Ayer Viernes Santo fue uno de esos días en que tuve que recordar cuando mis hijos estaban pequeños.

Me había pasado toda la mañana recordando que desde el mismo día en que nacieron la casa de mis padres fue adoptada como suya. Íbamos diariamente en familia donde mi mamá y mi papá. Ellos aprendieron lo que es amar a sus abuelos, estar con ellos, acompañarlos, ayudarles.

Cuando mi papá tomó el lecho, mi hijo mayor se fue a vivir con ellos, lo trataba con amor, con delicadeza. Recuerdo cuando lo cargaba para cambiarlo de postura y le decía: "Papá, no te va a doler", él sonreía lleno de confianza.

Cuando mi mamá enfermó, también se mudó conmigo, estuvo aquí durante seis meses acompañándome. Fue como un ángel para las dos. Nos turnábamos por las noches para dormir al lado de ella.

Recuerdo que Norma y yo estábamos todo el día atendiéndola con mucho amor. Nunca tuvimos ni una palabra de cansancio. Norma fue ese apoyo, ese ángel que Dios me mandó para darme ese soporte, esa ayuda invaluable cuando se tienen esos momentos de tristeza, de dolor.

Al año de mi mamá fallecer se enfermó Norma, como fue tan importante en nuestra vida, siempre íbamos mis hijos, mis nietos y yo a verla, a acompañarla allá en la Ciénaga, en donde vivía. Nos ocupamos en la medida, de ella, pero lo mejor de todo es la atención que tuvo por parte de su hija y nietos. Ellos aprendieron cómo se trata a una persona querida cuando está enferma. Norma no murió sola, estaban en ese momento su hija y nietos, al igual que mi mamá, que estuvo rodeada de ella, de mí, mis hijos y mis nietos.

Mis hijos vienen diariamente a verme, a estar conmigo un buen rato. Eso aprendieron, por eso no tengo miedo de morir sola porque sé que los tendré a ellos conmigo dándome valor y esperanza, así como fui con mi mamá.

En una oportunidad la madre de una amiga ya estaba en un lecho y mi hijo mayor me dijo que por qué estaba viva, le dije que ella le estaba dando una lección a sus nietos con el trato que le tenía su hija, para que supieran cómo se trata a los padres cuando están viejos, enfermos y en un lecho de muerte.

Pero si ayer estuve meditando tanto fue porque se juntaron en mi casa mis dos hijos, una de mis nueras, mi nieto más pequeño, los primos paternos, mis sobrinos, con sus hijos, que se encontraron visitando los monumentos en las iglesias de la zona.

Mi nieto mayor y la hija mayor de Yocasta no estaban presentes porque participaban de la Pascua Juvenil, movimiento de la iglesia católica en que viven la pasión de Cristo los jóvenes, los días jueves, viernes y sábados santos.

Desde la Marcha de la Fe, la visita de los monumentos, hasta el Domingo de Resurrección, mi querida Marcia, sus hijos y yo nos juntábamos todos, por eso hoy nuestros hijos con sus hijos participan de todos los cultos de la Semana Santa.

Eso les enseñamos, nunca estaremos solos, siempre estarán con nosotros y eso les están enseñando a sus hijos.

¡Qué hermoso fue verlos reunidos a todos en mi casa, con tanto amor, como cuando eran pequeños y Marcia estaba con nosotros!

¡Felices Pascuas de Resurrección!

Elsa Guzmán Rincón

Bibliotecóloga

Maestra y Bibliotecóloga, retirada.

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