Año 1973. Poco después de conocerse la estremecedora noticia del asesinato, en la Cordillera Central, del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, el buen amigo Mateo Morrison y quien suscribe visitamos, en su casa, al poeta Franklin Mieses Burgos.
Apenas intercambiamos saludos y tomamos asiento en torno a la mesa -que en lo profundo de la sala le servía de escritorio- nuestro anfitrión abrió un cuaderno y nos leyó un manuscrito recién salido de su pluma. Era el poema Oda al nacimiento del minotauro. Al calor de la conversación que siguió a la lectura, recibimos la revelación de que la pieza estaba inspirada en el coronel asesinado.
La oda sería luego publicada por los Bibliófilos (año 2000), en las obras completas del admirado poeta. En ella se leen los versos siguientes:
“Pero así son los signos de nuestros locos tiempos
Tiempos incomprensibles, donde lo que sucede, no es lo que acontece…”
“¡Qué se cubran el rostro los andróginos
con el velo infamante de su vergüenza atávica…!”
“Pero no se entusiasmen con ello los menguados,
Los aprovechadores de las horas aciagas
Creadas por las manos insidiosas
De los oscuros hados de lo adverso,
Que no es Agamenón el que retorna
Desandando los viejos caminos de la Historia,
Sino probablemente Polifemo…”.
La remembranza expuesta tiene pertinencia en razón de que hoy, con la irrupción de la Antigua Orden y la bandera de Friusa, podríamos estar asistiendo al nacimiento de otro minotauro, nada poético por cierto; bien lejos de la heroicidad y la mitología.
En República Dominicana, el Asterión que asoma prefigura más que la venganza del dios Poseidón. Sus proyecciones invitan a reflexionar sobre entidades que, en nombre de la fe cristiana, anegaron en sangre toda la Edad Media.
No hay que cranear nada, ni perderse en disquisiciones bizantinas: cual que sea el alcance del monstruo que asoma, el gobierno es el responsable, y no solo el actual. Durante décadas se le ha estado gritando que hay una consistente avalancha de indocumentados por la frontera; que no es verdad que allí haya nada sellado; que hay complicidades e involucramientos activos de autoridades y elementos militares; que el nuevo e inconcluso muro, con sus numerosas puertas, es un negocio lucrativo, etc..
Y es que la ilegalidad migratoria desborda con creces las instancias sustentadas por la Ley General de Migración, No. 285-04. La Dirección General de Migración, el Instituto Nacional de Migración…, lucen irrelevantes ante el empuje del lavalás (avalancha, inundación) procedente del país vecino.
La respuesta oficial siempre se ha movido en el ámbito de la chapuza: redadas contra parturientas en hospitales; apresamiento de dominicanos prietos “que parecen haitianos”, y haitianos correctamente documentados, etc., y sigue flemático el juego de la candelita, a la otra esquinita.
Claro que República Dominicana no está frente a un problema de fácil solución. ¿Cómo lo va a estar, si la pesca en río revuelto de cañeros, empresarios de la construcción, hoteleros, finqueros, … es intocable? Frente a ellos, el gobierno es experto en escurrir el bulto.
¿Alguien cree que la medida de cerrar a Haití el espacio aéreo dominicano es remedio de algo?
La dejadez e incompetencia no pueden ser más torticeras. Decenas de miles de militares, cargados con la responsabilidad, sagrada por supuesto, de defender el territorio nacional, demuestran cada día que no están en capacidad de cumplir tan ardua tarea ¡Roguemos porque al gobierno no se les ocurra recurrir al auxilio de la ONU, la OEA, o de algún país amigo!
En este caldo de cultivo asoma la criatura: Antigua Orden Dominicana, cuyo nombre remite a un pasado cargado de ignominia. Falta saber si la susodicha está presta a defender la pureza de la religión cristiana contra la penetración de los credos haitianos. En tal caso, desde su tumba, el papa Urbano II, con las manos ensangrentadas por las Cruzadas que predicó, les echará su bendición, y los eximirá de cualquier exceso.
Hasta ahora, por suerte, la prédica de los anti Friusa insisten en que, en nombre Duarte y los trinitarios, solo están en contra de los haitianos ilegales. Si no hay remediación, veremos cuando sus versos sueltos se hagan sentir….
Compartir esta nota