Dicen que los imperios no eligen cuando caen, pero hay momentos en que sus líderes y su gente parecen empeñados en prestar una ayudita a la historia. Tal es lo que vemos ahora en la actuación de los Estados Unidos, pero también en la forma como los ciudadanos han elegido al menos a los dos últimos presidentes, personas que en ningún caso parecían las indicadas para dirigir un imperio mundial. Con ello están acelerando el mundo al que tanto teme la paranoia estadounidense.

Dijo un antiguo filósofo griego que los seres humanos siempre se han visto atraídos por la luz. Por eso es tan importante el dominio de la narrativa para el sostenimiento de los imperios, una narrativa que los muestra como expresión del lado bueno del mundo. Por eso todos los imperios tratan de imponer su modo de vida, su cultura, su religión, su idioma, como expresión de la civilización benigna, frente al salvajismo de otras.

Además de transmitir la imagen de representar la luz frente a la oscuridad, todo imperio debe ser capaz de mostrar eficiencia, que es su accionar lo que conduce al progreso y al bienestar, en lo cual, Estados Unidos fue muy exitoso, al igual que su predecesor el Imperio Británico mientras fueron la economía más grande del mundo sin lugar a cuestionamientos.

Es la parte fundamental de lo que se llama el poder blando, en adición al control de otros pueblos mediante el uso de la fuerza. El poder militar sirve para conquistar o infundir temor, pero el poder blando es vital para el sostenimiento, porque genera admiración y respeto.

Estados Unidos ha venido haciendo un sorprendente esfuerzo por convencer a los otros países, particularmente a los del Sur Global, de que la relación con China es tóxica, de que constituye un peligro para sus pueblos. Pero, como decía un antiguo político sudamericano “la única verdad es la realidad”. Cómo creerles cuando todos los hechos y los datos están diciendo lo contrario.

Un ejemplo muy ilustrativo se puede apreciar en el siguiente gráfico, que ilustra cómo les ha ido a los pobres del mundo. El mismo fue elaborado a partir de datos tomados del World Inequality Database https://wid.world/data/#countrytimeseries/anninc_p0p100_z;agdpro_p0p100_z;aptinc_p0p50_z/CN/1800/2024/eu/k/p/yearly/.

En este caso se tomó la mitad más pobres de la población (los cinco primeros deciles) en los Estados Unidos y en China, y a continuación, de los países que se encuentran en la zona de influencia más cercana de los Estados Unidos y de China, es decir, los países de América Latina versus los no ricos de Asia Oriental, para abarcar aquellos como Indonesia, Tailandia, Malasia, Camboya, Laos, Vietnam, Filipinas, etc.

Declive imperial y poder blando en estos años que vivimos en peligro (1)

Obsérvese qué diferencia entre la forma como ha evolucionado el nivel de vida de los pobres de ambos lados del mundo desde 1980 hacia acá. No significa que los de allá vivan mejor que en los Estados Unidos, sino que han ido superando sus carencias aceleradamente. Ni tampoco es porque hayan distribuido mejor sus ingresos: el capitalismo se ha hecho más dispar en todas partes. Pero hay extremos: la economía de los EUA ha crecido, pero ese crecimiento en nada ha llegado a los pobres, se ha concentrado en un grupo muy reducido de superricos; la productividad media está por sus máximos históricos, pero la participación de los trabajadores en la distribución funcional del ingreso está en un mínimo histórico. Con el agravante de que la IA amenaza con que esto se agudice.

Y muy parecido ocurre con el efecto que irradian hacia los países que están en la zona de influencia más cercana de Estados Unidos y China. Tal parece que por allá, siglos después de Adam Smith, también hicieron una investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones y la conclusión a que llegaron fue que no importa que el gato sea negro o blanco mientras cace ratones, de modo que una economía con amplia libertad de mercado, pero manteniendo propiedad estatal de algunos sectores estratégicos, al tiempo que fuertes regulaciones al resto, se prestaba más a la idiosincrasia de esos pueblos basada en la filosofía confuciana del valor del trabajo, la disciplina, el respeto a las jerarquías y la meritocracia.

Fuera de ello, el legado más importante del mundo occidental es la democracia y la libertad individual; ahora bien, el propio relato tiene mucho de propaganda; se nos ha vendido la idea de la dicotomía democracia vs. dictadura, y eso es lo que conocemos en América Latina. Sin embargo, el liberalismo es un sistema de convivencia, como puede haber otros, pues en la historia (y en el mundo actual) ha habido múltiples formas de organización del Estado y la sociedad.

Isidoro Santana

Economista

Ex Ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, agosto 2016-2019. Economista. Investigador y consultor económico en políticas macroeconómicas. Numerosos estudios sobre pobreza, distribución del ingreso y políticas de educación, salud y seguridad social. Miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro fundador y ex Coordinador General del movimiento cívico Participación Ciudadana y ex representante ante la organización Transparencia Internacional.

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