Muchas somos las mujeres que hemos llorado amargamente la muerte de Marjane Satrapi como si hubiéramos perdido a un ser querido, como si un pedazo del corazón se nos hubiera caído como pétalos de jazmín derramados al vacío. Marjane fue una mujer vital, auténtica y brillante que con su ejemplo de vida tocó las mentes y corazones de muchas personas y cuya inmensidad vivirá por generaciones venideras.

No recuerdo la primera vez que vi Persépolis; ciertamente fue hace muchos años, pero sí recuerdo que el viaje de Marjane causó en mí una vivísima impresión. No solo por la narración en sí, sino por la manera en que eligió contar su historia. Esta cantidad de realidades tan humanas, tan complejas, tan dolorosas, tan hermosas y tan duras, desdobladas de una manera simple, llana y, a la vez, llena de riqueza, como el abrazo de una amiga muy querida que nos acoge en sus palabras, pero también en sus silencios.

Con el tiempo he visitado este trabajo de mil maneras, miles de veces: he leído los artículos académicos, los no académicos; desde la religión, el desarrollo y la geopolítica; he trabajado esta obra en charlas y en mis clases junto con los cómics, pero es al saber de la muerte de Marjane cuando siento por primera vez el impulso de escribir sobre ella y el porqué de su trascendencia.

Aunque mi amor por esta historia no ha mermado nunca, no fue hasta hace unos días que volví a ver esta película desde 2022, cuando di clases por última vez. Esta admisión, aunque extraña para algunas personas, responde a una actitud de resistencia más que a un aburrimiento, cosa que en principio yo misma no me explicaba hasta que decido, hace unos días, con algo de miedo, volver a ver la película para escribir este artículo.

Veo una historia muy marcada por la pérdida y por los sueños y esperanzas que se reinventan una, dos, tres, infinitas veces, a pesar de la incertidumbre y la adversidad. Muchos son los escenarios en los que se ejemplifica esta dinámica, pero quisiera concentrarme en el período de su adolescencia, en el que ella viaja a Viena para escapar de la guerra y estudiar. «Europa se abre ante ti», fueron las palabras de su madre al partir.

Creo que muchas personas pueden identificarse con historias difíciles de migración y, aunque muchas de esas historias pueden no ubicarse en contextos bélicos, definitivamente se ubican en una situación de algún tipo de conflicto: conflicto económico, educativo, familiar o de adaptación. Volver a ver esta película despertó esta memoria para mí. Hace muchos años viajé a Salamanca con una beca para cursar una maestría, un poco con deseos de aprender y mucho con deseo de huir de realidades que me eran complicadas. Luego de unos meses me deprimí profundamente, me corté el pelo yo misma por la desesperación, pasaron cosas. La aventura duraría un año, pero dejaría una cicatriz que sigo observando al día de hoy.

Creo que, al igual que Marjane, muchos de nosotros migramos esperando dejar algo definitivamente atrás. Apostamos por un éxito que a veces sentimos que debemos alcanzar para probarnos algo y, a la vez, como una deuda con los que dejamos atrás. Al partir hay un dolor que ahora ocupa el lugar que nos perteneció en el espacio que habitamos, del que nos hacemos demasiado conscientes al tiempo que nuestro propio dolor se incrementa. Irse es siempre un proceso colectivo con muchas implicaciones y regresar puede sentirse como la evidencia irrefutable de una muerte que provocamos, pero de la que no tenemos un cadáver, algo que rompimos porque no pudimos sostener, que no era solo de una, era también de toda persona que sufrió nuestra partida.

Fueron muchas las vicisitudes de Marjane en su proceso, pero creo que para todos la migración nos hace agresivamente la pregunta de quiénes realmente somos, a la par que exige el desapego de esa identidad que creíamos tener.

Mary Oliver escribió: «Una vez, alguien que amé mucho me dio una caja llena de sombras; me tomó años entender que esto era también un regalo». A veces la vida nos ama regalándonos caminos floridos con mares y sol; otras veces nos da cajas oscuras para que nos amemos a nosotras mismas. La pregunta, entonces, sería: ¿qué hacemos con eso que nos da?

Creo que esta es una pregunta que Marjane ha respondido, no solo por cómo resolvió esta etapa, sino con su ejemplo de vida. Una mujer valiente, fuerte, con una voz que se negó a callar, dueña de una autenticidad que no negoció con la pérdida, el miedo, el dolor, la persecución política y que sostuvo ferozmente hasta en la manera en que partió de este plano existencial. Produjo un cuerpo de trabajo que cosechará todavía más frutos y que es el testimonio de una vida que vivió siempre mirando hacia adelante. Su obra nos acompañará no solo por su genialidad y sensibilidad, también porque su vida y su trabajo albergan el amoroso susurro de una abuela que una vez nos dijo a todas al oído: mantente digna e íntegra contigo misma.

À bientôt, chère Marjane

به زودی می‌بینمت، مرجان عزیزم

Ada Yadira Lora Comprés

Psicóloga

Licda. en Psicóloga General por la PUCMM-STI, máster en Antropología Aplicada, Salud y Desarrollo Comunitario, USAL con experiencia de trabajo en museos, proyectos artísticos, culturales, educación superior, media ambiente, entre otro. Coordinadora la plataforma de acompañamiento creativo De la Isla Creadora.

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