En la zona andina es usual la conservación, aunque no constante, de la distinción entre elle y ye (que permite diferenciar ‘halla’ de ‘haya’, ‘olla’ de ‘hoya’); y se conserva la /s/ final de sílaba y de palabra.
Ecuador tiene una población estimada de poco más de 18 millones de personas. Dentro de su relativa pequeñez territorial, el español hablado por sus habitantes exhibe una notable variación según la zona geográfica donde vivan.
Existen tres regiones lingüísticas que se corresponden fundamentalmente con las divisiones naturales creadas por la Cordillera de los Andes. Para simplificar, aquí solo se hará referencia a dos: la Costa, entre la Cordillera Oriental de los Andes y el Océano Pacífico, y la Sierra, una elevada meseta enclavada en medio de la doble cordillera andina.
En la Sierra, donde se encuentra Quito, la capital, la pronunciación se caracteriza por el mantenimiento sistemático de la /s/ al final de sílaba y de palabra, con tendencia a sonorizarse cuando se enlaza con la vocal inicial de la palabra siguiente: [lazotras] las otras. También es general en la zona, el mantenimiento de la jota como fricativa velar. La vibrante múltiple, erre, presenta con frecuencia una pronunciación asibilada, similar a una /s/ sonora. Por otra parte, se mantiene la distinción entre elle y ye, pero realizando la segunda a menudo como [z]. Es asimismo común en esta región, el relajamiento y la desaparición de las vocales átonas, sobre todo junto a la /s/, y se escucha, por ejemplo, [súkrs], por sucres.
En la costa, en cambio, son normales el yeísmo, la aspiración y elisión de la /s/ final de sílaba y de palabra, la velarización de la /n/ final de palabra y la pronunciación de la jota como aspirada débil [h].
En el campo morfosintáctico, un detalle importante es el uso del voseo en la Sierra, aunque no tiene la misma vitalidad y estabilidad que en la zona rioplatense. Los jóvenes cultos prefieren el tuteo. En la costa, el voseo es mucho menos sistemático y se alterna el uso de vos con el de tú. Incluso, en esta región podría decirse que el voseo es un fenómeno estigmatizado. Predomina el tuteo. Otro rasgo muy peculiar es el uso muy frecuente del diminutivo, en su variante –ito, con casi todos los tipos de palabra: sustantivos (gatito, agüita), numerales (dositos hijos), adverbios (ahicito), demostrativos (estito), interrogativos (cuantito).
Algunos indigenismos conocidos en todo el país son cacho (escarabajo), chacra (laguna, pantano), chumar (emborracharse), guagua (niño), omoto (enano). Otras palabras de uso común son montubio (campesino de la costa), gringo (extranjero blanco), patacones (tostones, rodajas fritas de plátano verde).
Paraguay tiene una población estimada de unos 7.5 millones de habitantes. Se trata de un país con una situación de bilingüismo relativamente compleja. En las ciudades, y de manera especial en Asunción, la mayoría de las personas son bilingües en guaraní y en español. Poco más del 20% habla solo español y muy pocos son monolingües en guaraní.
Sin embargo, en las zonas rurales, predomina la población que es monolingüe en guaraní (60%), una tercera parte de la gente es bilingüe y menos del 10% habla solo español.
En el nivel fonético-fonológico, algunos de los rasgos más importantes del español hablado en el país son el mantenimiento generalizado de la distinción entre ye y elle, y la aspiración y elisión, en el habla popular, de la /s/ implosiva. Son, además, comunes la pronunciación labiodental de la /b/ como [v], el mantenimiento de la /n/ final de palabra como alveolar, la articulación relajada y elisión de las sonoras /d, g/ intervocálicas, la articulación africada de la ye en cualquier posición, y la pronunciación asibilada de la erre en el habla popular.
El uso del voseo, con las formas verbales propias de la región rioplatense, es general (vos comés, vos jugás). Se atribuye a la influencia del guaraní el fenómeno de la falta de concordancia de género y de número dentro del sintagma nominal (camisa blanco, dos pan, ríos profundo) en el español hablado por muchos paraguayos.
Algunos elementos léxicos indígenas muy conocidos son: ñandú (ave parecida al avestruz), ñandutí (encaje hecho a mano que imita el tejido de la telaraña), urubú (especie de buitre), yopará (parra).
Perú tiene una población estimada en unos 32.5 millones de personas. Dentro de su territorio existen varias modalidades dialectales que corresponden fundamentalmente a la diferencia entre tierras bajas (o costeras) y tierras altas (zona andina).
En el nivel fonético–fonológico, algunas de las características presentes en la costa son el yeísmo (pronunciación de la elle como ye), la aspiración y elisión de la /s/ final de sílaba y de palabra, la realización de la jota como aspirada débil [h], la velarización de la /n/ final de palabra y la articulación relajada, llegando a veces a la elisión, de /b, d, g/ intervocálicas.
