Gustave Courbet (1819-1877), considerado el principal representante del realismo, fue el gran rebelde del siglo XIX. Además de desafiar las normas académicas y reflejar la vida cotidiana de manera directa y objetiva, sin más mínimo amago de embellecerla, solía expresar sus convicciones tanto artísticas, como ideológicas de una forma provocadora y narcisista. “Por mucho que griten, por mucho que pataleen, por mucho que me insulten, nunca conseguirán que deje de ser yo mismo o que pinte como ellos creen. Sus palabras se las lleva el viento, mis lienzos se quedan”, – es un ejemplo de su respuesta a las numerosas críticas de su estilo, que por cierto, él denominaba “courbetismo” y afirmaba ser su “único y mejor representante”. De hecho, utilizaba deliberadamente la provocación como una estrategia de autopromoción: “Si dejo de escandalizar, dejo de existir. El escándalo es mi forma de comunicación con el público”.

Sin embargo, su obra más escandalosa no tiene firma. ¿Por qué este amante de polémicas la dejó sin declarar su autoría?

Se trata de El Origen del mundo, cuadro pintado por encargo en 1866. Provocó y sigue provocando mucha controversia. Incluso hoy en día es un poco complicado poder verlo, al menos que uno vaya al Museo de Orsay en París. Los resultados de búsqueda en Internet prácticamente no presentan imágenes de la obra en sí.

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Courbet, El Origen del mundo, 1866.By Gustave Courbet – Unknown source, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=912705

En toda la historia del arte no existe otra obra cuyo único protagonista sea el sexo femenino, presentado, además, de una manera tan explícita, sin justificaciones mitológicas, ni alegóricas. El fotógrafo y escritor francés Maxime du Camp, contemporáneo de Courbet, la describió de la siguiente manera: “Una mujer de tamaño natural, vista de frente, pintada con una maestría asombrosa y que representa la máxima expresión del realismo. Pero por algún descuido inconcebible, el artesano que había copiado a su modelo del natural había omitido representar los pies, las piernas, el vientre, las caderas, el estómago, las manos, los brazos, los hombros, el cuello y la cabeza”. Solo la maestría formal con la que está ejecutado el cuadro salva la imagen de ser tildada de pornográfica.

El origen del mundo fue encargado por Khalil-Bey (1831-1879), un diplomático turco dueño de una colección de arte erótico, radicado en París en la década de 1860. Lo tenía escondido tras una cortina de terciopelo para mostrarlo a sus invitados selectos.  Años después tuvo que vender su “amuleto de la suerte”, como lo llamaba, para poder pagar deudas de juego.

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4. Khalil-Bey, el primer propietario del Origen del mundo, 1860s Di Abdullah Freres – https://archives.saltresearch.org/bitstream/123456789/203843/1/ABAHPRT019.jpg, Publico dominio, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=105371683

El cuadro, subastado en 1868, fue comprado por un anticuario parisino, quien lo mantuvo guardado en su tienda por muchos años, oculto tras un paisaje invernal. La siguiente mención del lienzo data de 1918, reapareció en la Galería Bernheim-Jeune en París sin que se sepa cómo, ni cuándo llegó a parar allí. Fue adquirido por el barón húngaro Ferenc Hatvany quien lo llevó a Budapest, donde permaneció hasta que los nazis lo expropiaron durante la Segunda Guerra Mundial. Al terminar la guerra pasó a manos del ejército soviético como parte del botín. En 1946, bajo circunstancias que todavía no están claras, el barón logró recuperar la obra. Al año siguiente emigró a Francia llevándose toda su colección de arte, incluido El Origen del mundo.

Jacques Lacan, el célebre psicoanalista francés, se convirtió en su nuevo dueño en 1955.   Lo tuvo bajo llave y oculto en un doble marco debajo de un cuadro del pintor surrealista André Masson. Conservó en secreto su condición de propietario y solo lo mostraba a sus amigos más cercanos para estudiar su reacción.

Tras la muerte de Lacan en 1981, la pintura pasó a ser propiedad del Estado como parte de los impuestos sucesorios y permaneció embalada en un almacén hasta 1995, cuando fue transferida al Museo de Orsay. Después de una larga travesía El Origen del mundo vio finalmente la luz pública, aunque los visitantes no suelen detener demasiado su mirada en el cuadro y aunque es la única obra de la colección del museo que cuenta con un guardia de seguridad permanente, tanto para protegerlo del vandalismo como para vigilar las reacciones del público.

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3. G. Courbet, El origen del mundo, 1866 By Gustave Courbet – No machine-readable source provided. Own work assumed (based on copyright claims)., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=103556

La identidad de la modelo de la pintura se diluyó en el tiempo y se convirtió en un misterio. Hasta hace poco se especulaba que podría ser Joanna Hiffernan, amante y modelo de varias obras de Courbet, entre ellas El Sueño, otro desnudo bastante provocativo encargado también por Khalil-Bey. Pero había una discordancia: ella era pelirroja, y el vello púbico representado en El Origen del mundo es negro.

En 2018 el historiador Claude Schopp descubrió, hurgando en cartas inéditas entre Alexandre Dumas hijo y George Sand, que se trata de Constance Quéniaux, una bailarina de la Ópera de París y amante del primer dueño de la pintura. Con los años, ella llegó a cierta estabilidad económica y se convirtió en una filántropa. Al morir, entre sus pertenencias se encontraba un cuadro de Courbet: un jarrón con flores, entre ellas camelias blancas, la flor de las cortesanas, y una planta con corola roja, profunda y abierta.

