Sabemos que la religión es el conjunto de creencias que se exige a un grupo humano y a cada persona para mantener un comportamiento específico en relación con la divinidad; además, hay expresiones simbólicas específicas (Sacramentos) para fortalecer las relaciones con el Ser Trascendente y el Otro; debemos tener en cuenta, que cada sacramento tiene un rito específico, que exige rúbricas…, así llegamos a mantener la fidelidad al rito y no al compromiso eclesial… Nos estamos quedando con la religión y el rito.

La Iglesia Católica trasciende la religión y el rito. El aporte de nuestra Iglesia católica a la humanidad está en la base, en su Valor Originario: “debilidad solidaria con la fuerza de Dios”, ahora y siempre.

Pero al pasar del tiempo nos vamos alejando y desvaneciendose la base de nuestra espiritualidad; hasta que aparece y se va fortaleciendo otra base: la religión y el rito, que hemos convertido en un servicio financiado y en propiedad privada de los recursos de evangelización, que nos amarran y nos convierten en administradores más que evangelizadores; en la actualidad “la religión y el rito”, nos determinan y nos liberan del compromiso.

Así tenemos yoicidad más que espiritualidad. El Profetismo es silenciado por quienes nos dan la seguridad y los privilegios. La religión y el rito no exigen compromiso, sino normas y ornamentos, que están heredados del poder civil del siglo IV de nuestra era.

La razón del Concilio Vaticano II, reunión de todos los obispos en Roma, a mitad del siglo pasado, 1962-1965, fue el ensimismamiento de la Iglesia que le llevó a centrarse en sí misma. Celebrando en un idioma que las comunidades no entendían y empoderando al clero, que llega a ver por encima de los hombros al Pueblo de Dios; el Papa Juan XXIII cayó en la cuenta de que la Iglesia debía abrirse a la sociedad, salir del ensimismamiento y darle participación a sus fieles y a los Obispos, sinodalidad…  Y tratar de recuperar el sentido eclesial originario.

La Iglesia tiene dirigentes, pero no tiene dueños. Tanto personal como Institucionalmente somos iguales y estamos para servir al Pueblo de Dios siendo testigos del Resucitado cual sea la función desempeñada. Somos continuadores de su misión: “salvar la humanidad con la fuerza de Dios” haciendo presente el Reino de Dios: “El Nosotros”.

Pero aún no hemos aprendido la lección. Todavía nos falta un Concilio Vaticano III para des empoderarnos y asumir “la debilidad solidaria con la fuerza de Dios”. Base de la eclesialidad.

Hoy, constatamos que hemos invertido la lógica del proceso evangelizador de Jesús: lo primero que Jesús hace es despojarse de poderes divinos y se hace solidario con los empobrecidos…

  1. La Iglesia, después del siglo IV, tradicionalmente, dondequiera que llega, inicia su presencia celebrando la Pascua, el recuerdo/presente de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús, la eucaristía, la misa, en comunidad y solo el celebrante.

Se hace esfuerzo por ser fiel al rito más que al contenido del sacramento celebrado, desconocidos ambos (rito y contenido) para los participantes, quienes, en mayoría, identifican dicha actividad con la persona que presida la celebración: un sacerdote, la eucaristía; una religiosa (monja) o un padre prieto (Presidente de Asamblea, Animador Comunitario) celebrando La Palabra; cualquier celebración presidida desde el altar es una misa (Noroeste, RD); esto es una consecuencia de la falta de evangelización del Pueblo de Dios. Nos hemos acostumbrado a ser reconocidos como autoridad no como Pastor Servidor solidario… Es por eso, que oímos: misa del padre, misa de la monja y misa del padre prieto.

  1. En la actualidad tenemos una Iglesia empoderada y con relaciones de poder que adoctrina, conceptualiza y memoriza. Definimos claramente el qué y no vivimos el cómo de nuestra identidad. Forma comunidad con carburo; es decir, formar a los agentes de pastoral en un ambiente cerrado, aislado, no en la vida y ritualizando en la religión; identificando el sentido de Comunidad con el vivir juntos bajo un techo e inscrito en el catálogo institucional o porque está inscrito en un libro de bautizos; a nivel de Vida Consagrada se ha empolvado el Valor Originario personal e institucional; el discernir y el colaborar es para que los otros lo hagan conmigo. Se yoiza la espiritualidad; y a nivel de Comunidad Cristiana hay satisfacción con la mera participación ritual y sacramental.
  2. La solidaridad de la Iglesia no es continua, sino puntual, por ejemplo: La denuncia de Montesinos en la época colonial de la Hispaniola; en la modernidad trujillista en RD, la Iglesia es Solidaria con las madres viudas e hijos torturados, al final de la dictadura; también apoya la “marcha verde”, que expresa reclamos reivindicativos populares, en la época post-moderna de la corrupción e impunidad en RD.

Los servicios en la comunidad cristiana son financiados y la misión eclesial baja en calidad; aparece la preocupación por la cantidad, actos de masa; la subsistencia financiada; la propiedad privada de los medios de evangelización y la seguridad personal y comunitaria se priorizan y las actividades pastorales se limitan al templo y capillas en sectores urbanos y comunidades campesinas…

Vamos a reflexionar con sinceridad, con transparencia, despojados de prejuicios y del miedo…, afianzándonos en la libertad de los Hijos de Dios… Tenemos que recuperar las enseñanzas y ejemplo de Jesús: despojarnos de poderes, solidaridad continua con empobrecidos, hacer la voluntad de Dios. Y el poder de Dios pondrá su parte…

¿Con quiénes se identificaría Jesús, HOY? :

  • ¿Indígenas? ¿Negros? ¿Migrantes? ¿Refugiados? ¿Sin tierra? ¿Sin empleos? ¿Chiriperos? ¿Hijos de haitianos en RD? ¿Mujeres maltratadas? ¿Envejecientes? ¿Enfermos? ¿Encarcelados? ¿Droga­dictos? ¿Gay-afeminados? ¿Empresarios? ¿Políticos? ¿Comercian­tes? ¿Terratenientes? ¿Funcionarios electos o designados? ¿Niños y niñas desamparados? ¿Con cuáles jóvenes?
  • Vamos a escoger un grupo humano y meternos entre ellos preguntándoles:
  • ¿Qué le ha llevado a esa situación de vida?
  • ¿Cómo ven a la Iglesia?
  • ¿Tenemos que renunciar a algo?…

¿Estamos evangelizando?

Regino Martínez S.J.

Sacerdote

El sacerdote Regino Martínez es el coordinador del Servicio Jesuita para los Migrantes Refugiados en Dajabón.

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