Este nuevo año 2026 inicia con muy malos augurios de reconocidos economistas que establecen que en el mismo tendremos la mayor presión fiscal y financiera en muchos años, debido sobre todo al aumento significativo de los servicios de la deuda externa, la cual nos obligará a desembolsar en este 2026 US$5,847 destinado a los intereses y amortizaciones más RD$231,000 millones dirigido a lo mismo, pero para la deuda interna; se incluye en esta cantidad los aportes para el Plan de recapitalización del Banco Central.
Estamos, pues, ante un déficit fiscal histórico, que pondrá en estrés las ya débiles finanzas públicas. No duden, estimados lectores que, con estos niveles de pago a las deudas públicas, se mantendrá el aumento de la tasa cambiaria, lo que nos hace suponer que llegaremos prontamente a más de 70 pesos por un dólar.
Con un Presupuesto General aprobado para este año de RD$1.84 billones, pero con solo RD$1.43 millones de ingresos nacionales, se establece con claridad, y así se hizo conocer en la aprobación del Presupuesto, que se tomaría prestado el faltante para este año, que será de RD$400,000 mil millones de pesos, solo para cubrir el déficit fiscal, tamaño dolor de cabeza para las autoridades de turno, que deben estar conscientes de que, por múltiples razones, esto sería muchísimo más, todo porque las necesidades son muchas y los ingresos insuficientes.
Pero la Administración Abinader no solo tiene esa particular situación, sino que se suman muchas más, como el alto nivel de incredibilidad a su gestión por los permanentes escándalos de corrupción de connotados funcionarios públicos y la comprobada vinculación de dirigentes oficialistas con el lavado y el narcotráfico.
En medio de tanta adversidad, nos encontramos en medio de una imparable desafección política de la ciudadanía, que nos debe preocupar a toda la dirigencia política, tanto al oficialismo como a la oposición, porque de la simultaneidad de este tipo de crisis es que nacen los outsiders, esos supuestos mesías que se venden como redentores nacionales.
Con sinceridad y sin interés político alguno, pero preocupado por el curso de los muy posibles acontecimientos, es que invito al amigo presidente Luis Abinader a que, con voluntad patriótica y no con interés partidarista, tome las decisiones condignas necesarias que, de acuerdo a la realidad actual, entendemos que se ameritan. Veamos:
1- El presidente tiene que desoír a todo aquel que le aconseje realizar una reforma fiscal, no hay condiciones alguna para ello y huelgan mencionar las múltiples razones existentes, reconocemos sin embargo que la presión tributaria en RD es baja y que hay que aumentar los ingresos para hacerle frente a las grandes necesidades nacionales, pero el Gobierno debe hacer todos los esfuerzos y tomar todas las medidas necesarias para cobrar los impuestos actuales, bien pudiese reducir la evasión del ITBIS a través de la colocación de cajas registradoras (terminales puntos de ventas) conectadas directamente con la DGII en todos los comercios que así demandaré y que califiquen por los montos de ventas que realizan y que se le haga pagar los impuestos sobre la renta a los que más beneficios obtienen. Sé que es tarea difícil, pero el ejecutivo no tiene otra opción, porque los de abajo y la golpeada clase media no pueden seguir cargando de manera exclusiva con la responsabilidad de estabilizar las finanzas públicas; sería atentatorio a la estabilidad democrática y la paz intentar imponer una reforma fiscal que tendría a todo el pueblo en contra.
2- Los escandalosos casos de corrupción los de las gestiones anteriores como los de ahora obligan a repensar al jefe del Estado de sí se puede mantener la discrecionalidad del manejo antojadizo de los fondos públicos a la única y sola decisión de los ministros y directores que están al frente de de las instituciones públicas. La realidad es que la propensión al hurto y a la búsqueda de la riqueza fácil ha hecho presa en nosotros los dominicanos, lo que muestra una proclividad ya probada de que no sabemos manejar con honestidad los recursos públicos, por lo cual no hay otra opción que quitarle a los funcionarios el manejo discrecional de los fondos públicos y que sea una comisión la que tome la decisión de las erogaciones o desembolsos. Así disminuiría los sorpresivos escándalos de corrupción. Penosamente, la amoralidad de la mayoría de los ciudadanos obliga a un presidente serio y comprometido a no creer en nadie, solo creer en los mecanismos de prevención para evitar actos tan bochornosos como lo que seguimos viendo. Bien pudieran ser parte de este tipo de comisiónes connotados miembros de la comunidad de Fé, el Colegio de Contadores o auditores independientes etc, cosa que dificultaría que se realicen esos robos vulgares a las arcas públicas.
3- El presidente Abinader llega al poder sobre una aureola de honestidad que ofrecía cambios sustanciales, pero sus funcionarios están hundiendo la credibilidad del Gobierno frente a la ciudadanía. Le recomiendo al amigo presidente que relance al Gobierno sin mayor dilación, que busque en todos los partidos políticos, en la sociedad, a los hombres y mujeres que le ayudarían a bien gobernar y a recuperar la confianza perdida, porque si el ejecutivo insiste en seguir gobernando con la mayoría del actual equipo de funcionarios no me cabe la menor duda que los escándalos seguirán y que la decepción nacional se fortalecerá, que la indignación se convertirá en ira y los resultados de todo eso combinado sería catastrófico para el Gobierno, el PRM y todo el sistema democrático.
4- El Gobierno tiene que tomar acciones concretas para colaborar con la clase media, creando incentivos para mejorar su calidad de vida y disminuirle el estrés constante con que viven nuestros nacionales que se ubican en esa clase, que es una cantidad significativa de nuestros ciudadanos. Además, no se puede seguir combatiendo a los que están en pobreza extrema con miserias; las ayudas sociales de RD 1,600 pesos mensuales son una burla a la dignidad, porque eso apenas alcanza hoy para la comida de uno o dos días de una familia en condiciones de vulnerabilidad.
El Gobierno debe crear prontamente una red de abastecimiento de productos de consumo masivo subsidiados, pero focalizado, solo para ciudadanos que están identificados en el mapa de pobreza. Más que darle una ayuda en metálico irrisoria como la que actualmente se les da, mayor impacto sería otorgarles una cantidad de comida asignada y otra subsidiada; esto sí es reconocer la realidad diaria del dominicano de “a pies”, que ya no está comiendo “las tres calientes” porque en los barrios populares solo se está comiendo dos y hasta una vez al día.
La gobernabilidad la deben construir día a día los altos funcionarios y en especial el Presidente de la República; en manos de ellos está la buena marcha de la administración pública, de la concordia nacional y la paz ciudadana. Está obligado Luis Abinader a actuar y con premura, ahora que todavía le queda cierto nivel de crédito, de confianza en su seriedad y buena intención; de no hacerlo, de creer que esta es una simple tormenta que pasará sin mayores perturbaciones, lo único que conseguirá el oficialismo es encontrarse cualquier día en los próximos meses con todo un país reclamando en las calles: “¡Que se vayan ya!”.
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