Querido hermano:
Bueno…me resulta algo extraño comunicarme contigo por esta vía tan impersonal pero, siendo algo pretensioso, aspiro que otras personas distintas a ti lean esta aventura epistolar no obstante abordar un tema que, reconozco, resulta poco carismático para la generalidad de las personas por lo cual, si diez lo leen, me siento pago.
Y ahí voy.
Ambos venimos de un hogar privilegiado, dirigidos por una madre de otro mundo y un padre insustituible, más dos hermanos que nos superan en todo, sugiriendo casi una broma pesada que la genética nos hiciera al colocar todo su oficio en el desarrollo embrionario de Gloryn y Frantuchy, dejándonos a nosotros “para un después” que nunca llegó y, en esa espera, el parto nos sorprendió “a medio hacer”. Quizás, pienso a veces, es por ello que nuestros hermanos transitan sus vidas por caminos más cuerdos, manejando los riesgos y obstáculos naturales de la vida como si todo estuviera presupuestado; no agregan voluntariamente más cargas a las que naturalmente les tocó y, aquellas inesperadas que por abordaje se les suman, las aparejan bien en el lomo continuando equilibradamente sus caminos.
En cambio, tú en mucho mayor medida, y yo en menor proporción, decidimos al parecer andar por la otra calzada de la calle y, aún en ese estrecho sendero, dividimos en cierta forma nuestras direcciones, a veces por decisión propia, otras veces por las circunstancias que nos rodean en determinadas épocas de nuestras vidas.
Siempre has sido más decidido que yo, más estructurado y mil veces más responsable en todas las áreas de la vida, de hecho, esto ha sido parte de las razones de aquella división denominativa que nos hicieran y que yo suscribo plenamente, la de Pancho el Bueno, tú, y Pancho el Malo…yo.
De ella sólo lamento que las razones usadas para el resultado de esa ecuación, fueron muy limitadas no tomando en cuenta las más valiosas cualidades que sustentan tu no deseado galardón, las cuales nunca serán bien conocidas por las personas que no te son muy cercanas pues siempre te ocuparás de mantenerla en la mayor intimidad posible.
En tiempos recientes, refrendando otros ya pasados, has sido objeto de múltiples comentarios negativos, señalamientos desviados o historias mal contadas, tendentes a restarte los méritos que has alcanzado; en realidad ello no me preocupa pues, al igual que los intentos anteriores, en poco tiempo éstos arrebatos quedarán en el mismo vagón del olvido sin necesidad de respuestas o defensas que les enfrenten…y es que las historias se construyen andando y, como escribiera el poeta, al andar siempre se dejan las huellas sobre el camino transitado y son éstas las que testifican, de forma indeleble, sobre la reciedumbre en la conducta de cada ser humano; la verdad no está sujeta a discusiones ni debates particulares, siempre se impone desplazando todo aquello que pretenda ocupar su lugar.
Créeme, todos sabemos que eres honesto hasta la necedad, que eres comprometido con lo que crees sin procurar nada a cambio aún cuando ello te cueste mucho, como en efecto ha sucedido…no es menester ser un perito para identificar tus valores ya plasmados en la historia; ¿Cuántas veces has desechado ocupar posiciones de enorme importancia que sanamente te han ofrecido? ¿Cuántos casos has rechazado por la naturaleza del tema a debatir?…El número no me lo sé pero mis incomodidades por tu extremismo en el cuidado de tu conducta, me recuerdan que han sido muchos los eventos señalados cuyas decisiones tuyas no comparto.
Recuerdo, a propósito de estos avatares, un caso del Banco del Progreso llevado hace varias décadas atrás, donde un funcionario amigo de dicha institución asumió que sería gran noticia para ti el saber que él había conversado con un juez para ayudar en el caso…si mal no recuerdo era el de aquella famosa tienda de La Vega; a lo cual respondiste entregando el caso de inmediato, haciendo ver rabiosamente que esa no era tu práctica y que bajo ninguna circunstancias trabajarías en un expediente maleado.
Este no es el único caso que pudiera dictar a modo de ejemplo, de hecho, con el tiempo el evento señalado ha quedado como juego de niños frente a otros donde has tenido que enfrentar los favores que muchas veces te ofrecen poniendo, con tu actitud, hasta en riesgo a tus clientes a quienes avisas siempre del tema por si quieren seguir el caso con otra oficina…yo he estado en varios de esos eventos y nadie tiene que contármelos.
