Los diversos grupos étnicos originales caribeños y de manera particular los habitantes de la isla, conocida como Haití por diversos investigadores, Quisqueya para otros y la Hispaniola para los españoles, los cuales conformaron una diversidad cultural, donde era privilegiada la Taína con su historia, ritos, creencias, leyendas, música, cantos, canciones y bailes particulares, únicos, que le daban su identidad, aunque no fuera reconocida así por los españoles.
Para ellos, los “civilizados”, tenían el prejuicio de esa era una cultura inferior y expresión del salvajismo que había que eliminar para convertirlos en personas civilizadas, incluso cristianos, porque estaban atrapados en la nebulosa de dioses paganos, falsos, que había que eliminar.
Periódicamente las tribus eran convocadas para la realización de una ceremonia pública, colectiva por el cacique junto con el sacerdote y los habitantes de más edad, donde se cantaba, se danzaba, con una música sobresaliente y se narraban la historia, las hazañas de la tribu y los grandes acontecimientos de la cotidianidad, recibiendo esta actividad el nombre de Areíto, expresión trascendente de oralidad.
Esto era esencial para el conocimiento de la cultura de estos pueblos que años después, el Congreso de Estados Unidos creó una Comisión de especialista para el estudio de los areítos. En ese proceso, William Sinise recogió un supuesto areíto de Antonio Bachiller Morales:
“Aya Bomba ya Bombay
Aya Bomba ya Bombay”
Fernando Ortiz, el más grande investigador de las esencias cubanas de su identidad proclamó:
“Que ni es Areíto ni Nunca fue celebrado en Cuba”.
Fernando Ortiz, afirmó que realmente esto era un grito rebelde de los negros cimarrones haitianos:
“Aya Bomba ya Bombay
Aya Bomba ya Bombay”
Para él, “AIgi aya Bombé” como era su nombre, quería decir: “Primero morir que ser esclavo”.
Alejo Carpertier, uno de los intelectuales más grande de Cuba, famosos etnomusicolo, afirmó que “ni la escala, ni el ritmo, ni el carácter melódico corresponden a un Areíto”. El mismo, “está escrito en nuestro sistema, con ocho compas de copla, con cuatro estribillos, no tiene el menor aire Taíno, ¡Es un fraude!
Esta visión haitiana de los negros cimarrones fue percibida como auténtico por diversos investigadores a nivel internacional. A pesar de los acertados racionamientos de Fernando Ortiz y de Alejo Carpetier, fueron ignorados por algunos escritores dominicanos. Enrique de Marchena lo reprodujo textualmente y José Joaquín Pérez va más lejos afirmando que “esto es un grito de guerra de los Ciguayos”. Pedro Frnaco Bidó lo reprodujo en Santiago durante la primera intervención norteamericas al país (1916-24) diciendo que es un grito Caribe”.
Esto desató realmente una profunda discusión entre los músicos, intelectuales e investigadores sobre la música dominicana, algunos diferenciando que una cosa es la discusión sobre la presencia del Areíto en la cultura Taina y otra cosa es su presencia hoy en el país, ya que para muchos no hubo formas de su transmisión, incluso de la música Taina hoy en día.
A pesar de que la escritora Flerida de Nolasco afirmara categóricamente que “No hay huellas de indigenismo en la música de tipo folklorico en dominicana”, porque no hubo transmisión directa por lo temprano con que eliminaron a la población indígena, tampoco fue posible la transmisión con las esclavizados ni con los españoles, no existiendo las posibilidades tecnológicas para recoger y guardar ninguna música indígena. Incluso, aunque han aparecido instrumentos musicales indígenas como la maraca (Marcio Velz Magiolo), flautas, etc., no ha habido formas de reproducir el sonido original en la música de hoy, porque un instrumento musical puede tener una indefinida cantidad de sonidos.
Aun así, hay algunos artistas y músicos, que persisten en la existencia hoy de la música indígena, como Irca Mateo, Dulúc y en vida Luis Días, lo mismo que la vez que el Ballet Folklorico Nacional pretendió presentar un Areito. En homenaje, el inmenso de Juan Luis Guerra, con sus innovaciones y creatividades tuvo la tentación de grabar un Areito como homenaje, sin lograr musicalmente reproducir el original. ¡Ese era realmente el Areito de Juan Luis!
No quisiera pensar que la Orquesta Sinfónica Nacional quiera reproducir un Areito Taíno. Mi tranquilidad la tengo porque la orquesta está bajo la dirección del maestro José Antonio Molina, músico extraordinario con conciencia de identidad, pero si es posible hacerle un homenaje al Areito y en él a nuestros habitantes originales. Y hablando de homenajes, creemos que, en el arte, la literatura y la cultura popular, fue trascendente la sección en una época bautizada de “AREÍTO” en el suplemento del periódico Listín Diario.
El supuesto Areíto de “Agi Aya Bomé”, “Ante muerto que esclavo”, grito de rebeldía de cimarrones haitianos en la lucha de su libertad, es válido para todos los revolucionarios amante de su libertad, por eso fue válido cuando Clementina Smeter en el periódico La Información de Santiago de los Caballeros, en 1965, durante la segunda intervención norteamericana les dijo a los norteamericanos: “Igi Aya Bombé”: ¡PRIMERO MUERTO QUE ESCLAVO!

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