Vamos a analizar los conceptos de ego y personalidad, pero antes debemos precisar que no siempre los términos tienen el mismo significado para todos.
Lo que tú entiendas por ego o personalidad no necesariamente coincide con lo que entienden los demás. El ego es un constructo funcional. La personalidad, uno descriptivo-estructural. Lo explicaremos más adelante.
En ocasiones se consideran los vocablos personalidad y ego como si fueran lo mismo. Puede haber perspectivas diferentes desde el punto de vista religioso, espiritual o popular.
Ego es una palabra proveniente del latín y significa simplemente yo. En psicoanálisis se interpreta como la instancia o constructo que concilia el ello (que representa tus instintos o impulsos primitivos) con el superyó (que representa la interiorización de reglas, conciencia moral y los valores culturales).
Podemos señalar que tenemos un nivel cognitivo que es una especie de consciencia animal o básica con la que nacemos, y, por otro lado, interiorizamos los lineamientos culturales que habrán de moldearnos, convirtiéndonos en adultos civilizados.
Podríamos interpretar al ego como la forma en que nos vemos a nosotros mismos. Reconociendo que en ocasiones coincide mucho con la realidad y en patologías mentales puede ser muy poco coherente. Por ejemplo, la persona con un “ego muy inflado” difícilmente se sentirá a gusto en la vida social, porque esperará recibir un trato de príncipe.
La personalidad se deriva de la palabra persona, su origen proviene del latín y hace alusión a las máscaras que se utilizaban en las obras teatrales para representar algún personaje o incluso a emociones.
La personalidad sería el conjunto de rasgos y patrones sensoriales, emocionales, de actitudes y conductas que te representan. Son esos elementos que, aparte de tu aspecto físico, permiten reconocerte o diferenciarte entre muchas personas.
El temperamento y el carácter son parte de la personalidad. El temperamento representa características con las que se nace, son elementos inherentes a nuestra base neurobiológica y genética. El carácter en cambio es algo adquirido y moldeable, dependiendo de las circunstancias de vida de cada cual.
A nivel social, cuando una persona muestra seguridad, autoestima, confianza, libertad de expresión y originalidad, se suele decir que tiene mucha personalidad.
En la actualidad se tiende a hacer referencias muy negativas en relación con el ego y ciertamente, puede ser responsable de la mayoría de los conflictos sociales.
Vivimos momentos de aislamiento en medio de la multitud, en que todos andan muy presionados en sus asuntos y usualmente no tienen tiempo para estar ocupándose de ti y de tus vivencias. Esto puede darte la sensación de que no existes, lo que podría moverte a enviar selfis constantemente y estar informando sobre tu vida y todo lo que haces, con la esperanza de que los demás se interesen.
Nuestra falta de conexión con nuestro mundo interior contribuye a dificultar el reconocernos a nosotros mismos, estar conscientes y presentes en nuestras propias vidas, poder valorarnos y dialogar con nuestras emociones. Esto provoca un vacío existencial que podría impulsarnos a inflar nuestro ego intentando compensar nuestras carencias.
El ego es el centro organizador interno de nuestras experiencias. Es donde interpretamos quiénes somos, cómo somos y qué queremos. Es la imagen mental que tenemos de nosotros mismos.
La personalidad, en cambio, somos nosotros hacia fuera, nuestra proyección, lo que mostramos. Por ende, el conjunto de rasgos y patrones con los que nos manifestamos al mundo y cómo nos reconocen.
Un ego inadecuado podría contribuir a una vida miserable, en aislamiento, con expectativas irracionales, problemas graves de adaptación y dificultades para el desarrollo personal. Pero nunca podemos eliminar nuestro ego, simplemente requerimos llevarlo a niveles más realistas y sanos.
El ego construye el “yo soy”, que siempre es necesario. El problema puede aparecer con lo que agregues o siga después (por ejemplo, “yo soy el mejor” o “soy el peor”). El ego tiende a desregularse en depresión, ansiedad, psicosis, traumas, etc. Puede ser muy voluble. En cambio, la personalidad es bastante estable.
La personalidad es la imagen que muestras a los demás, el ego es cómo tú interpretas a esa imagen, impulsa a comprometerse con lo que crees percibir y condiciona la respuesta que esperas de los demás ante esa imagen.
A manera de ejemplo, analizaremos a Nelson Mandela.
Su ego (función interna) era integrado y fuerte, lo que le permitió resistir la tremenda presión externa, con regulación emocional, manteniendo su coherencia y autocontrol.
Su personalidad se manifestó mediante un liderazgo conciliador, paciencia, diplomacia, empatía, comunicación serena y autoridad moral.
Como vemos, su ego explica su fortaleza interior y su personalidad sería la forma cómo se presentó al mundo.
Referencias:
Echeburúa, E., & Amor, P. J. (2019). La personalidad: Concepto, evaluación y trastornos. Pirámide.
Laplanche, J., & Pontalis, J.-B. (2004). Diccionario de psicoanálisis. Paidós.
LeDoux, J. (2002). Synaptic self: How our brains become who we are. Viking.
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