Por iniciativa de Jean Pierre Boyer, hacia finales de 1824 arribaron por el Puerto de la ciudad de Puerto Plata unos 6,000 libertos norteamericanos que, bajo la promesa de tierras para cultivar, y goce de derechos políticos y civiles, se radicaron en Samaná, Sánchez, Santo Domingo y Puerto Plata. Se estima que en esta última provincia se asentaron unos 2000 exesclavos.

Esta migración, según José Augusto Puig, llegó con “aculturación inglesa continental norteamericana de siglos, variedad de tipos mulatos y condición social y ocupacional también variada.”[1] Estos, en su mayoría, profesaban la religión metodista, lo cual propició que en torno a sus iglesias se desplegara una cultura educativa con características distintivas en el contexto isleño de la época: el inglés como lengua para la enseñanza, los espacios educativos instalados en el entorno de las iglesias y una educación moral transmitida en el núcleo familiar acorde con la religión metodista.

En general, en todo el territorio dominicano, durante el periodo haitiano la educación formal fue casi olvidada y se esperaba que los padres se ocuparan de la educación de sus hijos. Según documentación manejada por Puig Ortiz, se ensayaban 3 formas de educación y capacitación para el periodo de 1824 hasta finales del 1900. Una, posiblemente la más lógica, algunos preceptores particulares en sus casas o la alfabetización de padres a hijos; otra, el encargar los hijos a un responsable que se dedicaba a enseñar algún oficio durante un periodo estimado y un tercero por medio al papel de las escuelas públicas que se hicieron más frecuentes, sobre todo, a finales del siglo XIX y principios del XX.

Sobre los primeros perceptores en Puerto Plata no se manejan muchos datos. Sobre la segunda modalidad, un ejemplo de contrato es el siguiente: “El ciudadano Silven, de profesión pescador, residente en Cafemba, entrega a su hijo Paul Silven, de 14 años, por tres años y medio al maestro Gabriel Gobié, para aprender el oficio de sastre. Gobié le dará alimentación y educación y le enseñará a leer y escribir y buenas maneras, sin ninguna otra prestación”.[2]

Sobre las primeras instituciones establecidas en la provincia, Puig Ortiz infiere que antes de 1843 no existía en Puerto Plata escuela alguna pues Charles Herard había prometido obtener del gobierno provisional la creación de una escuela que enseñara en tres idiomas: inglés, francés y español. Se le atribuye al metodista William Towler el haber gestionado la primera escuela bilingüe.

Para 1848 una de las primeras instituciones de las que se tienen registro es la escuela metodista fundada por Towler. El 12 de julio de 1851 se le concedió al señor William Towler el arrendamiento de dos medios solares para la ampliación de la escuela a su cargo. Se estima que en dicho plantel se alfabetizó el prócer Gregorio Luperón.

Según Puig Ortiz, es probable que se usara para la enseñanza del inglés el New England, cuya primera edición data de 1690 y para la enseñanza del español el clásico Mantilla.

Entre los libertos dedicados a la enseñanza entre 1848 y principios de 1900 se encuentran: William Thomen, profesor en la escuela inglesa H Dick; Donaldson, que regentaba la escuela La Diligencia; Anita Erickson, docente en la escuela preparatoria de niñas María Altagracia Jiménez; y Enrique Asthon, docente en la escuela normal de varones.

Tres grandes: el doctor Heriberto Peter, el pintor Jaime Colson y el profesor Danilo Thomas son descendientes de esta migración cosmopolita de la Puerto Plata decimonónica.

[1]Puig Ortiz, José Augusto, Emigración de libertos norteamericanos a Puerto Plata en la primera mitad del siglo XIX. P. 12.

[2] Puig, idem, p.116.

Duleidys Rodríguez Castro

Educadora y Filósofa

Duleidys Rodríguez Castro es filósofa egresada del Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó. Posee una maestría en Filosofía en el Mundo Global por la Universidad del País Vasco. Es coleccionista especializada en historia de la educación dominicana. Desde hace 17 años se desempeña como profesora de Literatura.

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