Estoy consciente de la molestia que este tema provocará en las personas pesimistas, fatalistas y amantes de las teorías conspirativas, sin embargo, el culto a esas tendencias (que hay que reconocer que está muy de moda), nos afecta más de lo que parece.

Un pesimista no es una mala persona, simplemente tiende a enfocarse en el sufrimiento, por lo que vive una existencia triste, ya que teme que si se permite hacerse ilusiones podría tener decepciones.

Escoge sufrir de forma preventiva, asegurando sufrir hoy, con la esperanza de no hacerlo mañana.  Lamentablemente en todos los “hoy” podría encontrar pretextos para sufrir.

El cerebro funciona con el impulso de nuestras emociones y prioriza las amenazas, porque lo considera como una medida de protección. Cuando entiendes que la vida no vale la pena y que no hay esperanzas, nuestros procesos cerebrales se muestran deprimidos, limitados y con bloqueos de algunas funciones que son necesarias.

Un atleta no hará su máximo esfuerzo si está convencido de que de todas formas perderá.

Martin Seligman demostró con investigaciones experimentales que a los animales que se les somete a circunstancias adversas, en las que sus acciones no logran mejorar su situación, se tornan pasivos y depresivos. Nosotros también tenemos un límite y cuando repetimos constantemente que no hay esperanzas, que todo está perdido, podemos llegar a bloquearnos.

Si de tanto repetir mensajes negativos, llegamos a creer que nada que hagamos cambiará nuestro destino, simplemente nos paralizamos. La esperanza es nuestro último baluarte frente a las crisis y su ausencia incluso nos enferma.

No soy religioso en el sentido tradicional, pero tengo fe y creo que la existencia no es un error ni un sinsentido, sin embargo, el enfoque que estoy dando aquí es racional, no sustentado en mi fe

Elijo creer que todo puede mejorar y no me considero ingenuo, porque puedo ver los elementos negativos que otros señalan, pero no me impide captar una luz al final del túnel.

Algunos creyentes predican que nada puede hacerse, que somos inútiles y que sólo resta esperar que el mismo Dios venga a resolver nuestros problemas. No está mal que esperes, pero asegúrate de que cuándo él llegue te encuentre esforzándote y no esperándolo sentado.

La esperanza también puede ser un acto racional. Podemos y debemos alimentar la esperanza, lo cual no consiste en un optimismo a ultranza en el cual entremos en una fase de negación de realidades. Una cosa es reconocer la crisis y otra es rendirse.

Gracias a los medios actuales de comunicación, nos enteramos de más cosas que antes. Si del otro lado del mundo se produce una masacre, podemos saberlo y horrorizarnos, anteriormente no nos habríamos enterado.

Hay una serie de factores que nos dicen con claridad que vivimos en un mundo mejor, mencionaré solamente algunos: tenemos mayor esperanza de vida, menor mortalidad infantil, menos hambre, y educación cada vez más accesible.

Debe fomentarse condiciones igualitarias para ambos sexos en la sociedad, pero hay que reconocer la gran cantidad de cambios favorables para la mujer de hoy en día, las diferencias son muy evidentes. En verdad, hay una serie de derechos que hoy son una realidad y hace años eran impensables.

El nivel de violencia ha disminuido enormemente. Al guerrero medieval le resultaba más fácil atravesar a su enemigo con su espada mientras lo miraba a los ojos. Si los que lanzan misiles en las guerras actuales tuvieran la opción de ver de cerca las escenas de dolor que provocan, les sería muy difícil dormir por las noches.

Estamos cambiando para bien, y el psicólogo canadiense Steven Pinker, en su obra: Los ángeles que llevamos dentro, hace una brillante exposición en la que demuestra que los hombres actuales son mucho menos violentos que los de hace algunos siglos. Cualquier análisis crítico de la historia lo demuestra con notoria claridad.

Cuando estudias los métodos de torturas que utilizaron las iglesias cristianas hace algunos siglos y observas los que asisten actualmente a tu templo, puedes reconocer que el cambio es notorio.

Todavía aparecen noticias que nos escandalizan y que nos hacen pensar que los humanos hemos evolucionado muy poco, sin embargo, hoy estamos mejor informados y lamentablemente las malas noticias viajan más rápido y más lejos, por lo que, aunque sean menos, nos enteramos más.

El progreso no es realmente lineal y más bien tiende a presentarse de forma cíclica, pero los ciclos se muestran cada vez mejores.

Si decides aceptar que mañana será mejor, tal vez no cambie el mundo, pero ciertamente, si cambias tú, ya el mundo en cierta forma empezó a cambiar.

Nuestras vidas podrían estar amenazadas, pero siempre hemos tenido claro que nuestra existencia terrenal es temporal, y necesitamos que antes que termine seamos capaces de disfrutarla. Y algunos interpretamos a la muerte como un cambio, no como un final.

Referencias:

Seligman, M. E. P. (1975). Helplessness: On depression, development, and death. W. H. Freeman.

Pinker, S. (2011). The better angels of our nature: Why violence has declined. Viking.

Luis Ortiz Hadad

Médico

El Dr. Luis Ortiz Hadad, nació en Santo Domingo, República Dominicana, el 17 de septiembre del 1958. Graduado de Doctor en Medicina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en el 1983. Realizó estudios de Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España (1984-1986). Se especializó como Cirujano General en el Hospital Central de las FFAA-Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en (1988-1992). Haciendo la subespecialidad en Cirugía Colorrectal en Marsella, Francia (2000-2001). Es Psicólogo Clínico egresado con los máximos honores de la Universidad de la Tercera Edad (2022). Ha sido profesor de Anatomía y Cirugía por más de 20 años en la Universidad Iberoamericana (UNIBE). Es miembro del Comité Editor de la Revista Archivos Médicos Dominicanos (AMED). Presidente de la Sociedad Dominicana de Coloproctología (2011-2013), Presidente de la Academia Dominicana de la Medicina (2016-2018) y Presidente de la Sociedad Dominicana de Médicos Escritores (2023-2025). Es miembro del Colegio Médico Dominicano, del Colegio Dominicano de Cirujanos, de la Sociedad Dominicana de Coloproctología, Asociación Latinoamericana de Coloproctología, Academia Dominicana de Medicina, del Colegio Dominicano de Psicólogos (CODOPSI) y de la Sociedad Dominicana de Médicos Escritores. Presta sus servicios como Cirujano Coloproctólogo y Coordinador del Internado de Cirugía de la Universidad Iberoamericana (UNIBE) en el Centro de Diagnóstico Medicina Avanzada y Telemedicina (CEDIMAT), donde también desarrolla desde el 2022 un programa de Meditación Terapéutica Racional Emotiva. Es escritor de artículos semanales en el periódico acento desde el 2020 y es autor de los libros: Cincuenta Reflexiones. Breve guía para el Homo sapiens y Piensa bien, Vive mejor: Una terapia racional emotiva social. Es reconocido por sus actividades a favor de un mayor desarrollo humano como estrategia prioritaria para el mundo de hoy y enseñanzas de autoayuda basadas en las neurociencias.

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