Me alzaba con “El vuelo de Sina”, autoría de Yinett Santelises, el pasado 3 de enero, cuando las fuerzas militares estadounidenses hacían tierra en Venezuela. A instancias del presidente Donald Trump, el operativo bélico capturó al dictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, acusados de narcotráfico internacional.

Con la llegada del segundo cuarto del siglo XXI, el presidente de Estados Unidos declaró este enero: “el hemisferio es nuestro” caracterizándose en la Doctrina Monroe.

Tres semanas y media después, ante un comité del senado de su país, Marco Rubio, Secretario de Estado de la Administración Trump, ofreció motivaciones adicionales sobre el operativo y el brazo que ha mantenido extendido desde la Casablanca hasta el Palacio de Miraflores:

“En el pasado, Venezuela se había convertido en base de operaciones para competidores y adversarios como Irán, Rusia y China, y en un centro del narcotráfico vinculado a las FARC y el ELN”.

Las acciones ilegales son indefendibles, los remedios unilaterales discutibles, pero, ¿hasta que punto llegará el corolario Trump, de la Doctrina Monroe? Existen medidas basadas en normas del multilateralismo, necesarias para nuestro desarrollo, que pudieren resultar contrarias al interés proteccionista instalado en Washington. La situación es delicada y atenta contra derechos y otras conquistas.

El pequeño libro en mis manos sirvió de túnel de escape, para reencontrarme con una causante de las libertades que hoy disfrutamos los dominicanos. Habité con el nuevo calendario en el patio de Sina Cabral, a través de las ochenta y ocho páginas de la obra.

Cuenta la historia de esta pasada combatiente del régimen dictatorial de Rafael L. Trujillo, cuando era una joven de veinticuatro años.

Entre sus orquídeas y lejos del ruido, gracias al portal narrativo provisto por Santelises, descubrí en el corazón de la gran dama independencia moral y americanismo verdadero. En medio de la cobertura noticiosa de enero de 2026, la lectura del testimonio de Cabral me condujo a la reflexión. Los anhelos de libertad y prosperidad, de nuestro pueblo vecino, merecen conciliarse con garantías de justicia y gestos de dignidad para sus ciudadanos.

En menos de un mes, el presidente Trump trazó con lengua de fuego su nuevo mapa mental de América y en sus pretensiones sobre Groenlandia resquebrajó sus relaciones de poder con sus aliados en la OTAN. En tanto, muchos confían en él para llevar bienestar a Venezuela. Sus apologistas arguyen con sentido pragmático que, no es menester ponderar todavía reclamos de soberanía del pueblo venezolano, o la sujeción al derecho internacional de la Casablanca.

Sin embargo, la historia no es tan solo como explicaba Pedro Henríquez Ureña “un registro del pasado”. El gran humanista dominicano la concebía como “la palabra patria: un relato que debía elevarse a la categoría de arte literario y reflexión moral…”

A las páginas de la historia de este enero, no solo pasará el operativo militar que extrajo a Maduro y a su cónyugue de Venezuela. También, pasarán la dignidad del pueblo groenlandés por su autodeterminación, la del estadounidense bajo protesta por los abusos de poder ocurridos en Minnesota, el discurso del primer ministro canadiense Mark Carney en Davos, y tristemente, los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti.

El relato de Cabral publicado por Santelises en Querer Editorial, disponible en Cuesta Libros y Amazon, cuenta la lucha, apresamiento, así como su escape al exilio de aquella joven Sina, asilada en la embajada de otro país americano en plena Ciudad Trujillo, procedimento que existe entre otras normas universales que garantizan la dignidad humana y la cooperación entre los pueblos, gracias el Derecho Internacional.

Mas temprano que tarde se apagarán los vitoreos, porque la historia, como apuntó Henríquez Ureña, trae “la interpretación de la experiencia colectiva desde la ética humanista y cultural”. Desde ese tercer día de enero, en el fuero interno del venezolano consciente, existe la duda legítima de haber cambiado a una dictadura por otra.

La acción administrativa interventora en los días siguientes a la captura ha privilegiado el sometimiento al control de sus recursos petroleros. Ese proceder es propio de Estados Unidos cuando aplica la Doctrina Monroe.

No obstante, la vinculación administrativa para decidir sobre el patrimonio de los venezolanos, con la misma agrupación política que ha sometido al pueblo vecino, es deducción todavía más retorcida de la doctrina. Según el secretario Rubio, una transición que se mantendrá al menos por largos meses.

El pasado dominicano tiene mucho que enseñarnos sobre este enero de 2026. El poder defacto acumulado por Rafael L. Trujillo, combatido por Sina Cabral y otros dominicanos, que permitió al tirano adueñarse del poder en 1930, por los siguientes treinta y un años, surge gracias al aupamiento que las fuerzas interventoras estadounidenses en República Dominicana le dieron a ese lugarteniente.

