Si alguna vez entras al clóset de un músico, encontrarás una cantidad absurda de ropa negra. Como músico de orquesta he aprendido a aceptar la vestimenta formal negra, que no deja mucho espacio para jugar, y tengo una regla de no vestir negro fuera de los conciertos de orquesta. Si hay un recital de solista o música de cámara, rara vez me encontrarás vistiendo de negro. Diferentes orquestas y diferentes salas tienen distintos códigos de vestimenta, así que simplemente terminamos acumulando ropa negra sin parar.
Se nos enseña que el negro se usa para eliminar el individualismo de la música y permitir que el oyente se concentre únicamente en el sonido. Nuestra apariencia es irrelevante hasta que alguien rompe el estándar, como los vestidos cortos y los tacones de Yuja Wang que “sexualizan” la música, o los tenis de Lang Lang que rompen las expectativas de vestimenta formal. Si se supone que debemos ser invisibles, ¿por qué criticar lo visual? Los críticos de música rara vez comentan las elecciones de vestuario hasta que alguien hace algo escandaloso, así que en realidad existe una contradicción entre invisibilidad y escrutinio.

Históricamente, la tradición del negro de concierto puede rastrearse hasta la era victoriana, cuando los músicos se mezclaban con el mismo uniforme que los sirvientes y mayordomos; los músicos formaban parte del servicio. En los siglos XVIII y XIX la música dejó de estar únicamente en el dominio de la aristocracia y los conciertos públicos comenzaron a surgir, pero la vestimenta negra no cambió, lo que cambió fue su significado. El negro comenzó a asociarse con la formalidad y de esta manera los músicos se alinearon con el público burgués. Esto ayudó a establecer la música clásica como una forma respetable de alta cultura.
Una vez tuve un profesor que siempre me recordaba que la música era un arte audiovisual. Hay que prestar atención a la presencia escénica, que siempre está ligada a la postura, los gestos, las expresiones faciales y a cómo caminamos hacia el escenario. Sin embargo, muchos olvidan que la ropa también debería ser una parte importante de la presencia escénica, lo que plantea la pregunta: si las interpretaciones son visuales, ¿por qué insistir en la neutralidad visual o en hacer que la vestimenta sea irrelevante?
Entiendo el uso del negro de concierto en las orquestas; la uniformidad y el aspecto de grupo por encima de la individualidad parecen una buena filosofía, pero ¿son realmente necesarios los incómodos trajes? ¿Puedo, como mujer baja, usar una falda que quizá me favorezca más que una de largo hasta el suelo? Existen diferencias en las necesidades de vestimenta según el instrumento, las necesidades de movilidad e incluso los distintos tipos de cuerpo. Vivimos en una era en la que finalmente se están discutiendo estos detalles y, como músicos, necesitamos llamar la atención sobre ello.
La ropa no solo refleja la uniformidad dentro del conjunto, también refleja la jerarquía de la orquesta. Los solistas y los directores no siguen exactamente el mismo código de vestimenta; pueden destacar siempre que mantengan la elegancia. El ensamble sigue un código de vestimenta estricto que busca uniformidad; el director está ligeramente individualizado pero sigue siendo formal, normalmente también de negro; y al solista se le permite usar ropa expresiva y tener una identidad visual propia, aunque todos siguen una misma elegancia conservadora. Estas diferencias en la vestimenta ayudan al público a reforzar el enfoque visual: el conjunto se mezcla en un mar de ropa negra, el director guía visualmente y el solista se convierte en el punto focal. Entonces, ¿qué tan poco importante es la ropa si la usamos como una guía visual?
En los últimos años han surgido debates sobre el uso de vestimenta estricta, siendo uno de los principales argumentos el aspecto de la comodidad. Los trajes, las mangas largas y los vestidos largos elevan la temperatura y pueden restringir el movimiento de los brazos. La ropa también afecta la mente; las elecciones de vestuario influyen en la postura, el estado de ánimo y la confianza. Como músico puedo confirmar que tocar con ropa que se siente restrictiva o que afecta la libertad de movimiento aumenta los nervios y la ansiedad. Así que vale la pena preguntarse si esta tradición de uniformidad prioriza la apariencia o la práctica.
La pianista Khatia Buniatishvili, a quien muchos han criticado por centrarse más en su popularidad que en su arte, no solo por su presencia física sino también por su sentido de la moda. Usa vestidos cortos y vestidos largos, sexys o más cubiertos; usa lo que quiere, lo que le ha traído acuerdos de marca con empresas como Cartier. Esto ha generado cierta controversia en los sectores más conservadores de la música clásica, que afirman que su ropa distrae. El público reacciona a su presencia visual e incluso la llama la pianista más glamurosa, lo que hace que sus actuaciones sean visualmente interesantes y muestra quién es ella como persona. Hemos estado muy enfocados en sacar al individuo de la música, pero sin el intérprete la música es solo un conjunto de notas en una hoja de papel.
La moda es mucho más que telas bonitas y diseños; la moda siempre se ha usado como una declaración. La Dra. Samantha Ege interpretó un concierto de compositoras en 2021, que recibió excelentes críticas, pero casi nadie pareció mencionar que su vestido estaba diseñado específicamente para el programa, inspirado en estilos de África Occidental. La moda es una forma de comunicación no verbal; el libro más reciente de Michelle Obama, The Look , lo explica y ofrece una mirada a cómo ella utilizó la moda como una herramienta de visibilidad: como los medios estaban tan enfocados en lo que vestía, decidió hacer declaraciones a través de ello. La ropa comunica valores, identidad y poder; si figuras políticas importantes lo hacen, ¿por qué nosotros como músicos no intentar hacerlo y hacerlo visible?
Aunque a veces intentemos negar que el aspecto visual de la música está presente, ¿de qué manera nuestra ropa está sirviendo al propósito de la música y cómo pueden el escenario y la moda crear una historia completa para nuestros programas? La tradición es muy importante y no estoy diciendo que debamos dejar que todos usen lo que quieran; hay demasiado que considerar al elegir un atuendo para una presentación. Es momento de preguntarnos si el negro de concierto realmente trata de respetar la música y al público, o si es una tradición que rara vez cuestionamos.
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