No puedo olvidar lo difícil que fue llevar el caso del Banco del Progreso contra mi querido amigo Pedro Castillo (quien probablemente asuma como hipocresía la amistad que confieso y buenas razones tendría pues le fallé al no visitarlo en la cárcel), un día discutí contigo si era conveniente o no que lo asumieras y me diste la más certera de las justificaciones: Por mi cercanía con Pedro y demás ejecutivos, la única forma de demostrar que nada tengo que ver con cualquier hecho ilegal que se hubiere cometido, es dando el frente y exponiendo el pecho en el lugar donde más fácil sería atacarme, el tribunal…sé a lo que me expongo y por saberlo es que lo hago, defiendo a mis clientes hasta la muerte y en este caso quiero que si alguien tiene algo que decir sobre mí, lo haga en el escenario donde podré responder de inmediato sin temor a ello pues respeto mi trabajo.
Y así fue…con pulcritud extrema te colocaste en medio de la balacera saliendo limpio de todo aquello que te quisieron adjudicar por otros lados.
El caso de Corporán también lo conocí, pero ese no vale la pena siquiera tratarlo pues todo quedó tan aclarado en su momento que, los que pretendan generar historietas sobre el mismo, se quebrarán ante las verdades hace años establecidas que debiera sugerirles no usar ese caso como munición para atacarte.
Por ello el uso de fórmulas genéricas como “tráfico de influencia”, usar dos caras frente a la justicia para conseguir favores para tus clientes, mencionar el caso de Mimilo como ejemplo de ello entre otros que por igual nunca siquiera has tocado; constituyen parte del discurso de pseudos comunicadores que en su tarea de mentir y desinformar ni siquiera se ocupan de leer los casos que abordan, les basta colocar un título y frases estridentes que cubran la exigua o ninguna credibilidad que poseen.
Me extraña haber escuchado a un distinguido abogado en esas tareas, Manny Sierra, cuyas destrezas profesionales son bien conocidas tanto como la buena conducta que conozco de su ejercicio, lo cual contrasta con algunos comentarios que ha externado y que asumo son producto de alguna desinformación o por otra causa que no restan dignidad a su ejercicio.
Igualmente, sin compartir sus pronunciamientos, comprendo al buen amigo Jean Alan y su abogado, mi hermano Carlos Balcácer, cuyos decires se dan como una reacción natural de cualquier ser humano sometido a tantos tribunales como comunicadores existan, cuyos incesantes ataques disfrazados de opinión pública, además de injustos e ilegales, constituyen una forma de tortura oblicua que se extiende a sus familiares a quienes destruyen sin piedad, protegidos por la recia impunidad que generan los medios de comunicación aliados en esta organizada tarea de destrucción…pero este será un tema de un escrito ulterior y no quiero desviarme del centro del que ahora me ocupa.
Más creo que de estos escarceos, algo positivo se puede extraer partiendo, precisamente, del contenido de las acusaciones que graciosamente te endosan, y a ello paso a explicarme.
Si para hablar mal de tu persona, restarte credibilidad y descalificarte, a esta altura del Siglo XXI, en este año 2026, sus promotores tienen que tomar el bus del pasado y yendo bien atrás en el tiempo, desempolvar temas que incluso ya fueron bien aclarados en aquellas épocas…entonces es que no tienen nada que adjudicarte, la exploración desarrollada sobre tu vida no generaba dividendos en la última década, por lo cual fue preciso ir más allá en el tiempo donde tampoco obtuvieron lo que buscaban y ello por la sencilla razón de que no existía ni existe el material que procuraban.
En un país donde se puede acusar a cualquiera de haber participado en la muerte de Kennedy mientras negociaba, al mismo tiempo, la anexión de la República a España, tiene un significado importante el resultado del examen de tu vida, cuyos tenues “hallazgos” cacareados en algunos medios, equivalen a una certificación de buena conducta histórica forjada por los mismos que te atacan.
Te confieso que si fuera yo el objeto de los ataques, les bastaría revisar el día de ayer y tendrían material suficiente para desatar la yihad en mi contra y con fundamento…no hay que inventar que trafico influencias en ningún lugar, ni que llevo casos contradictorios con lo que predico ni que participo en conflictos en forma espectral, de manera que mi presencia y las influencias que agito no sean descubiertas en el marco del negocio del caso…conmigo no tendrían que inventar, material tendrían de sobra para enviarme al patíbulo “a los fines de lugar”.
