Las desapariciones en el país son parte de la cotidianidad. En el año 2025 se reportaron mil doscientos sesenta y ocho personas desaparecidas (https://acento.com.do/actualidad/de-los-mas-de-mil-desaparecidos-en-rd-una-cuarta-parte-sigue-ilocalizable-9604432.html)
Todavía unas 232 personas siguen sin localizar. En el reporte que presenta Acento (14 enero 2026) se muestra que la mayoría de las personas desaparecidas se concentran en las provincias de Santiago y Santo Domingo y tienen un perfil de género similar, igual cantidad de hombres y mujeres, la mayoría son personas adultas, seguidas por adolescentes y adultos mayores. En el caso de la niñez se registran unos 50 casos entre uno y once años de edad.
Los registros presentan que cada día desaparecen de 3-4 personas casi todas desde Santo Domingo o Santiago. Estas desapariciones deben ser analizadas como un problema social no individual ni casos aislados. Las explicaciones sobre las causas de las desapariciones no aparecen con suficiente claridad, mientras tanto se genera un clima de inseguridad que se suma a la de los delitos comunes.
La ausencia de conocimiento e información sobre las causas de las desapariciones y del perfil de las personas que desaparecen a mujeres, hombres, personas adultas mayores y la niñez provoca rumores, distorsiones e interpretaciones que acrecientan el miedo a transitar libremente por las calles y a mantener una interacción social fluida desde los distintos ámbitos.
En el caso de la niñez y adolescencia, que es una población vulnerable, si bien no representa la mayoría (según los registros), sin embargo, es la que más se destaca en las redes sociales, provoca desasosiego y desconfianza en las familias con respecto a su movilidad y participación en actividades educativas y recreativas.
Grandes preguntas se hace la ciudadanía al comentar las desapariciones ¿Qué hay detrás de las desapariciones? ¿Quiénes son los responsables? ¿A dónde están llevando a esas personas tanto adultas como niñez y adolescencia? ¿Por qué después de uno, dos y hasta tres años de supuesta “búsqueda” judicial no aparecen?
La ausencia de respuestas de las autoridades competentes favorece a la especulación y rumor con temas como posibles redes de trata y tráfico de personas adultas, población infantil y adolescente, funcionamiento de redes de tráfico de órganos o de venta de infantes para adopción.
Todas estas estructuras del crimen organizado existen en el país y han sido analizadas en varios estudios (Vargas/INM 2019) (OBMICA 2018) (Participación Ciudadana 2022), la captación desde desapariciones o secuestros no aparece con mucha frecuencia sino desde relaciones primarias, de confianza y plataformas digitales, cuentan con estructuras impunes presentes en distintas zonas con objetivos de explotación sexual, laboral y matrimonio servil
Hay que destacar que la trata de personas es una de las acciones criminales más invisibles y normalizada en el ámbito nacional e internacional, siendo igualmente el tercer negocio más lucrativo (UNODC 2021). Las víctimas sufren la privación de libertad, engaño, explotación en todas sus formas (sexual, laboral, servidumbre domestica) así como violencia física, verbal y psicológica.
Vivimos en un país de origen, tránsito y destino de trata. Las víctimas de trata registradas (Tejeda, Vargas y Martine/Participación Ciudadana 2022) son fundamentalmente dominicanas (68%), 16% venezolanas, 8% colombianas, 4% haitianas e igual porcentaje norteamericanas. La mayoría de ellas adolescentes y niñas menores de 18 años (53 %).
Tenemos una significativa población infantil y adolescente dominicana y migrante expuesta diariamente a los riesgos de trata con fines de explotación sexual, pornografía infantil, servidumbre doméstica, matrimonio forzoso (vendidas por familias a hombres adultos extranjeros o dominicanos) mendicidad forzada, explotación laboral y tráfico de órganos.
Muchas mujeres y adolescentes dominicanas son víctimas de trata en Centroamérica, Europa, Suramérica, Asia y Medio Oriente, y son captadas por estas redes a través de relaciones familiares, primarias o por plataformas digitales a las que acceden buscando empleo o fuentes de ingresos. (Vargas, Núñez, Beltrán 2022)
Las desapariciones de personas tanto adultas como niñez-adolescentes requieren de respuestas y explicaciones claras por las autoridades competentes y un uso efectivo de los sistemas de geolocalización con inteligencia artificial existentes.
Las informaciones que se han obtenido de las personas que se han logrado rescatar y de los responsables de sus desapariciones deben utilizarse como casos explicativos (respetando el anonimato y confidencialidad para no entorpecer procesos judiciales) para la población en general. Indicar perfiles, condiciones y destinos de las personas desaparecidas favorecería a disminuir la incertidumbre existente que afecta la tranquilidad y armonía social.
El tratamiento de las desapariciones como un fenómeno de inseguridad ciudadana es necesario, otorgándole prioridad a sus respuestas e investigaciones y diseñando un plan de prevención de la mismas.
Se necesita establecer cuales son los mecanismos con los que puede contar la niñez, adolescencia y personas adultas para protegerse y prevenir el secuestro y su desaparición. Esto debe ser parte de los planes y programas de seguridad ciudadana que deben abrirse a una mirada más amplia sobre los fenómenos que generan inseguridad y que están afectando a la población desde los distintos ámbitos.
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