaltar que una vida estresante tampoco es lo que consideraríamos un experiencia grata.

Es importante señalar la relación del estrés con las edades. Hay una serie de esfuerzos o nivel de estrés que podríamos considerar aceptables en personas jóvenes y peligrosos en adultos mayores.

Hacia los 30 años: mejor tolerancia física al sobreesfuerzo, pero mayor vulnerabilidad a la ansiedad laboral, la incertidumbre profesional y el conflicto trabajo-familia.

Hacia los 60 años: mejor regulación emocional y juicio ante las presiones, pero menor capacidad de recuperación fisiológica frente a cargas excesivas sostenidas.

Uno de los hallazgos más consistentes en psicología organizacional es que el estrés crónico sostenido puede aumentar el esfuerzo observable, pero disminuye la productividad sostenible.  Vivir trabajando es muy diferente a matarse trabajando.

Referencias:

Gallup. (2026). State of the Global Workplace 2026. Gallup. https://www.gallup.com/workplace/349484/state-of-the-global-workplace.aspx

Global Emotions Index. (2026). Global Emotions Report 2026. Global Emotions Index. https://globalemotionsindex.com/global-emotions-report.htmlMäcken, J. (2019). Work stress among older employees in Germany: Effects on health and retirement age. Vienna Yearbook of Population Research, 17, 251–277.

Nilsson, K., Hydbom, A. R., & Rylander, L. (2020). When is work a cause of early retirement and are there any effective organizational measures to combat this? A population-based study of perceived work environment and work-related disorders among older workers. BMC Public Health, 20, 716.

World Health Organization. (2024, September 2). Mental health at work. World Health Organization. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-at-work

Woźniak, B. (2022). Factors affecting work ability and retirement decisions among older workers. International Journal of Occupational Medicine and Environmental Health, 35(2), 201–216.

Luis Ortiz Hadad

Médico

El Dr. Luis Ortiz Hadad, nació en Santo Domingo, República Dominicana, el 17 de septiembre del 1958. Graduado de Doctor en Medicina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en el 1983. Realizó estudios de Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España (1984-1986). Se especializó como Cirujano General en el Hospital Central de las FFAA-Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en (1988-1992). Haciendo la subespecialidad en Cirugía Colorrectal en Marsella, Francia (2000-2001). Es Psicólogo Clínico egresado con los máximos honores de la Universidad de la Tercera Edad (2022). Ha sido profesor de Anatomía y Cirugía por más de 20 años en la Universidad Iberoamericana (UNIBE). Es miembro del Comité Editor de la Revista Archivos Médicos Dominicanos (AMED). Presidente de la Sociedad Dominicana de Coloproctología (2011-2013), Presidente de la Academia Dominicana de la Medicina (2016-2018) y Presidente de la Sociedad Dominicana de Médicos Escritores (2023-2025). Es miembro del Colegio Médico Dominicano, del Colegio Dominicano de Cirujanos, de la Sociedad Dominicana de Coloproctología, Asociación Latinoamericana de Coloproctología, Academia Dominicana de Medicina, del Colegio Dominicano de Psicólogos (CODOPSI) y de la Sociedad Dominicana de Médicos Escritores. Presta sus servicios como Cirujano Coloproctólogo y Coordinador del Internado de Cirugía de la Universidad Iberoamericana (UNIBE) en el Centro de Diagnóstico Medicina Avanzada y Telemedicina (CEDIMAT), donde también desarrolla desde el 2022 un programa de Meditación Terapéutica Racional Emotiva. Es escritor de artículos semanales en el periódico acento desde el 2020 y es autor de los libros: Cincuenta Reflexiones. Breve guía para el Homo sapiens y Piensa bien, Vive mejor: Una terapia racional emotiva social. Es reconocido por sus actividades a favor de un mayor desarrollo humano como estrategia prioritaria para el mundo de hoy y enseñanzas de autoayuda basadas en las neurociencias.

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