Un grito se escucha al unísono en toda la cordillera septentrional, es el grito del P. Nino Ramos, de un grupo de sacerdotes de la arquidiócesis de Santiago y de la Diócesis de Puerto Plata y de los campesinos del lugar, quienes dicen NO, al proyecto de exploración y pretendida explotación minera de este territorio.
El runrún de la noticia del accionar por parte del gobierno, para investigar sobre las riquezas mineras que hay en la cordillera, dando permiso a compañías para el caso, ha llegado a todos los lugares de la región cibaeña y más, junto a la negativa y luego afirmación de que solo se está explorando. Pero ¡Digame usted! ¿Si se está explorando como se dice? Es con la perspectiva y hasta cierta certeza de encontrar ¿Y entonces, si se encuentra? Imagino que no se quedarán a contemplar lo encontrado e irse. Además, la inversión que se hace para dicha exploración no es por amor al arte, sino con la intención de mediante la explotación de lo encontrado recuperar lo invertido en lo explorado.
Se dice que las riquezas mineras que hay en nuestras cordilleras alcanzarían para la solución de todos nuestros problemas sociales y económicos como nación, pero ¡A qué precio! Recuerdo aquella canción que oí a Alberto Cortés y a Facundo Cabral, ambos ya fallecidos, en un concierto donde decían: ´´Juan comodoro, buscando agua encontró Petróleo, y se murió de sed´´. Nada valen las susodichas riquezas si van en detrimento y la aniquilación de nuestras riquezas naturales, de los manantiales y ríos que nacen en esos alrededores, que son los que nos proporcionan el preciado liquido que llega hasta nosotros, además de que esos lugares son el pulmón de la nación y los que han hecho su vida allí, los campesinos en sana convivencia con la naturaleza, merecen respeto. Pero también, debido a la vocación corrupta de los que administran los viene del Estado, nada garantiza que los recursos o bienes obtenido llegarán a todos.
No debemos olvidar que somos un país pequeño territorialmente, que cualquier alteración en un lado se siente en el todo, no somos como esos grandes pueblos, donde una explotación minera puede darse a grandes distancias sin afectar a las poblaciones más próxima, aquí todo está cerca y cualquier movimiento de la índole que sea nos afecta. Cualquier daño ecológico, no solo afectaría en lo inmediato, sino que su daño puede prolongarse hasta por generaciones. No olvidemos aquello de la ecología integral de la cual el papa Francisco nos habla en "Laudato si"
Es cierto que se necesitan los recursos minerales, pero no por ello debemos sacrificar a un pueblo y sus potencialidades que auspician la vida. Hoy día si bien es cierto, no tenemos los medios para realizar una explotación minera de la cordillera septentrional y de otros lugares del país, sin que se afecten nuestros ríos y la vida en todas sus manifestaciones que allí se dan, por lo tanto: hay que apoyar a los que valientemente están denunciando estas acciones contrarias al bienestar de la población que allí reside y de la nación. Pedimos y exigimos al gobierno de turno que en lo inmediato se detenga la tal exploración minera de la cordillera septentrional. Tal vez dentro de un tiempo largo y prudente, pudiesen explotarse estos recursos mineros, porque habrá seguridad ecológica y medioambiental, pero tal vez cuando eso llegue ya no necesitaremos tal explotación.
Compartir esta nota