En la zona andina, por su parte, es común el mantenimiento, aunque no constante, de la distinción entre ye y elle (hoya / olla); la conservación de la /s/ implosiva, de tipo apicoalveolar; el relajamiento y la elisión de las vocales inacentuadas, sobre todo junto a /s/; la articulación de la jota como fricativa velar. Otros fenómenos también frecuentes son la pronunciación asibilada de la erre (parecida a /s/), y la velarización de la /n/ final de palabra. Entre hablantes de nivel popular, influidos por el quechua (que solo tiene tres vocales: a, i, u), es común el cambio de [e] en [i] y de [o] en [u] (mesa = misa, cosa = cusa).
En el campo morfosintáctico, un fenómeno extendido en Perú es el dequeísmo, es decir, la introducción de la preposición de delante de que en contextos en los que el español estándar no lo hace (lo cierto es de que …, ocurre de que …).
Otros rasgos, que también aparecen en países vecinos, son la duplicación del objeto directo (lo conozco a Juan) y la pérdida de concordancia pronominal en que se asigna la pluralidad del se, objeto indirecto, al pronombre objeto directo singular lo: Se los di, en vez de Se lo di (‘…el dinero a ellos’). En cuanto al voseo, puede afirmarse que el fenómeno es casi inexistente. Apenas existen en Perú algunos restos de voseo relegados a ciertas zonas rurales y a los niveles sociales más bajos.
Algunas muestras de léxico caracterizador del español peruano son palabras como ancheta (buen negocio, ganga), chupe (tipo de guisado), chacra (granja), chancar (estudiar con ahínco; golpear), chompa (suéter), jebe (escobilla del limpiaparabrisas), pichicata (droga).
Uruguay tiene una población que se estima en poco más de 3 millones de habitantes. Al contrario de la creencia generalizada, el país no muestra una total homogeneidad lingüística. La diferencia más notable se crea entre la región norte, en contacto con el portugués, y la región sur, donde está Montevideo, la capital.
En el aspecto fonológico, la modalidad imperante en la capital, donde vive la mitad de la población del país, presenta como rasgo más peculiar la pronunciación rehilada de la ye, como [z], a menudo ensordecida [s] (yo = [sho]), siguiendo el mismo patrón de Buenos Aires. También son generales la aspiración y la elisión moderada de la /s/ final de sílaba y de palabra, así como el mantenimiento de la /n/ final de palabra como alveolar. La consonante jota es pronunciada como fricativa velar y el yeísmo es general en todo el país. La semejanza con Argentina es notable, por lo que, a los habitantes de otras zonas hispánicas, les resulta muy difícil distinguir a un uruguayo de un argentino por su forma de hablar.
Como en el resto de la zona del Río de la Plata, el voseo es la norma general. A pesar de todo, en algunas regiones persiste el uso de tú, y hay personas que consideran que el ‘tú’ debería ser el utilizado por los hablantes cultos del país.
Venezuela tiene una población aproximada de 31 millones de habitantes. Desde el punto de vista dialectal, el país se divide fundamentalmente en dos grandes regiones: la andina, donde es notable el mantenimiento de las consonantes, y la caribe, donde se produce el debilitamiento y elisión de ciertas consonantes finales de sílaba. En la actualidad, el gran prestigio de la variedad capitalina contribuye a difundir en la región andina muchos de los rasgos caracterizadores de la zona caribeña, a la que pertenecen los dos centros urbanos mayores del país, Caracas y Maracaibo.
Algunos rasgos fonético-fonológicos importantes de esta región son la pronunciación de la jota como aspirada débil [h], la aspiración y elisión de la /s/ final de sílaba y de palabra, y la velarización de la /n/ final de palabra. El yeísmo es general en el país, aunque subsisten algunos restos de elle en zonas andinas. En el habla popular, son comunes la neutralización o confusión de /r, l/ finales de sílaba en la región caribeña y la asibilación (pronunciación similar a /s/) de la erre en algunas zonas andinas del país.
En el terreno morfosintáctico, al igual que en otros países, la forma de diminutivo preferida es -ito (palito, casita), excepto si la última consonante de la palabra es t, que, por disimilación, lleva a utilizar la variante –ico (pelotica, cartica). Se produce también la adición de /s/ analógica al pretérito (vinistes) y el verbo haber impersonal se hace concordar en plural con el objeto (No hubieron heridos).
Es relativamente frecuente el dequeísmo (creo de que…). Como en otras zonas del Caribe, es frecuente la colocación del pronombre sujeto ante el verbo (Yo quiero que tú vengas) y entre la preposición y el infinitivo (para tú graduarte, sin yo saber…). El voseo se mantiene en la parte occidental de Venezuela, donde se manifiesta de dos formas distintas. En presente de indicativo, por ejemplo, la zona andina utiliza la combinación vos cantás, vos comés, y en Zulia y regiones vecinas se emplea vos cantáis, vos coméis. En el resto del país, especialmente en la región costera, con Caracas como centro de irradiación lingüística, lo general es el uso de tú.
Como acurre en otras partes, abundan los préstamos del inglés (clip, clóset, ful, guachimán, suéter, teipe). Algunos términos comunes y peculiares de Venezuela son: budare (plato para cocer el pan de maíz), cambur (banana), caraota (judía, habichuela), catire (rubio), chamo (niño, adolescente), empate (lo que hace perder el tiempo), pichirre (tacaño), musiú (despectivo para referirse a los extranjeros), vale (vocativo o apelativo, referido a amigos, a compañeros).
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