La geopolítica contemporánea confirma una verdad advertida por Alfred Thayer Mahan, Halford Mackinder y Nicholas Spykman: quien controla los espacios estratégicos influye decisivamente sobre el equilibrio del poder mundial. En el siglo XXI, ningún punto resulta más determinante que el Estrecho de Ormuz, por donde tradicionalmente ha transitado cerca del 20 % del petróleo comercializado en el mundo y una parte esencial del gas natural licuado destinado a Asia y Europa.

La guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel ha convertido ese corredor marítimo en el principal centro de gravedad económico del planeta. Más allá de los combates, el conflicto demuestra que las guerras modernas se libran sobre las rutas energéticas, las cadenas de suministro y la estabilidad financiera internacional. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) identifica esta crisis como uno de los principales riesgos para el crecimiento económico mundial en 2026.

Una guerra regional con efectos globales

Lo que comenzó como una confrontación directa evolucionó rápidamente hacia un conflicto regional. Los enfrentamientos alcanzaron el sur del Líbano, el Mar Rojo, Irak y zonas cercanas al Canal de Suez, ampliando la inestabilidad en las principales rutas comerciales del planeta.

El elemento decisivo ha sido el Estrecho de Ormuz. Irán convirtió su control en el eje de su estrategia de disuasión, mientras Estados Unidos reforzó su presencia naval para garantizar la libertad de navegación. El resultado es una disputa cuyo verdadero objetivo ya no es únicamente el territorio, sino el control del flujo energético mundial.

La economía como campo de batalla

Las consecuencias económicas fueron inmediatas. El precio del petróleo superó los cien dólares por barril durante los momentos de mayor tensión, mientras la incertidumbre afectó los mercados internacionales y elevó las presiones inflacionarias.

La Agencia Internacional de Energía (IEA) advierte que la normalización del comercio petrolero dependerá de la estabilidad en Ormuz. Paralelamente, la OCDE proyecta una desaceleración del crecimiento mundial como consecuencia del encarecimiento de la energía y de las interrupciones logísticas.

La crisis también afecta fertilizantes, aluminio, helio y otros insumos estratégicos, elevando los costos de producción agrícola e industrial y aumentando la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro.

La nueva estrategia iraní

Uno de los cambios más significativos del conflicto es la evolución de la doctrina estratégica iraní. Si durante décadas el programa nuclear ocupó el centro de la confrontación, hoy el control de los corredores energéticos aparece como el principal instrumento de presión.

La lógica estratégica es evidente: quien controla Ormuz posee capacidad para influir sobre la economía mundial. Al mismo tiempo, Irán continúa fortaleciendo sus capacidades convencionales mediante el desarrollo de misiles, drones y sistemas de guiado cada vez más sofisticados.

¿Puede escalar hacia una guerra mundial?

Aunque la confrontación mantiene un elevado potencial de escalada, todavía existen importantes factores de contención. La participación creciente de actores regionales, la amenaza sobre Ormuz y el Canal de Suez y el respaldo indirecto de Rusia y China aumentan la complejidad del escenario.

Sin embargo, el enorme costo económico que supondría una guerra abierta entre grandes potencias continúa favoreciendo los esfuerzos diplomáticos para evitar una confrontación global.

El escenario más probable sigue siendo una guerra regional prolongada, caracterizada por ataques indirectos, sabotajes, presión económica e incertidumbre energética.

La República Dominicana ante el nuevo escenario

Para la República Dominicana, esta crisis trasciende el ámbito internacional. La elevada dependencia de combustibles importados hace que cualquier incremento sostenido del petróleo impacte directamente el transporte, la generación eléctrica, la industria, el turismo y el costo de vida.

Ante esta realidad, el país debe fortalecer sus reservas estratégicas de combustibles, acelerar la diversificación de su matriz energética, consolidar mecanismos de seguridad alimentaria y desarrollar una capacidad permanente de inteligencia económica y geopolítica que permita anticipar los efectos de futuras crisis internacionales.

La principal lección estratégica

El estudio comparado de los grandes conflictos demuestra que las grandes guerras rara vez se deciden únicamente por la fuerza militar. Como hemos sostenido en anteriores artículos, la victoria depende también de la capacidad de un Estado para sostener su economía, preservar su cohesión nacional y mantener su esfuerzo estratégico durante conflictos prolongados. Desde la Primera Guerra Mundial hasta la actualidad, la fortaleza económica ha sido tan decisiva como la superioridad en el campo de batalla.

La guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel vuelve a confirmar esa realidad. Hoy, el control de las rutas marítimas, la energía, las cadenas logísticas y los mercados internacionales constituye un componente inseparable del poder estratégico.

Para países como la República Dominicana, la seguridad nacional ya no depende exclusivamente de sus capacidades militares, sino también de su resiliencia económica, su seguridad energética y su capacidad para anticipar los efectos de un sistema internacional cada vez más inestable. En un mundo profundamente interdependiente, los conflictos lejanos pueden traducirse rápidamente en inflación, desaceleración económica y pérdida del bienestar social. Esa es la principal advertencia estratégica que deja esta guerra.

Justo Del Orbe

General retirado

Justo Del Orbe Piña, Gral. ®, Ejercito de República Dominicana, Historiador Militar. Geo-politólogo.

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