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P. E. Pesmé, Retrato de Constance Quéniaux, 1861 Par Nadar — http://www.leparisien.fr/culture-loisirs/la-fin-du-mystere-152-ans-apres- voici-le-visage-de-la-femme-de-l-origine-du-monde-25-09-2018-7901973.php, Domaine public, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=73054965

En cuanto a la ausencia de la firma de un artista con un ego tan grande como el de Courbet, probablemente fue para protegerse tanto él mismo, como al propietario de un cuadro con tanta carga erótica, en caso de que éste fuera incautado por las autoridades por “atentar contra la moral”. Pero a pesar de no estar firmado, la autoría de la obra nunca se ha puesto en duda. Las pinceladas pastosas, la línea de los trazos, la gama de colores y la documentación histórica son vestigios irrefutables de que fue pintado por Courbet. En 2013 un coleccionista privado afirmó haber comprado un retrato de rostro femenino que encajaba perfectamente con el corte del cuerpo desnudo. Partiendo de allí surgió la teoría de que la obra originalmente era de cuerpo completo y fue cortada en dos para asegurar su venta clandestina. El Museo de Orsay rechazó categóricamente esta suposición, afirmando que el lienzo conserva su composición y sus dimensiones originales.

El Origen del mundo pintado hace 160 años por un artista que declaraba “No pinto para agradar, pinto para provocar”,  sigue siendo blanco de censuras, rechazos y ataques.

Así, en 1994 la novela Adoraciones perpetuas el escritor francés Jacques Henric reproducía el escandaloso cuadro en su portada. La policía visitó varias librerías para pedir a sus dueños que retiraran el libro de sus escaparates.

En 1995, cuando la pintura llegó a presentarse por primera vez en el Museo de Orsay y la noticia fue publicada en el periódico español El Mundo junto con su foto, la redacción recibió miles de llamadas de lectores indignados.

En 2011 Facebook suspendió la cuenta de un maestro de escuela francés que publicó la imagen del cuadro en su muro. La batalla legal duró siete años, finalmente la red social llegó a un acuerdo con el demandante y tuvo que modificar su política para permitir la visualización de desnudos artísticos. En el mismo año otro usuario de Facebook fue afectado por una razón semejante: publicó la imagen del Origen del mundo junto con el enlace a un programa de televisión sobre la historia del cuadro y presentó una denuncia por “vulnerabilidad de la libertad de expresión”.

En mi experiencia personal, uno de mis estudiantes de historia del arte me contó, entre risas, que cuando intentó hacer fotocopia del Origen del mundo para su exposición sobre Courbet, el empleado a cargo se negó, alegando que su religión se lo prohibía y que él no iba a “ensuciar” su instrumento de trabajo con una aberración como esa.

En 2014 la artista luxemburguesa Deborah de Robertis presentó un performance titulado No se separa a la mujer del artista en protesta contra los abusos, la misoginia y la poca presencia femenina dentro del arte actual sentándose frente al cuadro de Courbet y abriendo las piernas desnudas para imitar la composición exacta ante las miradas atónitas del público. La idea era darle “una mirada activa” al arte del pasado y confrontar la perspectiva del espectador moderno. El personal de seguridad tuvo que tapar a la artista para alejar a los visitantes y cerrar la sala.

El incidente más reciente y más grave ocurrió en 2024, cuando la obra se encontraba en condición de préstamo para una exposición dedicada a su antiguo dueño, Jacques Lacan, en el Centro Pompidou-Metz. Dos activistas del movimiento #MeToo escribieron esta misma frase con pintura roja directamente sobre el cuadro. Por suerte, el lienzo no sufrió daño, ya que estaba protegido con un cristal blindado de seguridad.

El origen del mundo no solo es la obra maestra del realismo, sino también el testimonio de intolerancia, clandestinidad y fascinación. Lo que comenzó en 1866 como encargo privado y prohibido desafió y sigue desafiando las fronteras de lo aceptable para mostrar. Su llegada al Museo de Orsay no disminuyó su capacidad de incomodar, trasladó los debates desde salones privados del siglo XIX al espacio público y las plataformas digitales. En fin, su historia demuestra que la censura pocas veces logra borrar una obra de arte, todo lo contrario, aumenta su poder y la transforma en una muestra de la autonomía creativa y la libertad de la mirada humana.

Elena Litvinenko de Vásquez

Historiadora del arte

Elena Litvinenko es licenciada en Historia y Teoría del Arte, con grado de maestría en Bellas Artes y especialización en Pedagogía y Psicología de Educación Superior. Es egresada del Instituto Estatal de Artes de Kiev (Ucrania). Ha llegado al país en 1986 y se ha dedicado a la carrera docente, impartiendo diferentes asignaturas relacionadas con la Historia del Arte, Arquitectura, Artes Aplicadas, Diseño gráfico, Moda, Museología y Museografía en las principales universidades del país: UASD, APEC, INTEC, Universidad Católica Santo Domingo entre otras. Es autora de varios libros, artículos, folletos, cursos didácticos y programas. Ha impartido cursos especializados y diplomados en varias instituciones culturales del país y ha participado como ponente en conferencias científicas y simposios realizados en el país y el extranjero. Es miembro fundadora de la Asociación Dominicana de Historiadores del Arte ADHA y forma parte de su junta directiva.

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