El continente americano vive una de las etapas geopolíticas más complejas desde el fin de la Guerra Fría. Aunque la región continúa alejada de grandes guerras entre Estados, el panorama continental está marcado por conflictos híbridos, crisis políticas profundas, tensiones diplomáticas y un reacomodo estratégico impulsado por el ascenso de nuevas potencias globales. En este contexto, las teorías sobre confrontación moderna, como las descritas en La guerra híbrida: enfrentamientos asimétricos del siglo XXI, resultan esenciales para interpretar la naturaleza cambiante de la seguridad hemisférica.

Estados Unidos: hegemonía en revisión

Estados Unidos continúa siendo el actor dominante del continente, pero su influencia enfrenta desafíos significativos. El desplazamiento de su estrategia hacia el Indo-Pacífico ha reducido la atención tradicional sobre América Latina, mientras China consolida inversiones estratégicas en infraestructura, telecomunicaciones y energía. Este escenario, descrito como parte de los nuevos patrones de confrontación asimétrica y rivalidad geopolítica, obliga a Washington a combinar diplomacia, presión económica y cooperación militar para mantener su liderazgo.

Además, la migración masiva, el narcotráfico y la trata de armas impactan su política interna, haciendo que el hemisferio sea visto desde una óptica de seguridad nacional más que desde una visión de integración política.

América Latina: crisis internas y nuevos conflictos

En el centro del continente, América Latina enfrenta un mosaico de crisis políticas e institucionales. Venezuela continúa atrapada en un colapso económico y político que genera millones de desplazados. Haití vive el peor desmoronamiento estatal de su historia, dominado por bandas armadas que operan con tácticas híbridas similares a las descritas en los modelos contemporáneos de guerra irregular. En Perú, los ciclos de inestabilidad política se repiten, mientras Nicaragua y Cuba mantienen regímenes autoritarios sin señales claras de apertura.

La región también arrastra tensiones territoriales históricas, como la disputa entre Venezuela y Guyana por el Esequibo —un punto caliente que ya involucra intereses energéticos globales— y los conflictos pendientes entre Guatemala y Belice, o entre Chile y Bolivia. Aunque ninguno ha escalado a guerra convencional, sí condicionan la diplomacia y la seguridad hemisférica.

En paralelo, el narcotráfico opera como un actor cuasi-estatal en México, Colombia, Brasil y varios países del Caribe. Los cárteles han desarrollado capacidades militares, financieras y territoriales que encajan con las definiciones contemporáneas de actores híbridos y asimétricos, capaces de desafiar la autoridad del Estado y alterar el equilibrio geopolítico regional

El Caribe: fragilidad, crimen y competencia internacional

El Caribe es hoy la región más vulnerable del continente. Haití representa la amenaza más inmediata para la seguridad subregional. La ausencia de un gobierno funcional, el colapso institucional y el control criminal del territorio configuran un escenario de seguridad híbrida que supera cualquier crisis previa.

República Dominicana enfrenta presiones humanitarias y desafíos fronterizos crecientes, obligándola a fortalecer su infraestructura defensiva y su política migratoria. Al mismo tiempo, el Caribe se ha convertido en escenario de disputa entre China y Taiwán, especialmente en materia de reconocimiento diplomático e inversión estratégica.

La vulnerabilidad ambiental, expresada en huracanes, erosión costera y crisis alimentarias, añade un componente adicional que agudiza las tensiones sociales y condiciona la gobernabilidad.

América del Sur: bloques ideológicos y rivalidades renovadas

En América del Sur, Brasil continúa siendo la potencia regional, aunque su política exterior oscila entre ambiciones globales y repliegues internos dependiendo del gobierno de turno. Es el actor militar más fuerte del subcontinente, pero carece de capacidad para proyectar poder de forma sostenida fuera de su frontera.

Colombia vive entre los desafíos del posconflicto y la persistente violencia de grupos armados. Paraguay, Uruguay y Argentina mantienen estabilidad relativa, aunque esta última enfrenta una crisis económica profunda que puede desbordarse políticamente.

Venezuela permanece militarizada: su alianza con Rusia, Irán y China altera el balance regional, y su disputa con Guyana por el Esequibo representa la amenaza interestatal más grave del continente.

Diplomacia continental en tiempos de fragmentación

La diplomacia hemisférica atraviesa un período de desgaste. La OEA, criticada por parcialidad, ha perdido capacidad de mediación. Organismos como UNASUR, CELAC, CARICOM o PROSUR reflejan la fragmentación ideológica y la falta de consenso regional.

En materia militar, el Comando Sur sigue siendo el principal articulador de cooperación, pero China avanza mediante acuerdos comerciales, inversiones en puertos estratégicos y tecnología 5G, ampliando su influencia sin confrontación directa.

Conclusión

El continente americano vive bajo la influencia de conflictos híbridos, crisis políticas prolongadas y nuevas rivalidades geopolíticas. El escenario regional refleja muchas de las dinámicas descritas en la teoría de la guerra híbrida: actores irregulares, asimetrías de poder, amenazas multidimensionales y creciente importancia de lo informacional sobre lo militar. Comprender esta realidad es clave para anticipar la evolución política y estratégica de un hemisferio donde la estabilidad se encuentra en un punto decisivo. diplomacia, la seguridad.

Justo Del Orbe

General retirado

Justo Del Orbe Piña, Gral. ®, Ejercito de República Dominicana, Historiador Militar. Geo-politólogo.

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