Aunque Ercilia Pepín vivió apenas 53 años, entre 1886 y 1939, su pensamiento nacionalista adquiere cada día mayor vigencia. Las amenazas y desafíos que hoy enfrenta la nación dominicana así lo resaltan, y también quienes, desde el Ministerio de la Mujer y el Archivo General de la Nación, tuvieron la acertada iniciativa de organizar una exposición para conmemorar el centenario de su viaje a Europa, especialmente a París, realizado el 31 de julio de 1926. En dicha exposición se exhiben escritos y cartas de su puño y letra, en los que se aprecia su bella caligrafía Palmer, así como diplomas, condecoraciones, prendas y objetos personales que nos acercan a la vida y la obra de esta extraordinaria maestra.

La República Dominicana fue invadida por tropas estadounidenses en noviembre de 1916, bajo el argumento de que la ocupación sería limitada y que únicamente se controlarían algunos mecanismos del Estado, como las aduanas y otras fuentes de recaudación fiscal, para garantizar el pago de la deuda externa con Estados Unidos. Sin embargo, en la Fortaleza San Luis, de Santiago de los Caballeros, a escasos metros de donde nació y vivió Ercilia Pepín, los invasores establecieron uno de sus principales destacamentos militares en el país.

Ercilia creció en un ambiente profundamente nacionalista, influida por el ejemplo y el legendario valor de los generales de la manigua, entre ellos su propio padre, José Pepín, y sus familiares Perico, Silverio y Sunito Pepín. También la marcaron las duras experiencias de su infancia, que ella misma evocó al recordar "las crueles y desesperantes desventuras de la orfandad y las tristes noches sin lumbre y los amargos días sin pan".

La pobreza familiar y la violencia política dificultaron su educación formal. No obstante, varios maestros y mentores generosos, como Salvador Cucurrullo, Rafael F. Moscoso y Federico C. Álvarez, quienes, inspirados en los principios morales, pedagógicos y nacionalistas del gran educador antillano Eugenio María de Hostos, dedicaron parte de su tiempo libre a instruirla, enseñarle idiomas y cultivarle el sentido de la solidaridad y el sacrificio. Gracias a esa formación, desde muy joven comenzó a impartir clases gratuitas a niñas —porque estas no eran admitidas en las escuelas— en su propio hogar. Cuando recibía algún pago por su trabajo, lo invertía en contratar otros maestros y en adquirir instrumentos científicos y materiales didácticos, incluido un microscopio. Asimismo, reunía plantas y animales que disecaba y embalsamaba para hacer sus clases más objetivas y atractivas.

Estos sacrificios personales le impidieron alcanzar algunos de sus sueños, como estudiar Medicina, casarse y formar una familia; pero le permitieron acumular una sólida cultura y desarrollar una firme conciencia patriótica. Por ello, pocos días después de producirse la intervención norteamericana, se convirtió en una de las voces más enérgicas y valientes contra ese acto de agresión. En una suerte de palma de fuego contra el invasor.

Su pensamiento patriótico y nacionalista quedó magistralmente expresado en su conferencia «Apóstoles y cumbres: Duarte y Hostos», que presentó en distintas ciudades de la República Dominicana, así como en Estados Unidos y Puerto Rico.

Su prestigio creció de tal manera que encabezó importantes marchas y manifestaciones contra la ocupación militar. Acciones que probaron que no tenía miedo y que, en más de una ocasión, colocaron en peligro su vida. Su liderazgo demostró ante las autoridades estadounidenses que la República Dominicana contaba con mujeres y hombres de gran capacidad intelectual y moral para gobernarse a sí misma.

Ese clima de resistencia patriótica contribuyó al retiro de las tropas de ocupación en julio de 1924.

El ejemplo de Ercilia Pepín mantiene una candente vigencia, cuando frecuentemente los intereses individuales suelen imponerse sobre los valores superiores de la nación.

Visitar la exposición dedicada a Ercilia Pepín en el Archivo General de la Nación constituye una magnífica oportunidad para reencontrarnos con una de las dominicanas más ejemplares de nuestra historia y renovar nuestro compromiso con una patria libre y soberana.

William Galván

Profesor de psicología y antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Investigador académico y consultor de empresas.

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