Una de las falacias más difundidas por intelectuales públicos, como Jorge Semprún, era repetir que Israel era la única democracia de Oriente Medio.

No es cierto. Líbano era y es una democracia, con sus imperfecciones, si entendemos por ello elecciones libres, libertad de expresión y respeto a derechos individuales.

Israel es una democracia si se emplea el término para designar con ello lo de elecciones entre diversos partidos. Pero hay numerosas disposiciones que excluyen y discriminan no solo a la población árabe, a ciertos inmigrantes sino también a ciudadanos israelitas.

Hay ciudadanos de Israel de piel no blanca, como los Beta Israel o falashas, de origen etíope (judíos de Etiopía), trasladados de ese país a Israel durante gobiernos laboristas, no del actual partido gobernante, el Likud, que sufren discriminaciones notorias.

Inclusive hay numerosos rabinos, por no hablar de los colonos (judíos que se asientan en nuevas tierras confiscadas o robadas a palestinos), que consideran que alguien con la piel no blanca no puede ser un verdadero judío. Aunque hay judíos que han vivido antes y, sobre todo, después de su expulsión de España en 1492, en países musulmanes, con la piel muy morena o muy negra.

Debido esto no solo al clima, sino también a las mezclas, sean consentidas o por violaciones. Por el mismo motivo hay muchos judíos de ojos azules, pelo rubio y tez blanca muy pálida, entre los asquenazíes (judíos asentados especialmente en Europa Central y del Este), por la mezcla con la población local eslava y como consecuencia de los pogromos, que incluían violar a las mujeres judías.

Hace tiempo escribí que en un lugar donde trabajaba, en España, un compañero funcionario que se autoconsideraba "la única Coca Cola del desierto", al yo defender, como solía hacerlo, ciertas posiciones judías o de Israel, tuvo el "brillante" argumento para contradecirme, de afirmar que con mi nariz no podía ser judío.

Algo, lo de ser judío, que nunca he dicho ser, por haber sido educado en el catolicismo, y aunque mi madre tuviese una nariz algo ganchuda, sin ser por eso judía —como compruebo en alguna vieja foto de sus 50 años, creo—, y yo heredase más la de mi progenitor. Juegos de genes del mestizaje.

Esa expresión del compañero de trabajo era de una estupidez rampante. Porque ni todos los judíos, ni todos los israelitas, tienen la misma nariz ganchuda caracterizada en las caricaturas, de la misma manera que no todos tienen el pelo rizado y de color negro azabache.

El estado de Israel tiene todo el montaje institucional de un Estado moderno, celebra elecciones competitivas, hay cambios pacíficos de gobernantes electos y contrapoderes y equilibrios, pero eso no basta para considerarla como una democracia en sentido occidental. También se ha impuesto decir que ese modelo es "liberal".

El ser liberal es atribuido a que el liberalismo se fundamenta en la existencia de unos derechos individuales inalienables que se considera cuasisagrados, intocables, y a los cuales debe subordinarse todo lo demás.

La democracia liberal asegura esos derechos de los individuos, que tienen su máxima cristalización en el derecho de propiedad. Después vienen todos los otros derechos individuales. Tanto es así que si se "toca" la propiedad privada se considera que ya no existe ni libertad ni democracia.

Los derechos económicos, sociales, el derecho a que el Estado y la sociedad tiendan a privilegiar el logro de la igualdad (que insisto no es el igualitarismo), se condena desde la óptica liberal como un camino hacia la servidumbre.

Así pues, la llamada democracia liberal es UNO de los varios modelos políticos del capitalismo; también lo es el fascismo, el cesarismo, el bonapartismo, como lo ha sido la "democracia censitaria" y lo es el actual modelo de "democracia" plutocrática, donde el voto popular es corregido por la financiación de las campañas por los lobbies y los grupos empresariales, asegurándose así que el dólar, "la pasta", permita tener la "mejor democracia que el dinero pueda comprar".

Los derechos en Israel son para la población judía, o que se considera como tal por el Estado, aunque sea agnóstica, atea, o le importe un pepino toda religión o la existencia o no de Dios. De ahí que se haya inventado lo del pueblo judío, que no es solo los de religión judía sino los que étnicamente se les considere como judíos. Lo cual facilita excluir ad vitam a los no judíos: palestinos, árabes, musulmanes, etc.

Israel no es una democracia porque, esencialmente, es un Estado creado para los judíos, y como la costumbre judía y su religión no es proselitista, no trata de ganarse adeptos, ya que el "pueblo elegido" no tiene ni debe ser mayoritario. Están orgullosos de ser esa minoría escogida por Dios y condenada a vivir y sufrir en la tierra. Hasta la llegada del Mesías.

Aunque el sionismo como proyecto nacional identitario lo que pretende es tener el más amplio territorio para sí, Eretz Israel. Si para ello tienen que exterminar a los que obstaculizan su proyecto, lo hacen sin rechistar y sin complejo de culpa. Hasta crear entre ellos y los demás lo que anunció Jabotinski: "una muralla de bayonetas".

La actualización de la frase de Jabotinski, el "fascista judío", como llamó Mussolini a su seguidor, sería crear un Gran Israel, protegido por una "cúpula de hierro" defensiva contra cohetes y drones, con un ejército masivo, con armas modernas, una aviación ofensiva con los mejores aviones producidos en EE. UU., con armas nucleares no sujetas a inspección por nadie, dado que se niega tenerlas o a decir que las tiene, aunque quienes trabajaron en crearlas denunciaron su existencia.

Protegidos, financiados, informados y mimados por los lobbies judíos, sus financieros, sus Epsteins y Maxwells, su Mossad y con la mayor potencia militar del mundo, dirigida hoy por personas subordinadas a Israel, que de Estado proxy en Oriente Medio de EE. UU. ha logrado convertir a EE. UU. en un instrumento de su arrogancia de poder y de su avaricia.

Carlos Julio Báez Evertsz

Politólogo y sociólogo

Doctor en sociología y politólogo. Autor de los libros Desigualdad y clases sociales, Madrid, 2017; La modernización fallida, Madrid, 2012; Partidos políticos y movimiento popular en la RD, Madrid, 2011; Dominicanos en España, españoles en Santo Domingo, UASD, 2001; La comunicación efectiva, INTEC, 2000, y recientemente ha publicado Rosa Luxemburgo hoy. Su legado para la izquierda democrática, 2021.

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