Con las siguientes palabras, que la periodista dominicana Ana Mitila Lora recoge en su libro Memoria del siglo, el poeta nacional doctor Pedro Mir a menudo relataba:
"Cuando uno está viviendo las cosas, no las percibe. Vi nacer el automóvil, el avión y el internet. Soy un testigo del siglo XX. Vi dos grandes guerras. Después empezó la Guerra Fría; los rusos se convirtieron en enemigos de la humanidad y a los pobres comunistas había que eliminarlos como cucarachas, según el imperialismo yanqui.
El socialismo se convirtió en una especie de cristianismo donde el martirio jugó su papel. Millones de seres, en todas las épocas, se sacrifican por ideas que después resultan equivocadas. Y la vida mostró que las cosas no eran tan sonrientes, cuando los de allá empezaron a cometer disparates".
Estas frases formaron parte quizás de una de sus últimas entrevistas, en enero de 1999. Su prolongada y grave dolencia pulmonar, causada por su condición de fumador, que le exigía inhalar oxígeno y toser con frecuencia, posiblemente lo libró de detallarle a la acuciosa periodista Lora cuáles eran esos "disparates" cometidos por los países socialistas, incluido Cuba. Por ejemplo, no compartía lo de Patria o muerte. Creía en Patria o vida. Y otros temas similares. Pero prefería callar antes que criticar la revolución cubana. En Cuba nació su padre, su esposa, madre de sus últimos tres hijos, y él vivió cerca de 15 años.
Tal vez, con su intuición y clarividencia, le habría adelantado sorprendentes acontecimientos que ocurrirían en el siglo XXI, como la decadencia de un imperio y el surgimiento de otro, además del futuro desenlace de situaciones sobre las cuales hablaba en privado.
Por primera vez en cerca de setenta años, el secretario de Estado del Gobierno norteamericano, Marco Rubio, de origen cubano, pronunció en Miami, el 20 de mayo —fecha en que fue declarada oficialmente la República de Cuba en 1902— un discurso en español en el que anunció "una nueva vía para Cuba, condicionada a que el país caribeño introduzca cambios radicales en su economía y lleve a cabo elecciones libres y multipartidistas. Lo único que se interpone en el camino hacia un mejor futuro son quienes controlan el país".
Ese mismo día, también por primera vez, Raúl Castro, el máximo líder vivo del régimen cubano, fue acusado de asesinato en Estados Unidos por ordenar derribar unas avionetas en 1996, lo que causó la muerte de ciudadanos estadounidenses; la acusación se basó en el principio de que, si se asesina a ciudadanos de ese país, los responsables serán perseguidos sin importar quiénes sean ni el cargo que ocupen. Según las autoridades estadounidenses, los crímenes de Estado no desaparecen simplemente porque pase el tiempo.
Estas medidas políticas, junto a la llegada al Caribe de un portaaviones nuclear, entre otras, han escalado la tensión entre ambas naciones.
Finalmente, según el reconocido investigador Daniel Kahneman, psicólogo y premio nobel, las distintas culturas entienden la felicidad y el martirio de manera diferente. Para muchos cubanos, influidos por el ejemplo y las ideas de José Martí y Fidel Castro, morir por su patria será dulce y decoroso, como escribió el poeta romano, aunque para nuestro poeta nacional es más dulce vivir por ella.
A esta hora, con respecto a Cuba, prefiero que siga la diplomacia y el diálogo; porque, en mi opinión, millones de cubanos prefieren morir que rendirse.
¿Y usted qué cree?
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