En una reciente cita médica y presumo que en atención a los tiempos actuales, el médico disgregó un poco del análisis médico y me invitó a compartir del tema de los truhanes contemporáneos. Ya por el significado del sustantivo su impacto e historia.
El facultativo procuraba compartir una definición de la palabra truhán. Y antes de acceder a su diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que vi en su estantillo bibliotecario en su consultorio, ya el amigo se adelantaba y me leía la definición de la palabra que había tecleado en internet.
Me dijo que según la Real Academia Española (RAE), define truhán a una persona sinvergüenza que vive de engaños o a alguien que divierte con bufonadas. Igual se refiere a un bribón, estafador, pícaro o un bufón/payaso. Dicho de una persona: sinvergüenza, que vive de engaños y estafas, bribón, tunante, pícaro.
Y tras su lectura en voz alta me preguntó: «¿Rubén, con esta definición es imposible que podamos identificar algún truhán en estos tiempos?». Y, claro, me sorprendió la pregunta.
Tras suspiros procuré hacer acopio de algunos conocimientos históricos literarios en un intento de que por el camino de la historia esta nos permitiera llegar a la respuesta.
Por ahí mencioné dos viejos y conocidos pícaros, Chanfalla y La Chirinos, clásicos de El retablo de las maravillas de Cervantes, mi amado Lázaro de Tormes, don Pablos, La Celestina, Guzmán de Alfarache, Arlecchino y Scapin, hasta llegar a algunos personajes de la picaresca actual, empresarios y políticos muy bien conocidos, en un intento de dilucidar quién ha sido el mayor truhán que pueda ser superado por alguien de nuestros tiempos.
Pero había leído de Víctor Lustig (1890-1947): conocido como «el hombre que vendió la Torre Eiffel hasta dos veces». Fue un estafador austrohúngaro maestro del engaño, capaz de convencer a comerciantes de chatarra para comprar el monumento parisino y de estafar al mismísimo Al Capone.
Igual Frank Abagnale Jr. (1948-): su vida inspiró la película Atrápame si puedes. Antes de cumplir 19 años, ya había cobrado millones en cheques falsos haciéndose pasar por piloto de Pan Am, médico y abogado, demostrando una audacia asombrosa para el engaño.
Igual los llamamientos de gobiernos con alertas a estafas por internet en fechorías de sujetos que viven cerca de nuestros vecindarios o en países lejanos.
Pero cuando hablé de políticos actuales me tembló la voz, temí que la lista fuera demasiado extensa. De uno de ellos multitudes marcharon en protesta en ciudades del mundo pocos días antes de mi visita médica.
Y de truhanes puertorriqueños el tema ya podría sonar enciclopédico. Cada país podría tener su larga lista; muy apesadumbradamente concluimos ambos, luego de que me asegurara mis buenos niveles de azúcar, colesterol bueno y malo, y presión arterial normal.
Compartir esta nota