La honorabilidad de una pequeña David frente a un temido Goliat no tiene perención. En su misión incluyó labores clandestinas, apresamiento, vejaciones sufridas en prisión, las delaciones negadas a sus carceleros, entre otros. Tantos años después, asegura que los pilares de su resistencia fueron Dios y la devoción altagraciana que todavía profesa. Rememora sin rencor.

Los sentimientos del pueblo venezolano en el presente merecen respeto. Su carga emocional es enorme como lo fue la de los dominicanos por treinta y un años. Ellos se verán en el relato de Sina Cabral. No obstante, los que rechazamos el poder de facto que los Estados Unidos actualmente ejerce sobre Venezuela, también encontramos sentido de equilibrio en su rectitud.

Su relato es una invitación a desoír a tiempo el ruido. La imperturbabilidad de esta dama ante pruebas verdaderas invitan a encontrar el sentimiento misional en este presente.

En 1924, Pedro Henríquez Ureña escribió un trabajo intitulado “La Peligrosa Doctrina Monroe”. A modo de premonición señaló: “Esta NUEVA DOCTRINA, no es tan nueva como peligrosa. Con aquella impávida
capacidad típica de las INTERESADAS inteligencias seteptrinales, para percibir contradiciones flagrantes, el secretario Hughes declara que los Estados Unidos no pretende ejercer el derecho de intervenir en los asuntos de América Latina, pero intervendrán cada vez que les convenga”.

El secretario Rubio no lo descartó.

Con Venezuela abriguemos la terquedad de la esperanza, sin renunciar a la conciencia histórica. El americano tiene otra tarea más allá de la compasión. Junto a su deseo de libertad y clemencia económica para Venezuela, debe reconocer la tensión que vivimos en este hemisferio y que no cambia con los siglos, ni con los recursos en juego: oro, petróleo o tierras raras.

Sina Cabral nos dice: “Después que el tirano fue capataz de la familia Bernardino se entrenó con los invasores
estadounidenses que ocuparon el país entre 1916 y 1924 y se enroló en la Guardia Nacional
Dominicana que ellos crearon en 1917. A partir de ahí tuvo una carrera ascendente en poder,
atropellos y horror. Y ahora yo, (veintinueve años después) sufría ese horror”.

El autoritarismo no engendra democracia, dice la historia del siglo XX americano y lo dice este enero de 2026 también.

En su relato, Sina Cabral recuerda cuando junto a Minerva y María Teresa Mirabal desde las celdas de la cárcel de La Cuarenta resumían su misión de vida en una canción: “Ningún pueblo ser libre merece, si es esclavo, indolente y servil”.

Angélica Noboa Pagán

Abogada

Socia de la firma de abogados Russin, Vecchi & Heredia Bonetti con práctica en las áreas de Comercio Exterior, Competencia, Telecomunicaciones y Privacidad de Datos. Doctor en Derecho de la Universidad Iberoamericana (1987), mención cum laude y maestra en Derecho Corporativo de la Universidad Anáhuac México Norte (2021). A su vez, es directora, productora y guionista de Poncho Morado Films, un emprendimiento familiar con estudios de escritura creativa de la Escuela de Escritores de Madrid, la Universidad del Claustro de México y GC Films, escuela de cine dominicana. Ha sido docente universitaria y autora de la obra “Libre y Leal Competencia en la República Dominicana (1994-2021)”, primera obra sistemática de derecho de la competencia en República Dominicana, así como de otros ensayos jurídicos en temas de derecho público, publicados en Gaceta Judicial, Acento, Thomson Reuters, Tirant Lo Blanche, Legis, Concurrences, la Universidad de Cantabria y la Escuela Judicial de la Judicatura. Como productora cinematográfica ha dirigido el corto “Concha” (2013) ganadora del premio a Mejor Diseño de Producción en el festival dominicano “Mujeres en Corto”; y , “Carta Malva, Poniatowska y Dominicana Conversan” (2023), este último ganador en el Madrid International Film Festival como Best Documentary in a Foreing Language Documentary, organizado por International Film Festival de Reino Unido. En 2025, fue nominada por su ensayo “La regla de la razón y su interés casacional” a los Antitrust Awards de la Revista Concurrences y la Universidad George Washington, bajo la categoría de artículos sobre Procedimiento, convirtiéndose en la primera autora dominicana en participar en ese certamen. Es columnista del diario “Acento”, conduce, produce y dirige el Poncho Morado Podcast, espacio de contenido cultural. Actualmente desarrolla el primer largometraje documental de Poncho Morado Films, titulado “Mi Pedro” acerca de la vida y legado del humanista Pedro Henríquez Ureña

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