Hace tiempo quería contar mi experiencia como observadora en las elecciones internas de los partidos en Uruguay, que se celebraron el 30 de junio de 2024. Ha pasado casi un año desde ese momento y, luego de las elecciones generales y la segunda vuelta, donde ganó Yamandú Orsi del Frente Amplio, siento que este es el momento perfecto para compartir mi experiencia. Más ahora, que Uruguay celebró este 27 de marzo los 40 años de su regreso a la democracia.

Tuve la suerte de vivir esa experiencia gracias a la Fundación Konrad Adenauer y al Centro de Estudios para el Desarrollo. Fueron días intensos, y más aún porque venía de participar en unas actividades en Asunción. Estuvieron llenos de aprendizaje. Entendí mejor cómo funciona el sistema político uruguayo y, sobre todo, cómo la gente se toma en serio su rol ciudadano y cómo sus principales líderes muestran una madurez política que se respeta.

Cada persona con la que hablábamos tenía algo interesante que contar. Uruguay tiene una cultura política muy distinta a la de República Dominicana. Allá los partidos realmente discuten ideas, tienen propuestas concretas y, hasta cuando están en la oposición, siguen trabajando y defendiendo sus principios. No se trata solo de atacar al que está en el poder, sino de construir desde las diferencias.

Una de las cosas que más me sorprendió fue la historia de sus partidos. El Partido Nacional y el Partido Colorado fueron fundados en 1836. ¡Imagínense eso! Más de 180 años existiendo. Y el Frente Amplio, aunque más joven, fue creado en 1971. Son partidos con raíces profundas, con trayectoria y con una base que se mantiene firme, incluso cuando no están en el gobierno.

Por ejemplo, el Partido Nacional llegó al poder con un candidato propio por primera vez en 1990, con Luis Alberto Lacalle Herrera. Antes, solo lo había logrado en coaliciones. Aun cuando pierden elecciones, sus líderes y seguidores siguen en el partido. En cambio, en República Dominicana los partidos no aguantan mucho tiempo fuera del poder, y hoy vivimos un transfuguismo desbordado. Basta ver el caso del PLD: después de 16 años gobernando, perdieron las elecciones en el 2020 y muchos de sus seguidores más fieles saltaron a otro barco buscando dónde engancharse. Es como si solo quisieran estar en el gobierno, no construir un proyecto político real.

Aquí los partidos muchas veces parecen clubes de fanáticos del poder. El que está gobernando se llena de simpatizantes —como pasa ahora con el PRM—, pero el día que pierdan, probablemente se quedarán tocando solos el violín.

Otra cosa que me impresionó fue lo que ocurrió el 27 de marzo en Uruguay. Ese día, en la sede del Partido Colorado, se reunieron tres expresidentes: Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle Herrera y José Mujica, junto con el presidente actual, Yamandú Orsi. Luis Lacalle Pou también participó, pero de manera virtual. Se sentaron a hablar del pasado y del futuro de la democracia en su país. Increíble. Aquí en Dominicana eso sería impensable. Nuestros expresidentes ni se juntan, ni dialogan, y a veces hasta se burlan unos de otros en redes sociales. Mientras allá conversan con respeto, aquí parece que están en un show permanente. Hasta se relajan por cosas tan simples como una invitación a almorzar o a cenar que nunca llegó… y no creo que haya sido por tacañería, sino por falta de voluntad (o de tiempo).

En Uruguay entendieron algo que aquí todavía no: que la política no es solo ganar elecciones, sino construir país. Cabe mencionar que algo que ayudó mucho a Uruguay fue la Ley de Lemas, la cual les permitió manejar los conflictos internos dentro de los partidos políticos, ya que permitía que varios precandidatos compitieran en una misma elección sin dividir la organización. Aunque esta ley fue reformada, en su momento aportó bastante a crear una cultura política más estable y participativa. Es un tema del que quiero escribir con más detalle en otro artículo, porque incluso llegó a discutirse también en República Dominicana.

El 1 de marzo de 1985, Uruguay volvió a la democracia. Hoy, 40 años después, siguen cuidando su sistema político. Nosotros, en cambio, vivimos un momento donde mucha gente se siente desconectada de la política, donde no hay un compromiso real con los partidos, y donde el "lambonismo" está desbordado. Aquí todo se aplaude como foca, y parecer disidente es una osadía. Da la sensación de que no se puede criticar al que ostenta el poder.

El presidente Abinader estuvo recientemente en la toma de posesión de Yamandú Orsi. Si fuera por mí, crearía una mesa de trabajo entre ambos países para ver qué tiene Uruguay que lo ha hecho merecedor del apodo de la “Suiza política de América Latina”. Uruguay no es perfecto, pero su democracia funciona. Y creo, de verdad, que deberíamos aprender de ellos. Nos falta madurez política, respeto por las diferencias y un compromiso más serio con el país. No se trata de copiar todo, pero sí de inspirarnos y aprender en lo que funciona.

Danilsa Peña Medina

Abogada

Danilsa Peña Medina, licenciada en Derecho por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Un estudio superior en Estudio Crítico del Derecho por CLACSO-Argentina. Participó en varias organizaciones, sobre temas juveniles, derechos humanos, democracia y transparencia. De igual manera, he participado en varios eventos internacionales, como observadora internacional en elecciones, actividades de fundaciones internacionales y de la Organización de Estados Americanos.

Ver más