La popularidad del presidente Abinader y su Partido Revolucionario Moderno (PRM) luce no estar muy bien en una buena parte de los dominicanos.
No es necesario entrevistar a nadie para comprobarlo.
Solo basta con visitar un supermercado, colmado, restaurante o tiendas por departamentos para comprobarlo.
Los mismos comentarios «ácidos» se escuchan entre pasajeros del transporte público, en reuniones familiares y de amigos.
Altos precios de los comestibles, del transporte, la gasolina, el gas y la facturación del consumo de electricidad son los temas centrales de discusión colectiva.
Antes del discurso del presidente Abinader el pasado 22 de marzo, el costo de la canasta familiar era alto, al igual que el de los carburantes.
Luego de su intervención pública, todos los precios se han incrementado en una espiral alcista insostenible mientras los sueldos de los trabajadores y de la clase media siguen congelados.
Luis Abinader es un presidente que ha sabido jugársela tomando decisiones políticas y económicas que afectan severamente los bolsillos de los dominicanos.
En cada una de sus medidas, ha explicado las razones del porqué de estas, manifestando siempre su interés en preservar, como compensación, los programas sociales del gobierno creados en favor de las familias más vulnerables.
Con esas «ayudas» ha logrado neutralizar desórdenes y protestas callejeras como las que se produjeron por las mismas causas en los gobiernos de los expresidentes Joaquín Balaguer (1966-1978), Salvador Jorge Blanco (1982-1986), Hipólito Mejía (2000-2004), Leonel Fernández (1996-2000/2004-2012) y Danilo Medina (2012-2020).
Luego del anuncio de la imposición de nuevos ajustes de precios de los combustibles, el gas y la electricidad, a causa de los efectos económicos negativos de la guerra en Medio Oriente, hubo muchas expectativas sobre el tipo de reacción o protestas que podrían surgir por parte de la población en rechazo a las nuevas medidas.
Abinader y sus ministros consejeros apostaron a que los dominicanos aceptarían lo anunciado con disgusto, pero sin provocar protestas callejeras, ya que miles de ciudadanos están anestesiados recibiendo subsidios gubernamentales para enfrentar sus necesidades económicas.
El gobierno del presidente Abinader invierte miles de millones de pesos financiando más de 15 programas sociales y bonos gubernamentales para cubrir la mayor cobertura de ayuda a la población de bajos recursos.
Entre estos están: Supérate, Plan de Asistencia Social de la Presidencia, programas de vivienda y de desarrollo comunitario, bonos: Aliméntate, Aprende, Avanza, Bono Gas para el Hogar, Bono Gas para Choferes, Bono Luz, Bono de Emergencia, Supérate Mujer, Plan de Cuidados a Envejecientes, entre otros.
Los precios de los productos y servicios siguen subiendo, y las críticas antigubernamentales, por igual.
La nueva modalidad de desahogo es utilizar las redes sociales para expresar, de múltiples formas, favoritismo o descontento ante las ejecutorias del gobierno de turno, sin causar muertes ni destrucción de propiedades como antaño.
Hemos avanzado mucho como sociedad civilizada. Y eso debe preservarlo el Estado con la colaboración de los líderes políticos de la oposición.
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