Pancho, no lo necesitabas, no lo aspiras tampoco, pero la diafanidad de tu conducta ha sido refrendada por los mismos que te atacan, la naturaleza de sus argumentos y los resultados de su viaje al pasado para explorar tu vida y capturar sus defectos atestan por tu reciedumbre.
Todos estamos orgullosos de ti aunque muchas veces, yo, no comparta criterios de fondo que profesas.
Más no puedo finalizar este mensaje sin comunicarte, resumidamente, mi postura respecto de los incesantes comentarios que desde algunos medios se hacen respecto de los procesos judiciales mal titulados “Lucha contra la corrupción”.
En esta materia tienes que reflexionar pues, con el fanatismo que a veces nubla tu entendimiento, te sumas a un grupo heterogéneo donde cohabitan personas cuyos ánimos responden a factores distintos, pero donde el común denominador reside en el uso abusivo, ilegal y muchas veces hipócrita, de los medios de comunicación para destruir a las personas que previamente condenan, negándoles la parte de la Constitución que los protege de tales abusos, generando presiones que expresamente obstaculizarán que alguna sentencia pueda ser dictada libremente por los jueces, conminados todos a obedecer lo ya decidido en otros despachos so pena de ser vejados y hasta eliminados del Poder Judicial, tema este que abordaré con ejemplos vivos en un próximo artículo.
Querido hermano, desde pequeño te aferrabas a ideas o conceptos en forma casi delirante, defendiéndolos hasta con los puños si fuera necesario muchas veces, sin detenerte a pensar que tan acertados eran los principios que sustentaban aquello que tan fuertemente sujetabas.
Tu fanatismo llega a extremos que niega tu verdadera naturaleza, y te lo puedo demostrar en una simple frase: Si tú fueras el juez de los casos de corrupción llevados a mansalva en nuestros tribunales, muchos de esos procesos hubieran sido anulados en menos de 48 horas por violentar los derechos de los imputados, no hubieras podido negar tu integridad y propiciarías una justicia rápida y sin importarte los comentarios que los tribunales mediáticos hicieran sobre tu persona…eso sería así y tú mejor que nadie lo sabes.
Pero la sinceridad y el espíritu de justicia no abunda en el grupo de los jueces mediáticos, olvídate un momento de la libertad de prensa en la forma en que la entiendes, piensa sólo en si realmente se logra justicia cuando los medios subsumen a los jueces, invalidando su imparcialidad al inocularle el temor de decidir en sentido contrario a lo que ya el poder mediático falló.
Insisto, no es mi tema en este artículo sino que lo abordaré con todos los detalles en otro ulterior, pero ahora me dirijo a ti, cuyo espíritu conozco…¿En verdad crees que se ayuda a la justicia, la verdadera, sometiendo a sus actores a la infalible presión que los medios colocan sobre sus hombros?…la diferencia fundamental entre el ejercicio de la libertad de prensa y lo que aquí eufemísticamente se le llama de la misma forma, es que la noticia judicial informa sobre un proceso legal y sus características, mientras que la opinión pública acentuada como juzgadora, no informa sino que transmite su propia valoración respecto de un caso no juzgado, emitiendo valiéndose de las prerrogativas de la prensa verdaderas condenas antes de que un juez decida el caso, destruyendo con ello la justicia como virtud para colocar en su lugar la condena como un fin en sí mismo…esto es absolutamente ilegal e injusto, basta con examinar lo que se hace actualmente para comprender, sin necesidad de estar alfabetizado, lo que se ejecuta desde los medios de comunicación y el retroceso que ha sufrido la justicia dominicana bajo este imperial sistema de opinión pública (¿?).
Pancho, no pretendo que abandones tu afán sobre el funcionamiento de la justicia, pero debes separarte de aquellos que usan el mismo argumento para destruir a los demás y, claro está, la justicia misma.
Conozco tu sentir al respecto, admiro tu rectitud pero esta cualidad, si no es bien empleada, tuerce el camino hacia la verdad, la equidad y el respeto de los derechos de los demás quienes no son ni menos ni más que nosotros.
Con el aprecio que sabes te profeso;
Pancho El Malo
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