Recientemente estuvo en cartelera el documental dominicano “Dando Pelo” en el que se muestran las dinámicas sociales y comerciales que se desarrollan en nuestra sociedad alrededor del manejo del cabello.

El cabello tiene un peso significativo en la interacción social y en la autoimagen mediada por fuertes prejuicios raciales en los que se establece una división que afecta sobre todo a las mujeres, entre quienes tienen “pelo malo “y “pelo bueno”. Concepto que en sí mismo plasma el prejuicio hacia la afrodescendencia que se expresa en un tipo de cabello rizo calificado como “pelo malo”, tèrmino despectivo de rechazo y condena al pelo rizo o crespo de forma natural que ha provocado  su negación desde la búsqueda de su “laciado”.

Llama la atención como la sociedad dominicana ha normalizado y aceptado esta connotación tan fuertemente despectiva hacia un rasgo físico como es el cabello. Esta normalización no solo se expresa en el uso continuo del salón de belleza para mantener el laciado del cabello.

La discriminación hacia las personas con pelo crespo en nuestra sociedad es cotidiana en múltiples espacios. Encontrándola en espacios laborales, comercios, instituciones educativas, universidades, colegios y escuelas públicas. ¿Cuál es el delito del pelo en esta forma?

El delito principal es la visibilización de nuestro origen afrocaribeño y con ello la diversidad étnico-racial presente en nuestra población. En el pelo crespo (“malo”) se muestran raíces en la población de origen: africano, haitiano, cocolo, afroamericano, cubano o de cualquier país de Centroamérica o de la región del Caribe desde donde han emigrado distintos grupos hacia el país.

El peinado o pelo es uno de los motivos principales de expulsión y represión hacia la población femenina y masculina en centros educativos.

Las modas femeninas y masculinas vinculadas a trenzas, pelo largo o de amplio grosor son enjuiciadas como vinculantes a patrones delictivos. Así personal directivo y docente de centros educativos prohíben a estudiantes de ambos sexos exhibir peinados que hagan alusión a su pelo crespo desde un amplio grosor (afro) o en trenzas.

Se les pide a las estudiantes que “recojan su pelo” o que lo desricen. Esto último entra en contradicción con el currículo educativo que establece la promoción de la identidad cultural. El pelo crespo mostrado en su forma natural es parte de la identidad, el ocultamiento del mismo con mecanismos artificiales es una acción de negación y rechazo a nuestra identidad.

Obviamente las prohibiciones de peinados y modas en los espacios institucionales sean educativos, laborales o jurídicos son totalmente violatorias de los derechos y libertades de las personas y entran en contradicción con la naturaleza democrática de la sociedad dominicana.

Nuestro país se vende hacia el exterior como No-racista y con amplias libertades para atraer el turismo, lo que no se corresponde con la realidad. La presencia de protocolos restrictivos cargados de estigmas discriminatorios hacia las características raciales afrodescendientes y en las que el pelo juega un rol fundamental lo contradice. No existe ninguna razón que no sea el racismo para establecer códigos de peinados que repriman la condición natural del pelo.

Tahira Vargas García

Antropóloga social

Doctorado en Antropología Social y Profesora Especializada en Educación Musical. Investigadora en estudios etnográficos y cualitativos en temas como: pobreza- marginación social, movimientos sociales, género, violencia, migración, juventud y parentesco. Ha realizado un total de 66 estudios y evaluaciones en diversos temas en República Dominicana, Africa, México y Cuba.

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