El sionismo cristiano (cristianismo sionista) es una corriente dentro del cristianismo, sobre todo entre algunos grupos evangélicos protestantes, que sostiene que el regreso del pueblo judío a Israel y el establecimiento del Estado de Israel tienen un significado profético y forman parte del plan de Dios descrito en la Biblia.
Aunque está relacionado con el sionismo judío, no es lo mismo. El sionismo judío es principalmente un movimiento político y nacional judío para establecer y proteger un Estado judío. El sionismo cristiano es una interpretación religiosa cristiana que ve al Estado judío como parte de un plan divino y es un movimiento especialmente influyente en ciertos sectores evangélicos de Estados Unidos, donde ha tenido gran impacto en su política exterior hacia Israel.
La relación de Donald Trump con el sionismo cristiano es muy significativa porque una parte importante de su base política ha estado formada por cristianos evangélicos que simpatizan con esta corriente.
La cuestión es que muchos líderes evangélicos vieron en Trump a un presidente dispuesto a respaldar firmemente al Estado de Israel, ya que durante su primera presidencia tomó decisiones que fueron celebradas por los sionistas cristianos: el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel; el traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén; el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán; y la promoción de los llamados Acuerdos de Abraham.
Esas medidas fueron interpretadas por muchos cristianos sionistas como un respaldo a lo que consideran promesas bíblicas relacionadas con Israel. Pero no necesariamente podríamos afirmar que Trump es sionista cristiano. Trump se identifica como cristiano, pero no suele presentar sus políticas en términos teológicos complejos. Más bien, ha mantenido una alianza política con líderes evangélicos que sí promueven el sionismo cristiano.
Entre las figuras evangélicas más influyentes que lo apoyaron se encuentran John Hagee, fundador y pastor emérito de la megaiglesia Cornerstone, en San Antonio, Texas; y Robert Jeffress, pastor principal de la Primera Iglesia Bautista de Dallas y colaborador de Fox News, ambos conocidos por defender una visión fuertemente favorable a Israel.
Además, varios funcionarios de la administración cercanos a Donald Trump han sido identificados por analistas, periodistas o por sus propias declaraciones como simpatizantes del sionismo cristiano o de corrientes evangélicas que mantienen una visión teológica muy favorable a Israel.
El secretario de Guerra, Pete Hegseth (por ejemplo), ha expresado públicamente un apoyo muy fuerte a Israel. Durante su audiencia de confirmación en 2025, cuando se le preguntó si era un "sionista cristiano", respondió: "Soy cristiano y apoyo firmemente al Estado de Israel". También defendió el respaldo estadounidense a Israel en la guerra contra Hamás.
Hegseth ha sido asociado con corrientes evangélicas conservadoras y nacionalistas cristianas. Diversos medios han destacado su uso frecuente de lenguaje religioso en asuntos militares y de política exterior.
El embajador de Estados Unidos en Israel, el pastor Mike Huckabee, probablemente sea el ejemplo más claro. Como pastor bautista y político evangélico, ha defendido durante décadas que el apoyo a Israel tiene una base bíblica. Su nombramiento como embajador en Israel el 12 de noviembre de 2024, por el entonces presidente electo Donald Trump, fue celebrado por sectores del sionismo cristiano.
Otro es Mike Johnson, republicano y presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, que, aunque no forma parte del gabinete, es uno de los aliados más importantes de Trump, quien ha declarado en varias ocasiones que su apoyo a Israel proviene de sus convicciones cristianas y de su interpretación de la Biblia.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y el excomisionado de la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional, Johnnie Moore, son otras figuras vinculadas.
Sin embargo, a pesar de los fuertes señalamientos de que el sionismo cristiano tiene una influencia considerable en ciertos sectores de la coalición de Trump y en algunas decisiones sobre Oriente Medio, algunos analistas argumentan que factores geopolíticos, militares, electorales y estratégicos siguen siendo más determinantes que las motivaciones religiosas.
En cualquier caso, este segundo gobierno de Trump ha reunido a más funcionarios y asesores con posiciones abiertamente proisraelíes y con vínculos más visibles al cristianismo evangélico conservador que la mayoría de las administraciones estadounidenses recientes. Aunque, desde una perspectiva geopolítica, razonablemente podríamos concluir que el sionismo cristiano no es la única fuerza que influye en la política de Trump hacia Israel.
Existen, al menos, tres factores a considerar simultáneamente cuando analizamos la política de Oriente Medio de las dos administraciones de Trump: la estrategia geopolítica de Estados Unidos; la relación especial con Israel; y la influencia de sectores evangélicos vinculados al sionismo cristiano. Si bien ninguno de estos tres factores, por sí solo, explica completamente las decisiones tomadas por Donald Trump, juntos ofrecen una imagen mucho más completa.
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